Genaro Ortega Gutiérrez

 

A uña de caballo


 

 

1.    

TRAGANDO  POLVO

(LLAGA  LUMBAR)

 

 

Instalado en vivencias "ex aequo",

juras

y perjuras

no dejarte llevar por un entusiasmo

demasiado radical.

El descenso hacia los fondos del abismo arrastra

el hollín, el nácar y la blonda

de aquellos valores del pasado.

(La belleza olvidada en alguna estación).

Se sabe que el que anhela el olvido

se expone a convertir en norma

la euforia del fuego.

Y no es fácil

añadir algún resentimiento nuevo

contra el alba,

alguna utopía que excluya el parpadeo de los sueños

definitivamente rotos.

Se puede seguir fingiendo,

encerrado en el más estricto espacio pensionista.

Se pueden decir muchas cosas

para no dejar cabos sueltos.

 

 

2.

EL  OJO  DEL  HURACÁN

 

 

Gracias a la generosidad de la lluvia

has mesurado esta tarde

los extremos recónditos del jardín:

un fotograma en blanco y negro.  Lentitud

que ennoblece la llanura del plano

y te convoca a la calidez

de otra historia, reduciéndolo todo

a su última pasión nefanda.

Como un amor adolescente

o un atentado terrorista,

en cuya gravitación se mueve, inexorable,

la palabra que conspira

-desalmada-,

puesta al servicio de unos dogmas

que buscan equivalencia

entre el espíritu y la forma,

entre el amanecer y el mar.

Quizás,

después de todo,

la verdadera poesía está

fuera del tiesto.

 

 

3.

MÚSCULO  DÉBIL,  JAZZ

 

 

Al cabo de los años

seres milagrosos e inexplicables

se te han hospedado en la memoria,

más allá de las apariencias,

más allá de las convenciones sociales.

Ellos son, a menudo,

el fondo mismo de "los inconvenientes",

los álamos que han dejado

su pompa y su circunstancia al margen

y te inyectan el deseo

de inmortalizar los viejos héroes

del día.

Lo cual no obsta

para estar dispuesto a mascar las raíces

de unas páginas admirables,

tan ajenas y a la vez tan próximas:

partículas elementales de la mañana estéril.

Te refieres

a la pescadilla que se muerde la cola,

todavía,

al cabo de los años.

 

 

4.

ERUPCIÓN  CUTÁNEA

 

 

Es en la pureza,

en la vecindad botánica de las palmeras enanas donde

invocas difusos conflictos con la métrica y las formas

académicamente perfectas.

En la cuerda floja del equilibrista,

donde se juegan el sueño los ángeles

disipados en humo y cenizas exteriores.

Pero sobre todo,

en la renuncia

a un lenguaje que remite al deseo de alimentarte

exclusivamente de lirismo.

Cielos

al rojo vivo,

por un territorio exento

de reproches en que los grandes astros

se han ido incorporando lenta,

muy lentamente...

 

 

5.

REDENCIÓN  DE  LA  LENGUA

 

 

La rosa es real;

la rosa es el mismo ser de la sombra,

pues lo duradero es fondo,

y ese fondo que recogen los labios

es la memoria,

la figura,

las cicatrices de la rosa.

Ella

no se agota en la calidad de los vientos

que destrozan coronas: se alimenta,

insaciable, de la fragilidad que anida

en la hora augural de la nueva noche.

Y contempla.

Sobre todo, aguarda.

Porque si no, no tendría nombre

la presencia,

la distancia,

el susurro,

ni la gota que resbala por su cuello.

 

 

6.

MONOTONÍA  DEL  TACTO

 

 

Nada, o muy poco,

trae consigo esta lluvia.

Un almanaque

de recuerdos que has logrado convocar, envilecido,

en lo magnético y lo geométrico

del pequeño jardín,

bien medido, bien rimado.

(Cada teoría tiene

su arquetipo,

al  que presta su justa encarnadura la fatiga,

la ebriedad,

el terciopelo

de algunas rosas).

Todo por abandonarse

a la deriva de los elementos,

al índice de la flecha,

sin ningún reparo ocasional,

con fiebre, con ansia de gloria.

Tu ebriedad

es tu música, tu adjetivo.

