Francisco Javier Torres

 

 

 

Más al Sur

  

(y algún otro poema más)

 


 

“…y uno que entendiese tan poco como

yo, sentía latir la vida más allá.”

 ELIAS CANETTI

 

 I  MÁS AL SUR

 

EN EL TALLER

 

 

El trabajo aquí no falta nunca.

Yeserías de todos los colores y azulejos vivos

que serán parte ínfima de cualquier mosaico

en la medersa o la mezquita misma

se amontonan junto a los pedidos.

Mucho que hacer, sí,

mas su destino no es tan noble como el de antes

cuando este pobre material se unía

al ónice o al mármol.

Yo trabajo aquí desde hace tiempo

junto a seis de mis hermanos más pequeños,

no está mi padre ya para labor tan minuciosa.

Al taller se acercan a menudo

gentes exóticas para sacarnos, no sé por qué, algunas fotos.

No me importa,

son amables y siempre dejan monedas

como algo de propina.

 

 

EL MERCADER DE ALFOMBRAS

 

 

Hoy mismo he recibido

la última alfombra que tejieron en la aldea,

exquisita maravilla que espero vender bien

pues sé de su trabajo y lo merecen.

La lana, viva y clarísima, tiene una calidad inusual.

No puede ser de otro modo conociendo

la fina hierba con que alimentan su ganado

y las aguas cristalinas donde abreva.

Creo que a ésta sí podré conseguirle un buen precio.

Como otras veces, quién sabe de su destino.

Irá a adornar el salón de algún ministro

la villa de cualquier turista acaudalado.

Es una pena, tan hermosa, desprenderse de ella,

pero necesitan el dinero y yo no voy a defraudarles.

 

 

EL GUÍA

 

 

Durante generaciones se dedicaron mis hermanos

al pastoreo. Estación tras estación

conducían sus rebaños buscando buenos pastos

sin parar, más que lo justo, en ningún sitio.

Los corderos, las cabras eran su riqueza,

y los cuidaban bien:

sabían exactamente lo que representaban.

Ahora todo es distinto. Pero a pesar de ello,

no entiendo por qué llevo tanto tiempo aquí

vistiendo vaqueros y esforzándome en conocer el alemán.

Tal vez me marche pronto

para hacer lo que hago en otro sitio. Lo que hacían.

 

 

EL TENDERO

 

 

Mi nombre es Alí o Abdallah

o Mustafá.

Y ése es el nombre de mi padre y el del padre de mi padre.

Ellos me enseñaron el olor de cada raíz del desierto,

sus usos. Aprendí a mezclarlas adecuadamente,

a hacer estos ungüentos que hoy vendo en la medina.

Sé distinguir las distintas clases de almizcle

que podría obtener viendo sólo al animal

y qué cantidad de azafrán cabe en un gramo

sin necesidad de peso; extraer la esencia del azahar,

de las más perfumadas y hermosas flores…

Siempre hice lo mismo.

Aún soy joven. Si me aplico podré pronto

ampliar el negocio a otra ciudad.

 

 

EL AGUADOR

 

 

Los labios que se acerquen a mi cazo

sanan o irremediablemente mueren:

tanto bien atesora el cobre (y tanto mal).

Antes, mucho antes de que ellos viniesen,

se acercaban mis hermanos con frecuencia.

Hoy, angustiado y solo, pues se han vuelto cobardes,

vendo el líquido, y yo me vendo,

a los demás únicamente

por ver si un rayo de verdad los parte.

 

 

EL ÁRABE

 

 

Junto a esta altísima columna

hundida en la memoria espero. Yo también,

como ella, miro siempre

a los que entran y salen de la ciudad

que fue divina, a los que pasan sin detenerse.

Ignoro por qué van todos tan deprisa,

qué les urge. ¿No saben acaso que, como ella,

es inextinguible el tiempo?

 

 

NOCHE DE FIESTA

 

 

Como flexible rama que rozó el viento

muevo el talle estrecho, la opulenta cadera

al son de la incesante música.

Nadie, como creo que dijo un poeta antiguo,

ha enjugado en mi túnica

la sangre de sus ojos todavía.

Es como la rosa. Y en su cuello puse

un brocado hermoso de verde tafetán.

Yo misma me siento hermosa y por eso bailo,

para que vean mi tez no muy oscura y mis manos regordetas.

