Javier Lasheras  

 

 

 

   

 

    YA QUE NO TENGO PATRIA
    ni lugar alguno
    por el cual alzar mi voz
    te importaría fueras tú
    mi territorio.
 


 

LA PAZ DEFINITIVA DE LA NADA

 

de Martin Huarte 

 

 

«Y llegó a pensar que, siempre, el amante que ha logrado respirar en la obstinación sin consuelo de la cama el olor sombrío de la muerte, está condenado a perseguir –para él y para ella- la destrucción, la paz definitiva de la nada. 

El infierno tan temido

Juan Carlos Onetti.

 

 

Presencia

 

Sólo el fuego

limpiará tu mirada del tiempo,

cauterizará heridas,

pondrá las cenizas en su sitio.

 

Y para no ensuciar más las palabras

hienas de asco y odio,

de fétido olor a muerte

también el fuego.

 

Pero ni el fuego borrará

tus manos de mi cuerpo.

 

Himno para mi herida

 

Me levanto y camino veinte pasos

veinte pequeños pasos de anticipada vejez

arrastrando las zapatillas como un animal

cansado, indiferente.

 

Y mientras tanto enciendo un cigarrillo,

miro el cuadro abstracto de un amigo,

el desorden de la habitación en penumbra,

fotografías de cuando creía ser feliz,

libros esparcidos para el tedio del insomnio,

medicinas de escasa efectividad dado el caso

y una taza de café manchada y vacía.

 

Sigo caminando como un refugiado,

veinte pasos a un lado, veinte a otro,

cuento las láminas de madera, tres,

seis, nueve, doce, quince, dieciocho

y veintiuna para no pensar en ti.

 

Porque hubo una vez en que yo tuve una patria

y la llamé Sol y Alegría y Eternidad,

un cuerpo para vivir con un hogar

entre sus piernas y todas las mañanas

un beso de amor, un buenos días y un te quiero

libre   virginal   tierno   secreto.

 

Me detengo ante un espejo y me miro

fijamente a los ojos: ruina, tiempo, derrota.

Todo es mío y no puedo más que sentir

tanta ternura, tanta piedad como la que sentiré

por ese hombre cuando sea viejo.

 

Ah, ahora llega el dolor con su equipaje

pero cómo no celebrarlo si de ti tengo

tu pelo, tus labios, todos tus labios

y el recuerdo imborrable de tus pechos

pequeños y exactos. Y también tus manos,

tu voz y tu jadeo formidable.

 

No es casual que tu nombre sea mi inmortalidad.

No es en vano que tu cuerpo sea mi universo.

 

Así tu ausencia es mi herida luminosa

y como un perro en este rincón oscuro

me lamo con la dulce saliva de mi despojo.

Que nadie se acerque nunca para salvarme

tan sólo tú o juro que lo mato.

 

Sin piedad

 

      Alégrate mujer infinita, alégrate de la tempestad

y de todos y de cada uno de estos momentos

llenos de yel, terror y nada.

 

            Alégrate mujer boreal, alégrate de las cenizas

de este grandioso incendio que fue nuestro abrazo

y espárcelas por tu vida como tierra sagrada.

 

            Alégrate mujer desnuda, y no tengas piedad

por lo que fue porque tu lengua probará

la sal de otros océanos inmensos.

 

            Alégrate mujer, alégrate porque eres esencial

como el aire o el agua o el fuego y das vida

y dicha allá donde anida el cieno y la desgracia.

 

            Y alégrate mujer, porque de esta umbría

nacerán palomas que te lleven de regreso

como a una diosa al cielo de un nuevo amanecer.

 

Ven o vete

 

Si es cierto que un te quiero no basta

después de mil días abrazándonos, diez noches

sin ti son una historia de siglos sin idioma,

un tren silbando lleno de muertos y fantoches

 

Si es verdad que tu pérdida es irreparable

no uses palabras posibles, no manches tu boca,

no mancilles el amor con incertidumbre y cautela,

que tiempo y pausa son verdugos que nada curan.

 

Amor, el paso del tiempo es herida y es nada.

 

Por eso sé impasible. Sé feroz. Date prisa. Y no pierdas

ni un segundo, ya sabes que es muy impaciente el amor.