Los porcentajes vienen a tener un fin idéntico:

confesar el horror

ante los intersticios del ser,

los flacos hemistiquios de la memoria

y las gotas.

Juegas

a dejarte libre.

Ellas te van conduciendo.

 

 

7.

PUNTAPIÉ

 

 

Todos los indicios advierten

que la que se nos echa encima será

una tormenta terrible, resplandeciente;

una vedija de frío sin carmenar,

una cicatriz de gozo,

una red para las redes.

Sólo cuando no es posible acogerse

al sentido práctico de las flores, el aroma

declara su estirpe, y la metáfora

rellena el vacío que la lluvia ha dejado

entre las hojas.

¿De dónde quitas

y adónde pones?.

Quisieras considerar en esa perspectiva

tus camisas tendidas, su estruendo

de sonrisa blanca,

de árbol milenario, casi,

dispuesto a persuadir imágenes,

palabras,

que te unan al objeto del entusiasmo.

Tal vez, antes de tiempo,

un soplo artístico te acerque al sótano,

cloaca o cárcel

donde tienen origen los fuegos de primavera.

 

 

8.

PARADIGMA  DE  LAS  PATAS  DE  GALLO

 

 

Lo fácil es establecer comparaciones

con el emboscado silencio.

El silencio

no es cosa de esquivar en los labios,

como ríos que vienen de la cima del mundo.

Lo fácil es abandonarse

a ese instante, mortal

en el templo de la carne,

que te acaricia con sus párpados

y te crucifica con su cereal hermoso.

Lo eficaz

es acompasarte al movimiento circular,

y aferrar con las dos manos el timón

donde todos los ecos

deberán florecer definitivamente.

Lo malo es haber venido a nacer

en esta oscuridad luminosa,

apéndice de lujo

de tardes fingidas en el agua,

secreta,

según confirman los cien espejos vueltos

de la casa.

 

 

9.

PIE  PRIMITIVO

 

 

Vuelves, más que nada,

para continuar, inexorable, esta cabalgata

de silencio y polvo,

de memoria y laberinto.

Ciclos donde el tiempo

corre en sentido contrario

y las manecillas del reloj son la lógica invención

de un sueño sin ataduras.

Incluso podrías convencer

al solitario mojón de las ventajas que depara resbalar

por la sensualidad de la lluvia

y el erotismo amarillo de los fuegos estivales.

Regresas, sobre todo,

obedeciendo a un fuerte impulso de conciencia,

consiguiendo, eso sí,

salir al mundo con una alacridad magnífica,

de gaviota contemplativa

del azul.

 

 

10.

PAISAJE  PARA  GARGANTA  Y  CUERDA

 

 

No pegas ojo,

ni te internas en galerías

de lunáticos minotauros.

La vista reposa en los planos de color

como en los descansillos de una escalera,

y se reúne, con las demás flores en el patio,

fino igual que una puntada.

Son figuras de agua

que se devanan en superficies de azogue,

hermosas, resplandecientes,

como una gata en una covachuela.

Y al fin, la voz,

dejándose envolver en la ligereza de la luz,

herencia de párpados inicuos

y brumosas noticias de última hora.

 

 

11.

HILOS,  CABELLOS,  TEJIDO

 

 

Ya no vale la excusa del perfil abierto

para sepultar la carne arracimada,

ni someterse al ritual

salvaje de las evidencias.

Sobre todo cuando es ocioso

cumplimentar los expedientes de crisis

en la mañana intacta,

y el escorzo infantil con que olvidar

la nieve se te ha quedado solo

en el bolsillo.

El puro rigor literario

se te muestra más bien desnudo,

hoy,

mientras planea la luz invernal

sobre la mesa revuelta de trabajo.

 

 

12.

AZUL  EN  EL OMBLIGO

 

 

Pocas cosas

más elocuentes que los silencios de las gárgolas,

cuando las noticias meteorológicas

confirman una tendencia imparable

de fatuos relámpagos,

si flamean las rodillas y la lengua demanda peces,

pues no es extraño que sean

otros labios cercanos

quienes cultiven la semilla robada a la noche,

su madurez preinstalada

como voz que rebota por dentro

-aún lectora tardía-,

y sale al paso del trueno

o crece en elasticidad.

El ojo de la aguja.

La mirada de la aguja.

