José Luis García Herrera

 

 

 

 

  Nueve poemas

 

 

U MINUTY

 

A mediodía, de regreso al mosaico taciturno

de un mar de piedra lento y apacible,

la luz negra dibujó sombras ecuestres

sobre una fachada con ventanas al olvido.

La vida se podría explicar en un minuto

y, aún así, nos sobraría todo ese tiempo

para comprender la brevedad de este milagro

que escapa de las manos como lluvia de arena.

Sombras de agua turbia y de ceniza cabalgan

con el arcón furtivo de mi corta juventud

por la orilla solitaria de tardes lejanas.

A otras ventanas llamaré cuando me vaya,

cuando los caballos de la nostalgia huyan

-en estampida atropellada-

sobre la línea oscura de mis últimas horas

arrojadas como naipes sobre un mar muerto.

Sobra un minuto para alcanzar la nada.

                                                         (del libro Mar de Praga)

  

 

CEMENTERIO JUDÍO

 

Toda una vida para llegar a la nada.

Toda la nada para contar una vida.

Toda la nada en la voz de la muerte.

Toda la vida huyendo hacia el silencio.

 

Escrita sobre una lápida reza una historia

que se repite sobre otra lápida

que junto a otra lápida cubre tierra muerta.

 

Tras las altas verjas alguien pisa despacio

las huellas que conducen al pasadizo

donde beben salmos de agua las estrellas.

Siglo a siglo los nombres aferrados a la piedra

han soportado las mordeduras del viento,

las puyadas de la lluvia, la picazón de la nieve.

Siglo a siglo aquellos que huyeron río arriba,

libres como las alas de un albatros,

hallaron en la estrecha sombra de estos muros

refugio para completar la eternidad.

 

Toda vida merece ser respetada

si respeto cosechó frente a las mareas

y contra los embates del mal tiempo.

Una hora de vida es vida,

y un minuto de vida es vida,

y un segundo de vida es vida.

Toda vida es el ahora, lo que hago o lo que digo:

lo demás es pasado, entrada o salida

por la verja oxidada de cualquier cementerio. 

                                        (del libro, Mar de Praga)

  

 

A RAS DE AGUA

 

Todo sobrevive. Todo permanece

a ras de agua.

Así de simple.

Así de dolorosa suena

la voz mustia, el gemido ahogado

entre los labios

que serán fría materia

cuando nos vayamos

de esta historia común de hacer historia

a ras de agua.

Capítulos de insomnio y sangre

escritos en la piel que abandonamos.

Páginas de humo, de llanto y de calambre.

Versos que nadie oye,

versos que se necesitan.

La vida

son palabras que duelen a vida

bajo la luz quebrada. Así de simple

y a ras de agua.

                              (del libro, Mar de Praga)

 

 

HUELLAS DE AGUA

                                          Desciendo, uno tras otro,

                                         los tramos que conducen al pasado.

                                                                         Joaquín Buxó

 

Vuelve la lluvia de los días olvidados,

de las tardes perseguidas por estrechas aceras,

de las voces que se quedaron a mitad del camino,

llamándonos con el dolor de la distancia, con el peso

de los años borrados como huellas del viento.

Vuelven las nubes de la nostalgia, el agua blanda

de las tardes perdidas entre calles sin nombre

donde la vida tejía telarañas de rutina

y el destino cerraba, con rudo golpe, todas las ventanas.

Soy hijo de esa lluvia monótona y cansina.

Mi voz fue chapoteo de agua sobre los charcos, llanto

caído desde el precipicio de las tejas rotas, testamento

para el niño que olvidó sus huellas más lejanas.

El tiempo borró la luz de las palabras.

Pero la lluvia regresa para nombrarme en las heridas,

para recordarme la vida que se fue, para decirme

que toda memoria es agua dormida en el corazón.

                                                  (del libro Las huellas del viento)

 

 

HORAS DE PAPEL

 

Vas juntando memoria a las palabras. Vas creando

al hombre que ya no está en ti: que vive en ti

pero con otra sombra, con otra mirada, con otra voz.