Y a mí, cuando escriba un poema moribundo

de nostalgia  vergüenza  oprobio  asco

que la fortuna me haga justicia y me adorne de fracaso.

 

Pero ven, perra mía, ven

vuelve, regresa.

 

 
Secreto infierno

 

Hubo noches que fuiste mi candil

y como un animal me acercaba a tu cuerpo

husmeando tu dulce calor de sueño.

 

Y fiel y compañero como un perro,

sigiloso, iba y venía por la casa

protegiendo el hogar de las alimañas,

y una vez cansado me recostaba a tu lado,

posaba mi felicidad sobre tu vientre

y me decía: Todo está bien.

 

Hoy no tengo mujer en mi cama

y me maldigo cual mal nacido.

 

Sin ti no hay gloria

ni días para la resurrección.

 

Destino

   

No fingiré lo que no ambiciono.

No quiero paz si no es contigo.

No deseo sosiego si no es la nada.

 

No oculto las quemaduras del amor,

la ceguera y el óxido son laureles de la batalla.

¡Y qué bien me sientan sobre mi piel de carcoma!

 

Y en cuanto a ti, que el pilar que ahora te sustenta

se desmorone sin piedad como una torre de arena,

que el olvido te perdone si logras mirarle cara a cara.

 

Igual que yo

noche tras noche

gritarás el infortunio.

 

 

Odio

   

Que el alma se te pudra

como la piel de un leproso

y seas presa del más letal de los hielos.

 

Debes saber que el odio también forma

parte de este grumoso olvido,

y no lo oculto, mujer,

no lo oculto.

 

Que por los siglos de los siglos

así te embadurnen con esperma

y maldiciones.

 

 

Usan el amor

 

Porque estoy armado hasta los dientes

y mi fuerza es mi inmortal origen

no obedezco a los necios y su miseria,

a quienes usan el amor como un divertimento,

como una medicina o un apósito para el miedo.

Son cobardes que dicen te quiero

como quien escupe un indigesto hueso.

 

Antes prefiero desprecio y soledad,

mil veces un profundo silencio

si no lo proclamo y lo celebro

como un fuego  como una ofrenda

insumiso  inmoral  arrogante.

 

Y tú ándate con cuidado, huye de ellos

o morderás los labios hasta desangrarte.

 

Sólo para mí

 

Ahora sé que tus genitales son un pozo rebosante

para otros labios, otra lengua, otras manos

y puedo verte solicitando más y más fuerte

pero no me importa porque como un ladrón

lleno de lascivia uso el recuerdo de tu cuerpo

para sacar el esperma más profundo,

aquel que bebiste como vino sagrado.

 

Luego me quedo un rato

en compañía de la muerte

y es dulce y caliente

como tus genitales.

 

 

Apócrifos de Jordania [1]

   

        (Estos «Apócrifos» incluyen los cinco poemas siguientes:

           «Desnudo», «Ternura», «Sálvese quien pueda», «Noble

            linaje», «Petra»)

 

 

Desnudo

  

No vestiré mi soledad con trajes de moda,

no la acompañaré de noches inexpertas

ni mucho menos de manos inciertas.

 

Mi soledad es un himno a la desnudez,

me pertenece y a ella me confío

como un forajido en la deriva de la noche.

 

Por tu parte prueba a ver

qué te dice la palabra coraje,

o acaso eres de las que nadan

y ponen a salvo su ropa.

 

 

Ternura

 

Dame la mano, vuelve a la cama

haz de estas sábanas polvo estelar

y con savia y saliva mójalo todo.

 

Márcame la piel con tu aliento

no abandones, no seas invisible

y devórame hasta el ocaso.

 

Maldita sea, dame la mano

o nos crecerán muñones

donde debiera anidar ternura.

 

 

Sálvese quien pueda

 

 

Si fuera diez años más joven

ladraría hasta vomitar,

atacaría con furia de bestia,

mataría si fuera preciso.

 

Pero ahora hago de tripas corazón

y descanso con la extrañeza

que da la maleza y el asco

de la ausencia.

 

Bien es cierto que cuando voy a la cama

es como si fuera al paredón.

 

 

Noble linaje

 

 

Gracias perra por enseñarme a Félix,

gracias Félix por mostrarme a Horacio,

y tú Horacio, pobre loco,

descansa, arroja esa pesada piedra

y mírala con desdén.