Nadie aún se ha fijado en mí,

mas confío en el dulce manto que la noche

arrojará muy pronto.

 

 

EL OBSERVADOR

 

 

Está Damasco ardiendo frente a Roma

mientras vuela un pájaro en la tarde

hacia el agua mansa,

mientras sucumbe el bárbaro a su hechizo.

Él sabe que sus muros

albergarán fervientes otro credo,

que la inminente ruina no será esta vez tanta.

Pero arde y sus mármoles se funden

de nuevo con el brillo del azul y el rosa

cuando patios, balconadas, columnas resecas y naranjos

espigan ya hacia el festín de fuego,

ajenos a quien pueda evitar esa llama

con su llanto vano.

 

 

II ALGÚN OTRO POEMA MÁS

 

 

LA LEY

 

 

Porque está gris el cielo aquí en el balcón

del continente viejo y se enturbian las aguas

de nuestro mar, me traigo a las manos la idea

de que debo ser yo el que muera en tu nombre,

el que primero muera.

Hace frío en este mirador del mundo,

en este mirador de los vientos del mar

y de la mar profunda, tan helada como ahora

mi corazón pensando en el dolor que cause

el ser tú más veloz que la naturaleza,

en que se altere el orden natural,

la ley no escrita y me abandones.

Serán todos los días semejantes

y una espesa bruma subirá de la nieve

del mar a posarse en las barandas y los bancos.

Y yo veré cómo las palmeras extienden

sus brazos hasta el suelo gimiendo y lamentando

seguro la escasa vista que dios tuvo al permitir

la legitimidad del porqué en los hombres.

Serán todos los días semejantes a éste

si tienen los pasos que llevarme

hasta donde reposas por la empedrada senda,

confundido con todas las sombras de tu mundo,

con las gaviotas a las que tanto odio tengo

y algunas flores ya marchitas. No es vida, no será

vida. Por eso, por eso tienes tú que sobrevivirme.

 

 

IMITACIÓN A LA VIDA

 

 

Tu mano tiendes temblona hacia el estante

aquel donde la planta cuelga.

Yo te sostengo, yo te elevo, ya te acerco.

Y rozan rápido los dedos su rostro tierno

como el tuyo, la pellizcas, mulles sus mejillas

mojadas y el júbilo se dibuja

en tus labios vivos viendo como cede,

se troncha, se marchita, se hace gachas

y se muere.

 

 

EL ASEDIO

 

 

Hoy, conforme oscurece y se posa

algún pájaro en los flecos quietísimos

de las palmeras, detrás de las voces

últimas de los pequeños, de algún

paseante inesperado, de algún

reflejo último desvaneciéndose,

vienes para asaltar mis muros

con un libro de poesía en las manos

(no sé si las mejores mil o las doscientas,

un dato que carece de importancia).

Y pienso en lo poco que me conoces todavía.

Tal vez creas en la victoria

con varios versos y un ambiente lírico,

pero ignoras que son tus manos

las que sí podrían vencerme solas,

alejando esta vida de la literatura.

 

 

LEYENDA

 

 

Si de cuantas palabras tú me diste

aquella tarde pudiese aprovechar una

siquiera… Podría decir “centauro”, y el animal

se vengaría de su naturaleza humana.

Tal vez “héroe”, pero ya no es posible.

Una palabra moderna, “polideportivo” quizás,

y sólo sugerir la olímpica desazón que produce

tanto saber para la nada.

Otras hubo de igual rango que iban deshaciéndose

a pesar de su esmalte

conforme tú las pronunciabas con voz deleble.

Mas creo que era la que no dijiste,

la que está al fondo de las líneas con sentido,

la que quise oír aun sabiendo lo poco que conseguiría.

Ahora dudo de que su invocación, después de oírte,

resulte ya en sí misma provechosa.

Por eso, aunque  a sabiendas, tampoco yo la nombro,

pudiera ser que así tuviese pábulo el misterio.

 

 

SOMBRA DE LO QUE FUE

 

 

Pasabas el tiempo hablándome

del movimiento cíclico del agua,

cercanos, diminutos, de aquellos pájaros y de su canto,

cuando no de amantes, de por qué salen en otoño.

Y el mar y el amor y las aves

venían a los ojos siempre abiertos.

Oír cómo nombrabas tú las cosas

el aire mismo era hecho figura.

