Víctor Jiménez

 

 

Breve antología poética

   

   


 

 

 

LA TARDE se ha vestido de tristeza

con un sayo de nube sin costura

y esta humilde, plomiza vestidura

la envuelve con su aroma de pobreza.

 

También su corazón tiene certeza

de esta severa y lóbrega amargura,

cilicio que le ciñe la cintura

sembrando de penumbra su pureza.

 

Sobre el tálamo rojo del poniente

un viajero de oro, enamorado,

a la tarde dejó de sombra encinta.

 

La tarde se gangrena lentamente

como la herida en guerra de un soldado.

La tarde va anegándose de tinta.

 

 

(De La Singladura, 1987)

 

 

PUENTE AÉREO

 

 

Como raudas torcaces invisibles

uniendo con sus alas lejanías,

sobre la mar brumosa del olvido

mis pensamientos cada noche cruzan

el tiempo que separa, para siempre,

nuestras islas hundiéndose en las olas.

En sus anillas llevan temblorosos

mensajes que son brasas, que son labios,

que son besos soñados hondamente.

Si alguna vez, ilesa, una paloma

alcanza las arenas de tu pecho,

por los veneros de mis venas suben

pleamares de incendios y de soles.

Otras veces, perdidas, su destino

no es otro que las garras del azor

de la desesperanza y la tristeza.

Mas qué importa morir en la penumbra

cuando nada se espera ya del día

y un recuerdo es tan sólo el horizonte.

 

 

(De Cuando venga la luz, 1994)

 

 

COMO LUMBRE

 

 

Con la luna has llegado hasta el umbral

sin que a tu voz ladraran mis mastines.

Segura y fácilmente

has abierto la puerta

de mis ojos,

como si siempre hubieran sido tuyos.

Luego, en silencio -mientras iban

cayendo

              una

                      a una

todas tus prendas en el suelo-

el lóbrego pasillo que sube al corazón.

Y, por fin, has entrado

desnuda, como lumbre.

Con las manos abiertas

yo te esperaba en sombra,

solo en la soledad de mi vigilia.

Y encendiste la luz con sólo un beso.

 

 

( De Cuando venga la luz, 1994)

 

 

AHORA que me estaba acostumbrando

a ese sabor sombrío del olvido,

y lo mismo que el sol entre las nubes,

para endulzar mis labios con los tuyos,

apareces de súbito en la puerta

de la cafetería adonde vengo

a olvidarme de ti leyendo el diario

mientras me desayuno, sorbo a sorbo,

con el negro café de cada día.

Dime, amor, si no vuelves, cómo voy

a tomarlo mañana tan amargo

cuando hoy me pusiste tú el azúcar.

 

 

( De Apenas si tu nombre, 1997)

 

 

 

ACASO estés ahora

en una habitación desconocida

de una fría ciudad

a más de mil ocasos de distancia

y al acercarte a la ventana, sientas

el abrazo desnudo

de una cálida brisa. Y te preguntes

por qué tu piel se enciende en llamaradas,  

cuando afuera se posa en los tejados  

el bando de palomas de la nieve.  

Y es que nunca sabrás, muchacha, adónde

puede llegar, en una lenta tarde

desolada y lluviosamente triste,

el aliento olvidado de un latido.

 

 

( De Apenas si tu nombre, 1997)

 

 

EL COLOR DEL DINERO

 

 

He puesto cuanto tengo a plazo fijo,

y renovable por el tiempo

que Dios quiera, en la nueva sucursal

bancaria de mi calle;

que, tal y como están las cosas hoy,

es mucho desaliento para llevarlo encima

y demasiada sombra para tenerla en casa.

Así que, cada dos o tres

melancolías,

me paso por el banco donde

una hermosa muchacha

atiende en ventanilla

e ingreso mi salario

de rutina, reviso el saldo

de mi historia y retiro

una pequeña suma de ilusiones.

Para cubrir mis sueños semanales

me basta con mirar

el color del dinero

                              de sus ojos.