 

Nunca más sigas huyendo,

tiéndete y con tu mayor desprecio

y tu más altiva arrogancia

descansa en paz

como yo, Horacio.

 

 

Petra

 

 

Exactamente (transcribo literal) me dijo:

Estaba escribiendo en mi cuaderno

de bitácora, ahora que nos dirigimos de nuevo

a casa, que este viaje ha sido un lujo. Volver

a Petra contigo, vivir contigo esta ciudad,

que siempre me ha trastornado,

ha sido maravilloso. Pero volveremos

y habrá más lugares y más momentos

conmovedores. Los quiero todos contigo.

Te adoro.

 

Qué enfermedad tan brutal y tan larga

es ver tu letra hablando de futuros.

 

 

Justicia

 

También debes saber

que si tuviste la enorme fortuna

de tenerme a tu lado y conocer

los idiomas de mi cuerpo

fue porque hubo una mujer fuerte

poderosa  inmensamente humana

que me concedió, como lo hace un dios

todopoderoso, la gracia de su inteligencia

y su generosa renuncia.

 

Le llevaré estos versos

como una hermosa ofrenda

de asco  rabia  odio

y besaré su frente infinita

con eterna gratitud.

 

 

Hambre

 

Aunque tu cuerpo fue una enorme fiesta para el derroche

el recuerdo lo fermenta y avinagra como la hez

que se impregna en el estómago tras probar

un poco de carne a cambio de unas monedas.

 

Y si también fue celebración de luz y energía

el olvido, terco y oscuro, ha convertido

el placer de tu abrazo insurrecto

en una viscosa sensación de impotencia.

 

Ah, si ahora pudiera, si yo supiera,

de tu cuerpo parido haría una impúdica matriz

que lamería con deliciosa avaricia

como un hombre muerto de hambre.

 

 

 

Terror

 

Confieso con espantoso horror

que a veces pienso

si en algún momento

habrás sido como ellos:

Soberbia  mentirosa  aburrida

ciega  mórbida  superficial

repleta de miedo.

 

Fuera cierto y esté yo

donde tú no puedas:

Insoportable sería el hedor,

insoportable.

 

 

Una postal para el futuro

 

Si algún día inevitablemente

o si alguna noche por casualidad

nos encontráramos, seré salvaje

y a dentelladas te probaré

por todas partes.

 

¡En qué ávido animal me has convertido!

 

 
Plegaria

 

No te vuelvas loca,

no regreses, ni se te ocurra

y por lo que más quieras

suplica el olvido,

reza o invoca al diablo

si te hace falta.

Haz cualquier cosa

pero no vuelvas

 

porque si no, algún día,

sin aviso, nos cubrirá

el odio más exacto y claro

que jamás hayas visto.

 

Así es mejor, perra mía, así es mejor.

 

 

Son como moscas

 

A quienes han claudicado con la espesura

del aburrimiento y se han sometido

a la rutina calcificada de un cuerpo

previsible  seguro  inútil

 

Ojalá, tarde o temprano, prueben

el légamo bilioso del remordimiento

y en él se revuelquen como puercos

hasta el fin de sus días.

 

Con su pan se lo coman,

que son como moscas en la boca

de un niño hambriento.

 

 

Silencio, por favor

 

Pero de todo esto, de esta historia

que como un poseso escribo

nada entenderán.

Les parecerá prescindible y difícil,

dirán cosas horribles, nos difamarán,

harán preguntas, nos juzgarán

y dictarán sentencia.

 

Pero de mis labios jamás

saldrá una explicación.

Espléndido será mi silencio

y complacido observaré

sus risas llenas de miedo.

 

 

Promesa

 

Si cuando llegues a vieja,

cuando las arrugas te coronen

de sosiego como a una reina

y tus canas sean la evidencia

de la hartura dada a tu cuerpo,

recuerdas a todos los hombres

que dieron calor a tu corazón,

sólo espero que por mí esboces

apenas una sonrisa cómplice y tierna

como sólo quienes han vivido mucho

saben hacer. Tendrás mi gratitud.

 

Yo seguiré como siempre,

y por este enésimo

y espectacular fracaso

lleno de paz brindaré

por ti, por mí, por todos.

