«Pedro Garfias, España en el alma y olvidado en España»  

 

Antonio Adolfo Reguera García

 

 

 

 

 

 

 

“Atrás quedaba España,  con su sombra y su miedo

Francia con su vergüenza... En  frente estaba México”[i]

(Pedro Garfias)

 

 

Queda lejos de nosotros toda intención  clasificadora.  Un poeta camina, no se clasifica.  La manía clasificatoria es una desgracia cultural de la que nunca nos arrepentiremos demasiado, y que seguirá engendrando daños y muertes mientras exista y mientras no se emprendan de verdad rutas de contraclasificación.  Pedro Garfias milita y camina, y en su caminar surgen versos.  En él la poesía es una herramienta.  Incluso duda en reconocerse poeta: “Yo no soy un poeta” [ii] llega a decir en 1951 y añade: “La vida me atrajo a otros campos.  Más que poeta he querido ser un hombre que luche por un mundo donde la poesía tenga un reino, donde exista el amor y la justicia.”  Construyó hermosos poemas, vivió una vida en la poesía.  Y aun así, dudaba en  reconocerse   poeta.  Adscribirlo a un estilo rayaría en la crueldad.  Recordemos a Gerardo Diego:

 

Conocía a Díaz Canedo, a Cansinos Assens y a Ramón Gómez de la Serna...  Yo sabía que se llevaban mal y lo pude notar.  Les llevé un poema, Azar, a los tres.  Díaz Canedo me dijo: está bien; es un poema futurista.  Cansinos Assens, a quien también pareció bien, me dijo que era ultraísta, y por fin Ramón, que se trataba de un poema creacionista...  El poema era el mismo. [iii]

 

Al respecto de su calidad de poeta nos diría Pedro Garfias: “si acaso tuve un momento, un soplo, un destino”. [iv]  Pero la poesía lo abrazaría en una parte de su camino y los azares de la vida lo hicieron juglar del exilio republicano español en México.  Si alguna vez los hilos relacionales de España y México se habían debilitado, este transtierro brutal los fortalecería para siempre.  España y México de igual a igual.  Fue trovador indiscutible del exilio español en la cultura mexicana.

 

Era un poeta de verdad, capaz de decir —no estoy: hoy no me siento poeta.  Pero capaz también de volver a tomar la palabra, de comenzar a hablar cuando se vio en la obligación, en el deber de hacerlo.  “En la poética de Garfias, el arte está en función de la vida con todos sus enigmas, claroscuros y no al revés”  [v]

 

En un mundo donde el arte es simplemente aquello que se vende como arte, casi ignoramos que este concepto  pueda  entenderse de otra manera, que existe  un arte al margen del arte oficial, hoy simplemente comercial; porque cuando los gobiernos dejan de gobernar, no hay más poder que el económico.

 

Pedro Garfias  subsistiría  ignorado en la España que cantaba a León Felipe, a Antonio Machado, a Federico García Lorca, a Miguel Hernández o a Rafael Alberti. Es posible que la  fuerza de su Asturias lo marginara aún más en ese  olvido inexplicable. .  La izquierda se agarraba a nombres, musicaba poetas...  y olvidaba a Pedro Garfias.  La calidad de este poema, Asturias –su fuerza, su vigor, su plasticidad– envuelven, llevan, arrastran...  y el autor nada importa...  ¡tal es la fuerza de la canción!

 

En nuestro acercamiento a la figura de Pedro Garfias hemos percibido la cercanía a una poesía motivadora que nos costaría trabajo encuadrar en una actualidad de músicos que han olvidado la palabra; en un mundo donde el verso tiene una realidad más personal, más íntima, lejos de las reuniones donde se disfrutan en  grupo  lecturas de poesía.  Todos los biógrafos destacan la maestría   declamatoria de Pedro Garfias, capaz de mover auditorios, y Víctor Manuel San José Sánchez, en su canto Asturias, se ha integrado en lo más profundo del poeta hasta hacer que esta canción ocupe la categoría de himno en el sentir de muchas personas.