Los belfos del viento por las arcadas.

 

 

13.

ERUPCIÓN  NASAL

 

 

Un buen día, las cosas

se fueron por otros derroteros,

y el vientre se te quedó

tapizado de polvo y de desidia.

Las circunstancias que envolvieron

tu embelesamiento

te colocan en el umbral de un prodigioso

y complejo retablo, donde las palabras

curan la pasión

como cualquier otra deformación profesional.

Acaso la extraña actitud,

tu gallardía de entonces,

se debiera principalmente a los efectos benéficos

de la brisa serena y celosa

sobre su busto.

Ya está.

Aclaradas las cosas,

no hace falta ir más adelante.

 

 

14.

INTENSO  CULTIVO  DE  OJERAS

 

 

Solemne desgranas

la contenida fascinación por las sombras, racimos,

que jamás serán capaces de apresar

el infortunio del otoño,

el himno tan guardado.

Banderas recónditas, pero implacables,

que abren las ventanas de par en par

y establecen un contrapunto de delicadeza

y malicia.

Luego

has ido fermentando

argumentos de esplendor feliz,

sutilísimas veredas interiores,

limítrofes con el sueño.

Arroyos

que destilan esperanza

en un diálogo interminable

con los vidrios del ajuar, cerrado.

(Alguna vez

los símbolos -erre que erre-

fueron un modo singular de resistencia).

 

 

15.

VIDA  ÍNTIMA  DE  LA  PLEURA

 

 

Obligados a abandonar

muchos sueños ya rotos para siempre,

con rotunda claridad,

velan los ojos.

Prácticamente

sólo se ha quedado la playa con un catálogo

de aves y castillos,

por el que la lluvia estaría

encantada de ofrecer una considerable recompensa.

Por lo más hondo de su descampado tímido,

de condición angelical,

extiende su cortina el sol,

que por momentos dobla meticulosa y efímera

eternidad.

 

 

16.

TALÓN  DE  AQUILES

 

 

Lo escuchas desde la orilla remotísima

de la lluvia, aunque la piel

estremecida se te levanta en llanto

y las palabras danzan

en el vértigo herido de tu esqueleto.

Lo oyes con los ojos,

como algo antiguo y perenne que es,

por sí sólo,

un sistema válido de correspondencias

entre la calidez de la piedra

y la distancia del sentimiento.

Que a lo mejor son amargas circunstancias,

pero configuran una personalidad compleja.

 

 

17.

FALO  DE  AYER

 

 

Profanas candelas te conducen

permanentemente a callejones sin salida,

huecos donde pierden el perfil las caricias

y la sombra aborrece la salada fluidez

de la almendra.

Básicamente

es el viento quien esta tarde

pone el dedo en la llaga,

consciente

de su poder evocador de bramidos y naufragios,

cuando empieza a narcotizarte

la rutina, y los sonetos

no aportan un grano de arena al espejo

que se encorva al final del pasillo.

!Qué lujo hubiera sido

poder atisbar ese mar azul,

jardín de flores mestizas

con los estambres cargados de polen

y el diálogo siempre en clave!.

 

 

18.

MAZORCAS  Y  NO  BOCAS

 

 

Es preciso romper

el tabú de la intangibilidad de la poesía,

ungir con óleo amarillento

sus llagas tendidas, inmediatas,

y que cese el goteo de las horas

en el patio.

Versos

entendidos como un arte de seducción

indisoluble de sus paisajes, extraviados

por el mapamundi de los acontecimientos.

Palabras de fuste

que han quedado varadas

en el lodo del camino.

Poemas

que tiemblan del mismo modo

con que nos crece dentro la enredadera de un viaje,

o el óxido descalzo de los hijos muertos.

 

 

19.

PÁLIDA  PUPILA

 

 

Como continentes inexplorados,

transfigurados por la mirada,

los ojos visten, hasta el infinito,

la dialéctica desnuda

de la nostalgia.

Embates de deseo que a veces te acercan

al borde de la sima,

a esa pulpa iluminada donde resucitan

los temblores más inverosímiles.

Huecos solemnes,

jardines destartalados,

edificios aquejados de abandono.

Y Joyce, Kafka, Faulkner,

agazapados fantasmas

por la nave deleitosa del patio,

tímidos

arquetipos trágicos que denotan una mentira

profunda.