 

 

Plaga

 

Y a quienes conozcan de esta historia

mas les dé pena este fracaso

y nos digan que lo sienten

como quien da un pésame,

que las ratas les coman el corazón

porque viven en la ignorancia

y la envidia de esta luz

les ha cegado para siempre

cualquier posibilidad de rozar,

siquiera un instante, la belleza.

 

Mastican la venganza,

son estrategas del abandono

y lo que es peor

se disfrazan de amistad

para darnos consejos.

 

Y son legión, perra mía,

como una plaga

o una pandemia.

 

Canción de atardecer

 

Yo en el delirio de la sombra,

tú desnuda como un rayo.

 

Yo mirando tu silueta,

tú esparcida como un beso.

 

Yo mordiéndome los labios,

tú acariciando el agua y el cielo.

 

Yo bebiéndote de lejos,

tú buscando la salida.

 

Y tú con todos los colores

cuidando del misterio

de la flor y su licor.

 

Pero yo con dudas y serpientes

curándome del tiempo

de los besos y el amor.

 

Tú y yo

pero, seguramente

él.

 

Sin idioma

 

Fuera mentira

esta querencia por ti,

fuera todo un engaño

y en mi garganta

aniden para siempre

larvas de silencio,

que pierda el idioma

para que nunca más

pueda hablar de amor.

 

Que nunca te dije te quiero

si no era porque te amaba.

 

Así sea

 

Jamás asumiré el castigo de la ausencia

ni el destino absurdo de la soledad eterna.

 

Que ahora vuelque todo el asco

que escupa hez y azufre y rabia

no es sino la prueba más clara

de que el amor también se quema.

Pero juro que aunque mis amantes

vean tu rostro en el mío,

no pediré permiso para volver

al alegre placer de otros cuerpos,

beberán y comerán de mí

porque yo también soy su cuerpo.

 

Que terminado el vómito

se acabe la rabia.

 

Que el castigo de los dioses

se vaya a joder a otra parte.

 

 

Aviso para navegantes

 

Que sepan también

quienes, con la venda en los ojos,

confunden el amor con una mirada

de amistad y caricias de cama,

que a cambio de esta afrenta

obtendrán mil veces multiplicada

la ira de todos los amantes.

 

El amor nunca transita

los caminos de lo posible.

 

Qué vergüenza

 

Pero dejemos a un lado la noche y sus sombras,

siquiera por un momento, mi perra,

y hablemos de lo cotidiano y sus mañanas.

Porque también hubo inquietud e incertidumbre,

risas  llantos  depresiones y algún que otro muerto.

Y hubo enfermedad  viajes  desamparo

y toneladas echándonos de menos.

Y cómo no, también vino  rosas  fiestas y amigos,

desayunos con periódico y zumo de naranja,

tardes de lectura y domingos de tedio.

Ah! El tedio, cuánto te quiero salió de nuestras bocas

y sólo eran enormes bostezos de aburrimiento.

 

¿Qué fue, mi perra, qué fue?

¿Fue la enfermedad o el dinero,

o se lo dejamos todo a los celos?

Ojalá nunca lleguemos a saberlo.

Ojalá mejor me hubiera muerto.

Ojalá lo hubiera sabido antes

para no tener que escribir este poema.

 

 

Consolación

 

También sé que a más de uno le alegrará saber

que en estas noches tristes y vacías de ti

me visitan todos los errores que cometí

por haberte amado siempre sin tibieza,

y los enjugo con estas palabras estériles,

sin esperanza, que apenas ya dicen nada.

 

Así que cuento y hago el inventario:

Tengo una sólida pobreza, como para ir tirando,

libros que se agotan en la rapiña voraz de las horas

y una música suave y lenta, muy a juego

con este lamentable estado en el que me encuentro

y que me hace mirar con una abrumadora nostalgia

como una hemorragia llena de lágrimas y mocos.

¡Si ahora me vieras! Mi sombra es más persona.

 

Dicho lo cual, me consuela la memoria de tu piel,

de tu boca, de tus manos y esos lindos ojos verdes

que otros, cómo no, me recordarán ya no tengo

pero qué le vamos a hacer si mi mayor elogio

es tener de ellos siempre su desprecio.