 

Cuando leemos Amuleto, una novela de Roberto Bolaño[vi], llega a nosotros  un Pedro Garfias  que está en la calle, que está vivo: un autor del que todo el mundo sabe...  Como en la península Ibérica se percibe a un Lorca o a un Alberti, un Antonio Machado o un Miguel Hernández.  Estos poetas, que se estudiaban en las escuelas de la España franquista, eran musicados por los cantautores de los años sesenta y setenta.  Pedro Garfias, escondido tras su Asturias, oculta su alta calidad de poeta del pueblo que puso su pluma al servicio de la causa republicana española.  Escribe desde México, y su obra no llega a la izquierda española afincada en la península.

 

Su radical negativa a publicar en la España de Franco, le haría –si cabe– más desconocido, y da idea de la claridad de sus ideas y de su difícil venta.  Desinteresado por los cauces comerciales, es un hombre entregado a su obra.  Una obra militante a cuyo servicio pone su alma de poeta.

 

En la obra de Bolaño antes aludida se nos dibuja, de igual manera, un peculiar panorama de la poesía mexicana.  Ésta, desde el punto de vista de la protagonista –Auxilio Lacouture–, aparece unida a la vida nocturna, al cantar penas en “los bares y cafeterías del centro del DF, en donde se reúnen los viejos periodistas fracasados y los exiliados españoles; gente muy simpática, pero no precisamente esa clase de personas que yo recomendaría para que frecuentara un niño sensible”.[vii] La misma protagonista dice, refiriéndose a Lilian, un personaje femenino al que implica en amores con el Che: “era poeta y la vida nocturna la llamaba y así no había quien pudiera trabajar regularmente”.[viii]

 

Nuestro poeta va a resentirse de esta misma dolencia.  Barrera Gómez[ix] recoge el siguiente relato de la esposa de Garfias, referido a la vida que hacían en el Madrid de los años treinta:

 

Él era un bohemio, un poeta que vivía en las nubes.  (...) hacíamos una vida de bohemia.  Nos levantábamos a las 4 de la tarde, nos íbamos al Club Andaluz de la Calle San Jerónimo y estábamos allí hasta las 4 ó 5 de la mañana, de ahí íbamos a villa Rosa en la Plaza de Santa Ana o a la Granja del Henar: ahí jugaban al tresillo.

 

Este mismo espíritu se traslada al México de su transtierro y pone continuas trabas a un trabajo regular en la Universidad de Nuevo León.  Es un hombre de la noche, del canto que surge del alma, como el flamenco, o la asturianada, que  mueren al ser envasados o cuando se fuerzan en actuaciones de oficio, pero que vibran briosos cuando, espontáneos, fluyen en la plaza, en el chigre o en la cantina...  De igual modo surge en Pedro Garfias  la poesía necesaria. Se considera  poeta accidental  porque el verso está en el aire. Al plasmarlo en el papel simplemente se reescribe.  Podía haber sido otro el poeta.   A  buscar estos poemas que vagan perdidos en el aire dedicará su vida.  Quizás el miedo a que el verso pase de largo y no estar preparado para absorberlo pueda explicar su vida bohemia.  Incapaz de echar raíces, cantor del mundo, el exilio sirve de disculpa a una búsqueda incierta e incansable. 

 

Iba incatalogable...

en un silencio huraño,

bajo el delirio heroico de un culto inexpresable.

Ante su propia vida, fatal, él era fatal, él era un extraño,

extraño en su soberbio malestar incurable. [x]

 

Nos encontramos ante un hombre de ritmos y palabras y  si entendiéramos como poeta “el que compone obras poéticas, el que hace versos”, [xi] dejaríamos  inevitablemente al margen una gran parte de las actividades que este autor iba realizando, profundamente relacionadas con el mundo del verso, pero  que no están inherentemente unidas al concepto que hemos definido. 