 

 

 ( De Las cosas por su sombra, 1999)

 

 

 

LA ARRIADA

 

 

Mana recuerdos tibios

la tarde de noviembre

mientras sobre la cama

me acostumbro a la muerte.

Acodado y absorto,

un niño, desde el puente,

contempla, al sol, las barcas.

Con ojos transparentes

el niño mira, y tiembla

el agua en las paredes.

Con las aguas del río,

del mar y de la fuente,

con las aguas del cielo

lo que se fue nos vuelve.

Sigue lloviendo y sigo

haciéndome a la muerte.

Con la lluvia verdean

los recuerdos de siempre.

Humeante y veloz

pasa un tren bajo el puente

y en su estela de humo

a lo lejos se pierde

sin dejar lejanía.

En mi pecho inocente,

de niño, qué milagro,

qué alegría, qué suerte

no saber cuánta vida

se nos va con los trenes.

Y después, cuánta lumbre

apagada en la nieve.

Como un perro de sombra,

¿quién una, algunas veces

no dejó vagabunda

el alma en los andenes?

Se empañan los cristales

del recuerdo. Me vence

el sueño. El niño va

cayendo en la corriente.

Nada. Nada después

más triste. Lentamente,

en las aguas del tiempo,

como el gozo fue hundiéndose.

La lluvia va amainando,

apenas casi llueve.

 

 

( De Las cosas por su sombra, 1999)

 

 

EL CUADRO

 

(Gaspar Melchor de Jovellanos,

por Francisco de Goya)

 

 

Como un lento, oscuro, inmenso

mar que anega el corazón,

crece mi desolación

hoy, más cuanto más lo pienso.

Tan débil, tan indefenso

me hallo ante la soledad,

la responsabilidad,

los ataques, las intrigas...

Y carcomidas mis vigas

por la pobreza y la edad.

Y la sombra me aniquila.

No me queda ni la lumbre

del amor ni mi costumbre

de vida dulce y tranquila.

Sólo la luna vigila

el enjambre de mis sienes.

¿Y me dices tú que vienes

a pintarme? Goya, amigo,

si aún te vale este mendigo

de la dicha, aquí me tienes.

 

Deja, Gaspar, encendida

la luz de la inteligencia.

Ignora toda presencia.

Acomódate y olvida

cuanto no sea tu vida.

Y ahora al fin, amigo fiel,

que, para siempre, la hiel

más honda de tu amargura

se funda con mi pintura

en la llama del pincel.

 

 

( De Las cosas por su sombra, 1999)

 

 

LA DICHA

 

 

Tal vez la dicha sea, entre otras cosas

cotidiana y hermosamente simples,

venir, como esta tarde, a recogerte,

a la salida del colegio, ¿sabes?,

y bajo el sol dorándose en tu pelo,

llevarte de la mano y sorprenderme,

como si del olvido regresara,

de ver que ya me llegas justo al pecho

y de lo mucho que a ella te pareces;

y al aire nuevo de la primavera,

pasear por el parque y de palomas

llenarme el corazón y la mirada

cuando alegre me cuentas que sacaste

un siete en Naturales y que Bea

te ha invitado a su fiesta de cumpleaños.

Acaso sea la dicha, como tú,

una niña traviesa que se esconde

detrás de una caricia o de la puerta

de esta cafetería donde estoy

merendando contigo mientras Laura

Pausini, tu cantante preferida,

se pregunta en estéreo ¿POR QUÉ NO?

 

 

 ( De Las cosas por su sombra, 1999)

 

 

LA VIDA

 

 

Del alba a la agonía

la vida es duda. ¿Acaso

pena? No viene al caso

hablar de la alegría.

 

Solo o en compañía

lo mismo, paso a paso:

mañana, tarde, ocaso…

y nada cualquier día.

 

Del alba a la amargura

hay tal vez lo que dura

sólo la primavera.

 

Después la vida pasa

de todo. Y no se casa

con nadie aunque la quiera.

 

 

(De Tango para engañar a la tristeza, 2003)

 

 

SAN BERNARDO 10

 

 

Donde hoy una ventana,      

hubo ayer una puerta

de par en par abierta

al sol de la mañana.

