Antonio Redondo Andújar

 

LA MUERTE DE ATALA

(Girodet)

 

 

 

Esa cruz en lo alto, Atala, te ilumina.

¿De tal forma la amas que prefieres morir

a fundirte una vez en brazos de ese hombre

que ni siquiera muerta desea abandonarte?

Nada tiene de hermoso ni, menos aún, de puro

despreciar los placeres que te ofrece la vida.

El cuerpo que negaste a un desdichado amante

lo cubre únicamente un ligero sudario.

¡Qué triste que esas formas que, bajo él, se insinúan

ahora pertenezcan a esa cruz y a ese monje

cuya misión fatal es darlas a la tierra!

¿Y qué será de aquél que, cerrando los ojos,

permanece aferrado al cuerpo de su amada

con vencida dulzura, pues han asesinado su deseo?