 

Consciente de que la poesía tiene un ritmo –externo unas veces e interno otras– y de que el lector imprime su ritmo personal, construyendo otro poema, opta por una existencia de rapsoda, insuflando alma a poemas propios y ajenos, que cobran vida en Pedro Garfias.  Tal como adelantaba ya en sus comienzos poéticos, Versos Castellanos de 1916:

 

Soy de antaño; mis estrofas tienen hálitos guerreros

y perfumes inquietantes de mujer.

Descendiente soy de antiguos y preclaros caballeros,

y como ellos tengo alientos que me animan tercos, fieros,

en mis ansias por llegar y  mi afán de poseer.

 

Como el vate castellano, fue mi herencia una tizona

de un acero tan templado, que os advierte y os abona

la hidalguía de mi estirpe, de mi nombre y mi blasón.

 

¡Por Dios vivo! He trocado mi camino:

¡Fui engendrado caballero, y he nacido trovador! [xii]

 

Se sitúa pues en una búsqueda del arte contextualizado, tratando de evocar la obra adecuada en el lugar apropiado. Procurará estar en el momento oportuno para que el verso adquiera sentido.  Será en la tertulia, cuando el poema es requerido y fluye espontáneo,  que adquiere entonces su realidad artística.  La poesía de Pedro Garfias es una poesía viva, encuadrada en el momento.  Nunca rechazará su acción  tertuliar, lo que le convertirá, según Max Aub, en “el último poeta tabernario” [xiii] y dificultará una vida de horarios y ocupaciones prefijadas.  Raymundo Ramos [xiv]  le recuerda  recitando  en los sótanos del bar El Sena y Carlos Palacio evoca situaciones más duras: “de pie, como un árbol desgajado y carcomido en medio de un corro de soldados; ...con aquella voz estremecida de cólera y pasión, me parecía un rapsoda antiguo”. [xv]  Esta búsqueda de la situación declamatoria, en modo alguno debe entenderse como improvisadora; Buñuel le recuerda como un hombre que  “podía pasar quince días buscando un adjetivo”. [xvi]  Ahora bien, su prodigiosa memoria y su capacidad declamatoria le permitían recitar poemas, propios y ajenos, aun en las circunstancias más difíciles, proporcionando al poema vida real.

 

 

“Defendió siempre el ejercicio oral de la poesía y se cuidó muy poco de editar sus poemas, rescatados, en la mayoría de los casos, de su memoria, por amigos íntimos o contertulios” [xvii]  Este ejercicio de la oralidad no dejará de tener su efecto en la canción. Encontramos a Pedro Garfias tanto en el Asturias, ya mencionado, como en la Misa Flamenca del cantaor Enrique Morente [xviii], y en Él iba solo, que este mismo cantaor  musica por bulerías, así como también en otras muchas “canciones flamencas que después se han hecho famosas y han pasado al anonimato” [xix]

 

Cantor del pueblo, una parte de su obra se difumina al hacerse popular y, en una situación de plena simbiosis, el autor no ha existido y el canto se hace eterno.  Quizás no haya mayor gloria para el poeta que fundirse con el pueblo hasta ser parte de la naturaleza misma de su folclore, de su misma esencia.

 

Pero en la España que habla, en la España que se oye, Pedro Garfias dejó de sonar un día, al menos entre quienes controlaban los mundos del arte.  Su exilio poético es anterior al exilio político.  Tras el abandono de Horizonte[xx], sigue publicando entre los que se reconocen como grandes (Alberti, Cernuda, Gerardo Diego, García Lorca...).  Pero de alguna manera ha renunciado a estar entre los bastidores donde se mueven los hilos.

 

Hemos visto que su capacidad declamatoria  nos sitúa  ante un arte que trasciende al poema escrito, que penetra  en la esencia del poema, la difunde en el espacio  y  permite compartirla.  Quizás por eso cuando se retira de las tertulias de la capital comienza la marginación de su poesía. 