 

Donde hubo una campana

tocando a vida cierta,

hoy sólo se despierta

mi pena y se desgrana.

 

Ansiar tanto el encuentro.

Correr sin que se acabe.

Llegar bajo la luna.

 

Y está mi infancia dentro.

Y he perdido la llave.

Y no hay puerta ninguna.

 

 

 (De Tango para engañar a la tristeza, 2003)

 

 

EL ATAJO

 

 

No es que yo viva para la añoranza

ni que, a menudo, ande cabizbajo

pero, si alguna vez se viene abajo

mi corazón y pierdo la esperanza,

 

si retrocede la ilusión y avanza

sombrío el desaliento, no hay atajo

mejor, para ponerme a salvo bajo

el cielo, que volver a la bonanza

 

de aquella luz, de aquella primavera,

de aquel tiempo de sueños sin frontera

cuando nada se sabe de la muerte.

 

No es que yo viva para la memoria,

pero el agua de ayer me sabe a gloria

cuando mi corazón no está de suerte.

 

 

 (De Tango para engañar a la tristeza, 2003)

 

 

FLOR DE UN DÍA

 

 

Si siempre ha sido flor

de un día la esperanza

y hasta la piel que tocas

mañana será nada;

 

si todos somos nadie

y nadie supo nunca

que fuera más que sombra,

que fuera más que duda;

 

si ni siquiera sé

si aún nos queda tiempo,

¿qué me quieres pedir?

Para darte, ¿qué tengo?

 

Por no decirte amor,

dolor, ¿te digo olvido?

Por no decirte vida,

herida, ¿qué te digo?

 

 

 (De Tango para engañar a la tristeza, 2003)

 

 

 

ABRIL

 

 

Como la brisa apareció en la tarde

de aquella tibia calle con naranjos.

A mi encuentro venía lentamente,

como si no quisiera llegar nunca

o buscara quién sabe qué misterio.

Por fin llegó a mi altura y se detuvo

-justo cuando esperaba su pregunta

con ese rubio acento de ojos claros

que tienen las muchachas extranjeras-

a coger unas flores de azahar,

hasta entonces tan lejos, de tan cerca.

Después siguió despacio su paseo

sin mirarme siquiera, en sus asuntos.

Y me alejé sabiendo que yo supe

por ella que volvió la primavera.

 

 

(De Tango para engañar a la tristeza, 2003)

 

 

TANGO PARA ENGAÑAR A LA TRISTEZA

 

 

A la ausencia, al olvido, a la nostalgia

mi corazón les pone letra y música

de tango algunas noches, tú lo sabes:

veinte años no es nada. Aunque, a las claras,

bien sabe a quién engaña pretendiendo

engañar, como a un necio, a la tristeza.

 

 

(De Tango para engañar a la tristeza, 2003)

 

 

TABERNA INGLESA

 

 

En la vida hay lugares que te esperan

con la misma paciencia que los puertos.

Lugares en la niebla, ignorados lugares

que, justo a la distancia del asombro,

no sabes que te estaban esperando

hasta que un día vuelves inesperadamente.

Lugares imposibles de encontrar

si nunca te perdiste alguna vez,

si nunca te quemaste

por no jugar con fuego.

Son lugares que tienen

reservado el derecho de admisión

y prohibida la entrada al propio olvido.

Vespertinos, noctámbulos lugares

como este bar de copas

donde tu ausencia sale a recibirme

y me invita a tomar un ron con cola

en el rincón tan íntimo de siempre,

mientras suena de fondo Yesterday

y la nostalgia trae, como si fuera el aire,

tu perfume a jazmín no sé de dónde.

Lugares -tú lo sabes- que son cómplices

de cálidas miradas

que dicen, en silencio, tantas cosas…

Misteriosos lugares como éste,

esta taberna inglesa

donde habita el recuerdo

y, a veces, hace el tiempo un alto en su camino.

Un lugar en el mundo

donde todo es distinto, donde todo es tan tuyo

que tiene el ron de caña a medianoche

el sabor clandestino del beso de tu boca.

