ENRIQUE BARRERO RODRÍGUEZ

 

 

 

Siete poemas

 

   

 

 

 

 

 

 

 

LECTOR                                                                

 

Algo andarás buscando

si has abierto                         

al azar estas páginas.                                     

Alguna suerte extraña de consuelo               

o simple distracción.                                     

Lo agradezco                                                

como agradece el mar cualquier orilla          

donde rendir a solas su misterio.                  

Pero debo avisarte                                        

que no puedo                                                

hacer mucho por ti.                                       

Que no existen poetas, en el fondo,             

pues no cabe la vida en unos versos.            

 

                        (De Poética elemental, editorial Renacimiento, Sevilla, 2002)

 

 

EL POEMA PERFECTO

 

Puede ser que algún día lo consiga.

Y aunque no fuera yo, siempre habrá alguien

que recoja la antorcha de este sueño.

Ya es bastante.

Será de tal manera

que la esencia de una mensaje

no necesite sílabas ni versos

ni la brida molesta del lenguaje.

Será como el instante en que se fundan

las tibias claridades de la tarde.

 

Trémula la emoción, sin adjetivos.

Desnudas la verdades, sin alardes.

 

Será cuando palabras no hagan falta

y sea sólo el silencio el que os hable.

 

                                   (De Poética elemental)

 

 

HABLANDO EN VOZ MUY BAJA

 

No aspiro a mucho.

El éxito envenena

y a  solas empobrece a quien lo invoca.

No espero mucho, la verdad.

Escribir unos versos

que hablen

de la tristeza o la esperanza.

Compartirlos así,

con el sigilo

con que la claridad

comparte el aire.

Honradamente ser

esto que quiero.

Hablando en voz muy baja

por si acaso quisieras tú escuchar

y responderme.

 

                                   (De Poética elemental)

 

 

PRESTIGIO

 

Soñar es muy barato, pero inútil, al cabo.

En la vida no quiero grandilocuentes sueños

pues a los grandes sueños decepción sigue siempre.

De cosas muy sencillas se nutren mis empeños.

 

Fingor no me apetece que estoy muy ocupado.

No quiero escalar cimas que susciten recelo

y  mirar desde arriba a los hombres iguales.

Que guarden sus agravios escondidos, por dentro.

 

Pues en cierta manera quiero ir a mi aire.

Quiero sólo el prestigio de ser como yo quiero.

Quiero sólo estas cosas que nadie ha de robarme.

La luz, la lluvia incluso. La calma de unos versos.

 

                                   (De Poética elemental)

 

 

Como ese viajero indiferente

en el tren de la tarde, cuando mira

los campos que acontecen y el paisaje

detrás de la cercana ventanilla,

y fugaz le parece la belleza

prendida de repente en su retina,

pues sabe que al instante habrá otros campos

y un paisaje distinto ante su vista

así viví mi sueño y mi esperanza,

hasta darla ya entera por perdida.

 

            (De Mejor indiferencia que esperanza, Qüasyeditorial, Sevilla, 1998)

 

 

PRIMER SONETO A MI HIJO

 

Ya me dueles por dentro. Y es tan fuerte

el dolor que me asusta. Ya has nacido.

Y apenas tu existencia se ha encendido

me devasta la angustia de perderte.

 

Te espera infancia y mar, tristeza y muerte.

Ojalá puedas ser lo que no he sido.

Estabas en mi carne, presentido,

y en la sed de la sangre que se vierte.

 

Reclínate en mi pecho. Toma ahora

mi regalo mejor: esta amargura

que arrancarme quisiera, mas no puedo.

 

Y aprende, en el instante de tu aurora,

la primera lección: la vida es dura

y detrás de la dicha, acecha el miedo.

 

                                               (Inédito)

 

 

DERECHO DE AUTOR

 

Nada tienes, poeta.

Tus lectores se cuentan por ninguno.

La rutina emborrona tu cuaderno

la noche del insomnio más oscuro.

Escribes porque sí,

porque, en el fondo, sabes que es el único

empeño que, aunque inútil, te libera

y te hace, en parte, tolerable el mundo.

 

Nada tienes, poeta.

Sólo cuentas, indemne, con tu orgullo.

 

                                               (Inédito)

 

LOS VERSOS QUE NO HE ESCRITO

 

A veces me persiguen

los versos que no he escrito.

Me acechan en la sombra

-vengadores furtivos-

Desnudos. Esplendentes.

Barrocos o sencillos.

A veces me persiguen

los poetas que admiro

con versos que retumban

y cercan mis oídos.

Me recuerdan que soy

aprendiz del oficio

que aprenderse no puede.

Y entonces dejo escrito

mi empeño, mi impotencia,

mi versos sin sentido.

 

 

ENRIQUE BARRERO RODRÍGUEZ nace en Sevilla, el 30 de diciembre de 1969. Es en la actualidad Profesor Titular de Derecho mercantil en el Departamento de Derecho mercantil de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla desde el año 2003, dedicación profesional que compagina con la actividad literaria. 

Con independencia de poemas sueltos en algunas revistas literarias nacionales (Papeles de la Alacena -de la Asociación de Amigos de Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí de Moguer-, El siglo que viene, Extramuros, Buhaira, Claustro Poético, La Piedra del Molino o Renacimiento) ha publicado anteriormente los siguientes libros: Colección de sonetos para un sueño (Delegación de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Alcalá de Guadaira), Breve nombre de amor, Cien sonetos de amor, Mejor indiferencia que esperanza (estos tres últimos en Qüasyeditorial), La luz en tu mirada (Padilla Editores y Libreros), El tiempo en las orillas (Ediciones Rialp. Colección Adonáis), Poética elemental (Renacimiento), Fe de vida (Col. Ángaro), Liturgia de la voz abandonada (Cuadernos de Sandua), Instantes de la luz, Premio Internacional Ateneo Jovellanos, Gijón, 2011, Los héroes derrotados Premio Paul Beckett de Poesía, Almería, Fundación Valparaíso, 2012.

Ha sido incluido en la Antología de poetas sevillanos editada por la Fundación el Monte con ocasión de la Feria del Libro de Sevilla 2003, en la Sexta Antología de poesía Adonais, así como en la Antología Orfeo XXI: Poesía española contemporánea y tradición clásica, editada por la Cátedra Miguel Delibes de Valladolid (Libros del Pexe, 2005).

enriquebarrero@us.es