 

El momento ultraísta ha abierto nuevas rutas. Encauzada ya la poesía española, comienza un aparte en su labor poética, hasta encontrarle un nuevo sentido a su trabajo literario.  Retornaría un poeta que crea para educar, para concienciar, para motivar;  para crear emociones que motiven una lucha cada vez más dura y más desesperada.

 

Te cogieron prisionero.

Te mataron una tarde.

Siete ojos te miraban

igual que siete alacranes.

(de Héroes del Sur, 1938)

 

En la Guerra Civil Española, Pedro Garfias se lo había jugado todo.  Y había perdido.  Al exilio uno se va sin nada.  A Pedro le queda sólo su capacidad de poetizar la realidad.

 

Fuera del tiempo y del espacio estoy

con mi vida enlazada por sus puntas.

(de Primavera en Eaton Hansting, 1939)

 

Se abre una nueva etapa poética en Pedro Garfias.  Entramos en una poesía más personal, más intimista

 

Yo recorro mi vida como un perro

andando y desandando mi camino

(de Primavera en Eaton Hansting, 1939)

 

que ya le va a acompañar siempre:

 

Aquí estoy sobre mis montes

pastor de mis soledades.

(de Soledad y otros pesares, 1948)

 

A la vez que dará respuesta, interpretación poética, a los hechos que le rodean porque

 

El verso es para uno

la oración de otras gentes.

 

                    (A la memoria del Dr. Rafael Frayle y su presencia, 1952)

 

Con sus poemas, Pedro Garfías va a expresar mucho más que el sufrimiento, la pena, “el quejío” de un andaluz transterrado.  La Poesía de Pedro Garfias va a cantar con orgullo a la acogedora entrega con que México y sus gentes le abrieron sus puertas.

 

Aquí me tienes entero,

Con mi sangre y con mi llanto.

De España vine perdido

Y te me acerqué llorando

A trancas sobre los mares

A trancas sobre los campos.

 

Cuando te encontré, detuve

El palpitar de mi paso.

                        

                          (de Últimos poemas sueltos, probablemente 1954)

 

Y aunque en alguna ocasión intentara no ser poeta, al verso llegaría siempre, y se convertiría para siempre en el poeta de la España transterrada y del México hermano.


 

[i] María Luisa Romero Marqués: Pedro Garfias, Vida y Naturaleza en su poesía, UNAM, México DF 1969 p.77

   [ii] Francisco Moreno Gómez: Pedro Garfias, Poesías completas, Ed. Alpuerto, Barcelona, 1996, p. 64.

   [iii] Albadalejo y otros: Las vanguardias. Renovación de los lenguajes poéticos, Ed. Jucar, Gijón, 1992, p. 18.

   [iv] Francisco Moreno Gómez: Idem.

   [v] J. M. Barrera López: Pedro Garfias: Poesía y soledad, Ed. Alfar, Sevilla, 1991 p. 154.

[vi] Roberto Bolaño: Amuleto, Ed. Anagrama, Barcelona, 1999.

[vii] Ibid., p. 102.

[viii] Ibid., p. 103.

   [ix] J. M. Barrera López: op. cit., p. 70.

   [x] José María Morón: Minero de estrellas.  Citado por J. M. Barrera López, op. cit., p. 136.

[xi] Real Academia Española, Diccionario de la Lengua Española, Madrid, 1984.

[xii] Pedro Garfias, op. cit., p. 100.

[xiii] J.M. Barrera Lopez, op. cit., p. 116.

[xiv] Ibid., p. 112.

[xv] Ibid., p. 87.

[xvi] Ibid., p. 52.

[xvii] Ibid.,  p. 153.

[xviii]Pedro Garfias, , edición de Francisco Moreno Gómez en Pedro Garfias op. cit. Alpuerto, Barcelona, 1996 p., op. cit., pp.464 y 563.

[xix] J.M. Barrera Lopez, op. cit., p. 107.

   [xx] Revista ultraísta de la que es fundador y que se publica entre 1922 y 1923. El primer número es de 1922 (probablemente noviembre).  Se publican 5 números. Francisco Moreno Gómez, op. cit., p. 30.