Cristian David López

 

Cuatro poemas

 


 

 

Espérame aquí

 

Hace tiempo que ya no te conozco,

me olvidé de tu voz, de los gestos

que hacías con los labios.

Tu cabellera negra que se encendía,

poco a poco se me apagó.

¿Qué será de ti, qué será de mí?

Le pregunto al del espejo,

ese que lleva una bolsa en los ojos,

tal vez de tanto esperar, de tanto soñar.

 

¿Dónde estará ese lugar

en que tal vez volvamos a encontrarnos?

Hambrientos de apagar lo que nos entristece.

¡Vaya camino que nos separó!

“Espérame aquí”, dijiste. Recuerdo la lluvia

y que, como una enorme raíz,

el tiempo me abrazaba.

Quedé indefenso

y mi alma se oscureció.

 

Y pasaron los años, millones de gotas sucedieron,

se cayeron los edificios a mi alrededor,

se multiplicaron las calles con mis pasos

las ratas me miraron maquiavélicas,

temblé y la tierra a mi alrededor

se fue rompiendo,

me volví tal vez duro.

 

Y como al demonio el fuego te siguió,

con tu imagen se marchó,

lloré unos años, miles de noches extinguí

y algunos días no te soñé.

 

A veces creo que aún estoy en esa esquina,

en donde me dijiste

“Espérame aquí”.

  


 

Huérfano

 

La serpiente que se arrastra es huérfana

de los pies y el ciego de la luz.

Quedarse huérfano

no fue en vano, siempre hubo un fin, una prueba.

La vida te ocultó el calor de la madre

para valorarlo, la caricia

para saber del dolor, los adultos

para que nadie decida por ti,

te mostró los fantasmas que habitan en tu cabeza

y así saber realmente quién eres.

Un huérfano no eres:

eres la caricia misma, el fantasma, el guerrero,

la resurrección. Arranca de tu costado una costilla

y de ella fórjate una espada.

Llámala Voluntad.

Nadie podrá resistirse a tu lucha tenaz.

Serás un ser de piel dura;

por más que quieran borrarte no podrán.

Comprenderás que lo huérfano es una forma de estar,

un estado de ánimo contagioso.

  


 

 

Humo-sapiens

 

“La gloria, es dulce” me dice una voz.

No soy el héroe que buscáis,

valquirias de alas rotas, de rostros estelares.

Solo soy uno más

atraído por el imán de la tierra

del cual sin querer soy otro esclavo.

Pero a pesar de la noche que me oculta la luz

procuro seguir esos pasos

las huellas en el desierto

que tal vez, me hagan volver,

junto a esa que cocinando, y cantando

en bicicleta va pensando en mí.

¡Sí, señor!

No creo en el futuro,

creo en esas manos que se agitan al verme.

Solo conozco un camino: el presente.

Desconfío del destino

de mil rostros de espejos,

alma ingrata que engendra sorpresas.

Por eso me anticipo a sus desgracias

disfrazadas de carnavales,

lo remedio con volver a intentarlo siempre.

Soy la hormiga que sube la montaña

tras una miga de esperanza

y soy la oruga anillada que medita cual Buda

en su bola de lana, tranquilo y tibio.

Seguro como el feto en el útero de la madre.

¡Sí, señor!

En el fondo es todo lo que busco:

Ser protagonista del sitio que ocupo.

La verdadera gloria es identificarme

como humo-humano,

si al final eso es lo que soy.

Subir, subir alto

y desaparecer…

 

 


 

 

Interesado

 

Ella era tan fría conmigo…

Y a mí eso me gustaba.

Porque solo la quería

para enfriar mi cerveza.

 

 


 

Cristian David López nació en Lambaré, Paraguay, el año 1987.

Es narrador y poeta. Escribe en español y guaraní. Tras residir un año en Argentina, actualmente vive en Oviedo donde participa en diversas actividades culturales.

Ha publicado Poemas del exilio (Universos, Mieres, 2010) y ha sido incluido en la antología Tempus Fugit (Círculo Cultural de Valdediós, 2011). En 2012 ha editado y traducido con José Luis García Martín, Guarani purahéi / Cantos guaraníes (Gijón, Impronta, 2012).

 


 

 

La presente edición de cuatro poemas de

Cristian David López, 

ha sido depositada en la Red

a los  doce días  

andados del mes

 de enero

del  año 

dos mil 

doce

.