Ese hombre que recita en la sala en penumbra,

con los ojos cerrados, con los pies en aquella plaza

donde el sol del invierno defendía el rumor de los sueños.

Hoy caminas desde la memoria. Desde aquellos versos

que guardas en viejas carpetas azules, muy juntos,

reuniendo cada pedazo de ti, cada jirón de esa vida

que tan sólo existe en esas páginas, en esa memoria

que transforma la sangre en versos y las lágrimas

en horas de papel y voces en el alma.

Cada día es más larga la mirada. Cada día

más palabras se pegan a tu piel y escriben

la memoria de ese hombre que siempre va contigo.

                                                 (del libro Las huellas del viento)

 

 

PARTIDARIOS DE LA FELICIDAD

                        Sólo quiero deciros que estamos todos juntos.

                                                          Jaime Gil de Biedma

 

Pasan los días, lentos como la tarde de estío

en la ciudad desierta. Pasan

con la soledad del hombre en la ventana

mirando las ventanas cerradas y el horizonte

recortado de azoteas, de sábanas blancas y de antenas.

Lentamente se escriben los poemas. Sobra

papel para narrar la historia cotidiana

de los días lejanos, de los días perdidos.

Pero llegará la noche y se encenderán

las farolas de la plaza, y las terrazas

se llenarán de compañeros y palabras amistosas.

Buscaremos un camino común para saciar la sed,

para vaciar el hielo de las copas

y llenar de experiencias el vacío de la nada.

Cada cual dejará su soledad en un rincón de la noche

y tomará palabras prestadas para escribir la suya.

La felicidad estará con nosotros

mientras sobre papel y no falten las palabras

que estrechan los mares de la compañía.

Todos trajimos la vida hasta aquí, para contarla.

                                      (del libro Las huellas del viento)

 

 

CARRER TALLERS

 

No deseo que el tiempo me retire las cartas

ni anhelo ser héroe de papel en las terrazas mojadas.

Reconozco que soy mal actor para esta tragedia

pero necesito llenar de palabras todas mis páginas.

Al final del día siempre se desea, como mínimo,

haber sido más justo con los demás que con uno mismo,

saber que la botella de la vida está más que mediada

y el último trago de la noche no sabe a derrota.

Quizá, cuando camino por las calles antiguas,

deseo encontrar en los ojos de los demás

esas escenas de vida que no logro hallar en mí,

esa ilusión que ellos hacen suya

y los torna diferentes a mis gestos triviales.

Aprendí hace años a calzarme los hábitos de la soledad,

a ser fiel a mis acueductos de silencio,

a mis llamadas al vacío, a las paredes sin eco.

El tiempo deja en la boca un sabor de engrudo

y un acento ferroso de sangre seca;

escenas de guiñol sobre la tapia del viento

y rastros de carbón para el ausente.

Al fin no soy ni héroe ni villano,

simplemente alguien que pasa sin demasiado ruido:

las manos en los bolsillos, la mirada en la sangre,

la voz en las baldosas y una breve sonrisa

de quien aspira a sentirse satisfecho

cuando llegue al final de todas las calles.

                                      (del libro Las huellas del viento)

 

 

EN LA CRUZ DEL SILENCIO

 

Perdí la vida buscando a aquél que no fui.

Perdí la voz, la fe y en la fatiga

lloré sobre el papel que registra la sal de las mentiras.

En la cruz del silencio situé mis labios

y aquello que no dije me hizo esclavo de la noche.

La huida no es consejo de sabios. Y yo quise huir

hacia el borde mortal de los acantilados, al vacío

donde el tiempo no cura las heridas, a la memoria

escrita con hilo de sangre en la cicatriz del olvido.

Perdí la vida y todo cuanto he escrito es agua negra

que tiñe de lamento la máscara del fracaso. Brindo,

con el desgarro tenebroso del vinagre,

por los ángeles mentirosos que velaron este cuarto

robando los espejos, robándome la mirada culpable

del viajero embozado que huye con mi nombre.

A ellos les debo mis alas cortadas y la flecha

que atraviesa el páramo de mi garganta. En el naufragio

me agarré al mástil roto de la poesía. Di a la vida

aquello que la muerte me reclama. Para aquél que no fui

ya no quedan voces que invoquen a la esperanza.