 

 

Antigua y extraña

 

Y poco a poco, al ir resucitando

en la huida de las horas y los años,

ver cómo tu imagen se va apagando

como el final de un abrazo, admitir

que sólo eres una antigua y extraña sensación

como cuando después de mucho tiempo

visitas y rememoras la calle de la infancia.

 

Me preparo para la paz

a cambio de la nada.

 

 

Fortuna

 

Cuando hemos jadeado juntos

en la mesa, en el suelo o en la cama

y en el breve espacio de nuestro aliento

me ofrecías tu sonrisa de color

y me miraban tus ojos verdes

como un húmedo destello de luz,

yo vivía en este mundo de otra manera.

 

Ninguna palabra haría justicia

así que sólo con más amor

te pagaría la inmensa fortuna

que pusiste entre mis piernas.

 

 

 

El abrazo de los dioses

 

De todas estas palabras

de asco  rabia  odio

de dicha  amor  felicidad

no te quedes con nada

porque lo único cierto

de toda esta historia

sólo fue nuestro abrazo.

 

Sólo en ese instante fuimos dioses,

solo ahora, soy humano, soy mortal.

 

Polvo

 

 ¿Cuántas veces supimos con antelación

de la llegada de esta ausencia? ¿Cuántas

el placer de nuestro abrazo fue un adiós

anticipado y lleno de dolor?

¡Cuántas veces hablamos de separación

y qué poco nos hemos equivocado!

 

¡Cuánto polvo hubo en nuestro calendario!

 

 

Poema a la obviedad

                    Para consuelo de la Soledad

 

Está bien, está bien… me permitiré esta concesión

porque qué reproche tan lleno de coquetería

mostrarme que nunca me has dado nada bueno,

que no has dejado esa huella limpia, clara y perfecta

como dejan quienes han amado lo prohibido.

Pero no te preocupes, perra mía, que por ti

mis manos y hasta mi cabeza dejo yo en la guillotina,

por ti yo me tiro al agua y te salvo una, dos y tres

millones de veces, todas las que te hagan falta.

 

Te contaré que me has dejado una herencia incalculable:

Tu sonrisa conmigo ha bastado para borrar el Universo,

tus caricias siguen ardiendo y dando vida a mi piel,

tus labios son mi idioma y tu pelo el que me falta,

tus ojos un jardín donde invento flores por la mañana,

tus pechos dos palomas posadas en mi boca,

tu cuello el perfume más antiguo y tu olor mi esencia,

tu espalda es mi arrebato nocturno y alevoso,

tus pies el altar ante el que hago la ofrenda del amor

y tu sexo la caldera solar donde quemo la leña

para calentarme en las noches de este largo invierno

y para cerrar este decálogo de fortuna y consuelo

tu nombre es el Sol que rumio hasta la ceguera.

 

El resto, mi amor, sólo son los inapreciables

datos de una historia anónima y sin importancia.

Aunque también, debes saber, hay algo más,

algo que me has dado como una inapelable condena:

la cadena perpetua de amarte y no tenerte.

 

¿Has visto alguna vez una derrota más dulce?

 

 

Enemigo

 

Quienes recurran a la amistad

tras haberse amado irremediablemente

se alimentarán en el nido de los reptiles,

babeando cariño y caricias tibias.

Se cubrirán de un caparazón de lustrosa mierda

y mostrarán su cobardía como quien no sabe

afrontar en solitario el fracaso de la derrota.

 

Ni viven ni mueren.

 

Así que tú, perra, más que nunca

jamás me quieras como a un amigo.

 

A partir de hoy yo seré tu más letal enemigo.

 

“Ojalá pase algo que te borre de pronto”

 

 

Cómo quisiera

poder abrir la tierra y esconder allí mis pasos cansados,

calmar esta lenta muerte buscando algo en tu mirada.

 

Pero no sé, no puedo, no valgo

y me faltan tus manos.

 

Cómo quisiera

trazar una línea infinita y viajar siempre hacia la nada,

desaparecer como el aire para no verte en todos los sueños.

 

Pero no sé, no puedo, no valgo

y me faltan tus labios.

 

Cómo quisiera

morirme un rato para no saber todo lo que te amo,

terminar este poema y que un sortilegio borre este espanto.