Cada matiz que añadías, cada voz,

una densa y nueva claridad

cobraba de tus labios.

Sí, gozoso atendía yo a tus explicaciones entonces,

como a un espejo que embellece y levanta

su velo a la hermosura de esta tierra.

Hoy sin embargo, noto tu discurso

como algo que balbucea y que no entiendo

y que provoca en mí

la desazón de los primeros pasos.

Me enseñaste tú

lo que en las cosas hay de verdad

¿por qué ahora callas?

 

 

A VISTA DE PÁJARO

 

 

Pero es

más hermoso el mar con esta bruma,

con esta luz que no abrasa

el demorado vuelo entre las avecillas.

Solitario, directo, acogedor

de las algas, el plancton, la medusa.

Quiero romper ahora su cristal de nieve,

precipitarme en él como una más

que busque su alimento en la frialdad del agua.

Un cuerpo meteórico y alado soy que se hunde

en lo ajeno siempre, vez tras vez,

como Tántalo,

y vuelve a su espacio luego.

 

 

HERALDOS

 

 

Hoy vino sin necesidad el frío.

La nieve no, no viene a unos metros del mar,

está siempre en lo más alto, no va

a donde sepa del fin o del inicio.

Vino su heraldo.

Como la lluvia, como el viento,

es un heraldo de la nieve

que hoy vino sin necesidad

pues han pasado ya sus días.

También los míos pasan

y alguna vez, seguro que a destiempo,

han traído anuncios luminosos

sobre otra nieve

que pocos ven y que a menudo llega

a unos metros del mar sin ser preciso.

 

 

EL TAPIAL

 

 

Al resguardo de Berceo ponerse,

de algún pasaje a veces olvidado y viejo

donde antes ya estuvieron otros.

En las rimas y moralejas de Juan, el arcipreste amigo,

el socarrón hermano; en los bálsamos

de Luis de Granada o de Luis de León,

que ambos curan, que ambos son contemporáneos míos.

Que son la guarda, el tapial firme

donde guarecerse cuando al otro lado hiela

y no hay nada, ni frases ni conquistas.

Detrás también del rumor de un pájaro,

de la nieve reciente o de la arena

alisada por el vaivén del mar.

En estos sitios donde alguno se oculta siempre solo

para olvidar que al otro lado duele:

que es el aire el dolor en este lado.

 

 

Todo he perdido de la infancia

                                    G. Ungaretti

 

 

Viene a veces envuelta en el olor

que produce algún instante vacío,

con el holgado tiempo transcurrido también.

Se presenta sin piedad y fugaz,

lamiendo otras heridas.

Y la evito ya siempre porque hace demasiado

que no es bálsamo, que no sirve de nada

aunque lance su barniz sobre  la vida.

¡Oh mi infancia!

Todo he perdido de la infancia.

 

 

CASA DEL ARTESANO

 

 

Tal vez no pueda hoy yo quedarme,

pero es preciso

que la claridad de lo creado

en esta casa, en estos cuartos,

me acompañe.

Que conmigo esté donde yo esté,

donde vaya, y sea bálsamo.

Porque lo ha sido a bocanadas.

Porque pieles y cartones y tórculos,

yeso natural, verde oxidado,

índigo, cobalto, tierra, estuco

lo han sido cuando en ella anduve.

Sí, tal vez no me pueda quedar más

en esta casa.

Mi corazón por eso ahora estoy posando

donde su luz me tenga para siempre.

 

 

CROMÁTICA

 

 

para Norma Landels

 

 

Olvido el azul de la tierra ahora

cuando escucho el rumor limpio y celeste

de los azules tuyos que no existen,

que se alejan de mí como este mar,

este imposible cielo intacto tuyo.

Y voy también hacia tus verdes luego

por si entendiera el corazón su dicha.

No alejes más la fronda de las flores,

ni el viento que las mece esta tarde;

no más tu bálsamo de seda,

la magia que a posarse al lado viene

de todos los colores tuyos (tan suaves...

como el recién nacido que uno es cuando aparecen).

 


 

 

La presente edición electrónica de 

Más al Sur (y algún otro poema más),

realizada por Portal de Poesía, 

ha sido depositada en la Red

a los  treinta días  

andados del mes

 de junio

del  año 

dos mil 

cuatro

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