 

 

20.

VÍSCERAS  SIN  SUEÑO

 

 

Puestos a desmitificar

los elementos románticos que acompañaron

aquella pequeña historia,

deberías obligarte a vaciar de recuerdos

las calles sombreadas por la lluvia

y el cansancio.

Libre al fin

de la tarea harto fatigosa

de encajar perfectamente en los axiomas aprendidos,

sometido al número siete,

palpita muy cálido el corazón.

 

 

21.

CON  LAS  CEJAS  POBLADAS

 

 

Lo mires por donde lo mires

el fenómeno es siempre el mismo:

muros ante la soledad

que corren riesgo de hundimiento

en los días plañideros.

Ruina, araña y polvo.

Noches trazadas con líneas borrachas,

en las maderas que sopesan

lo ofrecido con lo tomado

y velan.

A veces, sin embargo, aparecen

minúsculas invenciones,

-llueve sobre mojado-

la sustancia de ese adentramiento que es

la hora más difícil.

(Tú sabes apreciar estas cosas;

nobleza obliga.)

A menudo, están al alcance de la mano,

entre la espada y la pared,

primeros geranios del balcón

que despiertan un legítimo delirio,

legendario.

El tópico se hace realidad cuando

el examen consiste en crear espacios ilusorios,

postales, billetes, grifos y muñecas.

Tiovivos salidos de tu boca

en el patinaje silencioso de los sueños

y las vidas,

rutilantes, como rosas

sobre terciopelo negro.

De la seria hostilidad de los ritmos

para perder los papeles y las formas

ya tienes factura.

 

 

22.

LUNAR  EN  EL  HOMBRO

 

 

Someramente

queda devastada y amarga la memoria

como el interior de una flor

donde un sátiro

ha descubierto los rápidos pespuntes del agua.

Un silencio dramático

camina por los vasos comunicantes del exterminio,

por los senderos

donde nuevos amantes desarrollan

su lenguaje de ruina, escarnio y trance.

La palabra, por las capas infinitas,

-inmóviles- de los acontecimientos

encarna la subversión de una anécdota atractiva,

una pausa en la zona de peaje,

la formula

magistral de una monotonía exacta.

Ligeramente/someramente cocida

o cruda, la apariencia

(sinónimo de sinfonía)

puede engañarte mucho.

 

 

23.

TIRÓN  DE  OREJAS

 

 

Poco a poco

has tenido que ceder a la tentación de los recuerdos,

a la tenue posibilidad de huir y revelarte

con alguna garantía de éxito.

Éxito

para sacudir el árbol veneciano

de la pasión que engendra la armonía,

la combinación nómada de las rosas,

la cristalización de una época;

en cierto modo,

un baile de palabras,

un juego de labios,

prácticamente nada.

Una suave y familiar hojarasca.

Un esfuerzo admirable y patético

que se resuelve en polvo.

Tú quisieras añadir a su argumento

unas gotas de láudano esportillado

y mantener siempre la misma posición

labrada en largas noches

de insomnio y cine.

(Al fin y al cabo,

los períodos azules

afloran mejor en septiembre).

 

 

24.

PAUSA  EN  LA  ZONA  DE  PEAJE

 

 

Reeducas la mirada y te aproximas

a lo que significan

los reflejos del sol sobre el trapecio.

Mirada

de testigo directo,

que no se atreve a recortar una realidad

deliberadamente contenida en las llamas de marzo,

su inclinación revolucionaria.

(Se apoyan unas en otras:

se convierten en una especie de voladuras

que contribuyen a intensificar la atmósfera,

sus interioridades).

Sobre el humus del último bosque hay

ojos que aguardan ser olvidados.

 

 

25.

CRÓNICA DE CANDELAS QUE SIGUEN SIN RESPONDER EN VIRTUD DE DIRECTAS O INDIRECTAS RAZONES

 

 

Pues tal vez

todo resulte,

sencillamente,

un inmenso malentendido lírico.

 


 

La presente edición electrónica de A uña de caballo,

de Genaro Ortega Gutiérrez, realizada 

Portal de Poesía, ha sido 

depositada en la Red a

los veinticinco días 

andados del mes  de 

octubre del  año 

dos mil 

tres

.