                                      (inédito)

 

 

VOCACIÓN DE APRENDIZ

                                       No dar tiempo a la esperanza.

                                                        Jorge Villalmanzo

 

Tardé en aprender el secreto de la vida,

en disfrutar de todo aquello que me fue dado

cuando desperté en la tierra de la infancia.

Ahora esos capítulos de tiempo perdido

-sangre seca en los oasis de la memoria-

queman entre mis manos como el verso

que aprendí frente al mar de las distancias.

En el umbral de la noche más fría

me revelo aprendiz de todo lo que he escrito

-creyendo que era razón y verdad-

como huellas negras del silencio doloroso.

Me duele el vacío que queda atrás; aquellos pasos

que me separan del ángel que me acompaña;

la mirada perdida entre las bisagras del horizonte

y la sombra que huye siempre hacia delante.

Qué diré mí, de mi vocación sin fecha de llegada,

de ese tiempo que fue promesa y como tal

me nombro en la permanencia de las cosas.

Pero mirar hacia atrás no me devolverá la vida.

Sólo se lamenta quien ama la belleza del fracaso.

No caeré en la trampa de la lluvia. Aprendí

a ver la luz entre las redes del agua.

                                      (inédito)

 


 

 

José Luis García Herrera nació en Esplugues de Llobregat (Barcelona) en 1964. Casado, sin hijos. Técnico químico-alimentario, poeta y crítico literario.

Obtuvo el Premio Vila de Martorell en 1989 con el libro Lágrimas de rojo niebla, (Seuba ediciones, Barcelona 1990). En 1992 publicó Memoria del Olvido en la misma editorial. En 1994, con el apoyo de Carlos de Arce, dirige la selección y el estudio de la antología Los Nuevos Poetas (Seuba ediciones). En 1996 publica Código Privado (Puente de la Aurora, Málaga). En 1997 obtiene el Premio Elvira Castañón de Aller (Asturias) con el libro La Ciudad del Agua (Seuba Ediciones, Barcelona). En el año 1999 obtiene el premio Villa de Benasque con el poemario Los caballos de la mar no tienen alas (Devenir, Madrid 2000). El 2002 publica Spelugges (Alhulia, Granada). Accésit del premio Víctor Jara de Salamanca en el año 2003 con la obra El guardián de los espejos (Amarú, Salamanca 2004). En el mismo año, 2004, obtiene el premio María del Villar de Tafalla con el libro Las huellas del viento (Fundación María de Villar Berruezo, Navarra 2005). En el 2005 le es concedido el premio Blas de Otero con el libro Mar de Praga (AEAE, Madrid). En 2006 obtiene el premio Mariano Roldán por La Huella escrita (Colección Ánfora Nova, Rute 2007). En 2007 publica Las huellas en el laberino (Valencia, Brosquil Edicions), obra con la que consigue el XXVI Premio «Ciudad de Benicarlo». En 2008 publica El recinto del fuego (Madrid, Huerga & Fierro).

 

Dirigió la revista El Juglar y la luna y fue miembro directivo de la Academia Iberoamericana de Poesía en Barcelona.

 

Incluido en diversas antologías, han publicado sus poemas en las revistas: Ánfora Nova (Rute), Hora de Poesía (Barcelona), Empireuma (Orihuela), La Factoría Valenciana (Valencia), La Hoja Literaria (Motril), Poesía, por ejemplo (Madrid), El Parnaso (Málaga), Río Arga (Pamplona), Cuadernos de Poesía Nueva (Madrid), Manxa (Ciudad Real), Luces y Sombras (Tafalla), Pliegos Poéticos del Ateneo de Almería (Almería), Norte (México), Cármenes (Barcelona), il Convivio (Italia), Lofornis (Barcelona), Archione (Madrid), Imago (Cuba), Etcétera (Zaragoza), Arboleda (Mallorca), Calicanto (Manzanares), Alborada (Bilbao), Aguamarina (Bilbao), etc.

  

jlgherrera@telefonica.net