 

Pero no sé, no sé, me falta tu noche

y me falta tu abrazo.

 

 

Curiosidad

 

Yo que siempre pensé que la añoranza

era el preludio de la herrumbre del amor

 

ahora resulta que echarse de menos

es lo más normal, lo correcto y natural.

 

¡Vaya por dios!

 

Cuántas cosas me quedan por aprender,

qué curioso lugar es este mundo, perra mía.

 

 
 
Nombre, apellidos y estado civil

 

Solo  loco  enfermo  pobre

mudo  herido  desastrado

humillado  frenético  perdido

innombrable  transparente

insignificante  borracho  payaso

desnudo  desmoronado  falso

deleznable  canalla  exiliado

y forajido de mierda.

 

Sólo en tu cuerpo tendría asilo

tanta desventura sin medida.

 

 

 

¿Tú también, perra mía?

 

 Y qué hacer con quienes como tertulianos del amor

defecan sentencias, dan doctrina, sientan cátedra

y se vanaglorian de su profundo conocimiento.

 

Pero les delata su incansable verborrea,

aunque da igual, porque entre todos ellos

se dan coba y se jalean y se aplauden,

y qué me vas a contar a mí, y el amor es siempre igual,

y así, sin dudar ni pestañear lo más mínimo,

y yo soy un lujo asiático y soy la reina mora

y yo soy así y de aquí ya no me mueve nadie.

 

Y así lanzan una tras otra tremendas obscenidades

y, de paso, aunque no lo saben, también se casan

y buscan desesperadamente la seguridad del amantazgo,

la caricia fácil, la sonrisa falsa, la mano mórbida.

Peor aún, mucho peor que el más infeliz matrimonio.

 

Y al fin, para mayor gloria y decoro sueltan a bocajarro

la tesis final, su lema preferido: El amor no existe.

 

Yo sólo los contemplo con infinita paciencia

¡les falta tanta belleza! Pero como ya lo saben todo

que les aproveche y con su pan se lo coman.

 

 

La paz definitiva de la nada

 

Si algún día fuiste mía y compartimos

el significado de esa extraña palabra

llamada ilusión, si en algún momento

tus sonrisas y cuidados fueron sólo para mí

o, también, si alguna vez dijimos al tiempo

la palabra futuro. Si alguna vez, escúchame,

mi querida perra, nuestra cama fue el abrazo

más insumiso y animal de la creación,

y tu cuerpo el candil que me daba fuego

ahora, de todo eso, de los besos de nube,

de las miradas precisas o los abrazos interminables,

de todo esto, ya no queda nada. Nada.

Ni tan siquiera odio o rabia, ni una maldita lágrima,

ni noches temibles ni mortecina nostalgia.

Ven conmigo un sólo instante y observa,

porque este animal torpe viejo cansado y sin memoria

se despide de ti para iniciar el rito sagrado

de enterrar esta historia, para buscar el sendero

de luz que con la más abyecta cobardía apagamos.

Ya nada puedo ofrecerte, no me queda ternura

ni piedad ni mano que tenderte. Mira perra,

mi dulce y vieja perra, mira cómo arde esta montaña

de versos que jamás debieron ser escritos,

mira este inmenso fuego porque de sus cenizas

tendremos la paz definitiva de la nada.

 

Pero ni el fuego, recuerda, borrará tus manos de mi cuerpo.

 



[1]  Según relata el propio Martín Huarte, en el segundo de sus cuadernos de tapas negras titulados El aire de un sueño, a primeros del mes de agosto de 1997 realizó un viaje a Jordania junto a Dela. Esto explica la situación geográfica pero no así que estos cinco poemas sean supuestos, falsos o fingidos. Conociendo a Martín, más bien creo que se trata de un significado antiguo, de algo que él, tal vez en algún momento,  no quiso hacer público o, quizá, sólo un intento de ocultación durante algún tiempo.

 

 


 

 

Esta selección de LA PAZ DEFINITIVA DE LA NADA

de Martín Huarte, obra de Javier Lasheras, se ha

hecho sobre la  edición  impresa de Endymión,

Madrid, 1999, y ha sido colgada en la Red

a los doce días andados

del mes de marzo

del año

2002