 

 

(De Taberna inglesa, 2006)

 

 

AQUÍ ENTRE SOMBRAS

 

 

Estar aquí tan cerca,

a la distancia de mi abrazo,

a la distancia de tu aliento,

y no poder tocarte ni decirte

siquiera una palabra

de amor o de deseo;

estar aquí a tu lado,

entre anónimas sombras que no saben

de esa dicha la media;

estar aquí contigo y no estar juntos,

como si ya no fuéramos nosotros;

estar aquí sintiéndote,

oliendo este perfume de otras tardes,

pensando cómo hacer 

hoy mía tu hermosura;

estar aquí mirándote y que vuelvas

la cabeza a otra parte y no me mires,

no sé si es tu estrategia,

no sé si es el olvido,

no sé… no sé si es que me estás o no

dando la espalda,

                            pero sí la noche.

 

 

(De Taberna inglesa, 2006)

 

 

PALABRAS EN EL VIENTO

 

 

Conversas con la soledad. Paseas

con ella por la calle. Últimamente

pasas de largo, huyes de la gente,

vienes y vas igual que las mareas.

 

Te veo hablando solo. Merodeas

por las habitaciones. Como ausente

te sientas. Callas, piensas, tu alma siente

que nada ya le importa quien tú seas.

 

Y vuelves a decirle a los espejos

que todo pasará como las aves,

que todo quedará mañana lejos,

 

que es tan sólo el amor literatura,

palabras en el viento. Mas tú sabes

que amar acaba siempre en amargura.

 

 

(De Taberna inglesa, 2006)

 

 

DICEN QUE LA DISTANCIA

 

Nos va separando el tiempo.

Tú siempre los mismos años

y yo los que voy cumpliendo.

 

  

(De Taberna inglesa, 2006)

 

 

ÚLTIMAS PALABRAS

 

 

Aquí están las palabras que dejaste olvidadas

en mi pecho y mis labios hace ya muchos sueños;

ignoradas palabras que no sé si algún día

leerás en un libro cuando yo esté tan lejos

que será de un extraño esta voz que hoy te llega,

esta voz de otro tiempo cuando tú eras la playa

para el mar de mis sombras. Las palabras desnudas

que encontré en esas horas eternamente lentas

de abandono y desvelos, de penumbra transidas

como una madrugada de soledad y frío,

cuando fado se vuelve el silencio en la noche

y le sale al encuentro el recuerdo a la ausencia.

Las últimas palabras te devuelvo. Los versos

que, sin querer, me diste hace tantos naufragios;

objetos personales que no me pertenecen,

que siempre fueron tuyos aunque no lo supieras.

Tómalos y haz de ellos lumbre, luz o ceniza.

Nada te debo ya. Y tú nada me debes.

 

 

(De Taberna inglesa, 2006)

 

LOS BUENOS ESTUDIANTES

 

 

 

Los buenos estudiantes tienen mala memoria.

A menudo, te cruzas con ellos por la calle

y siguen, sin mirarte, en sus asuntos.

Son ahora señores importantes:

médicos, abogados, arquitectos,

notarios, ingenieros, empresarios…

que tienen poco tiempo y pronto olvidan

que un día fueron tus alumnos.

En cambio, con frecuencia, cualquier tarde,

se te queda mirando y te sonríe

de pronto el camarero que te sirve una copa,

la joven dependiente de unos almacenes,

el técnico que llega y entra en casa

a reparar un electrodoméstico

o la cajera de un supermercado.

Y se da a conocer con gratitud

y te estrecha la mano con afecto

mientras recuerda mil anécdotas,

alguna que otra travesura

o lo que le costaba aprobar, con un cinco,

aquella asignatura. Y te preguntas

si no te equivocaste y lo sigues haciendo

en las evaluaciones. Y te dices

que, si fuera posible, si pudieras

volver de nuevo atrás, le aprobarías,

sin dudarlo y con nota, Humanidades.

 

 

                             (De Al pie de la letra, 2011)

 

 AMIGO

 

                    A Virgilio Campos, in memoriam.

 

Le costaba subir las escaleras.

Subía hasta las aulas lentamente.

A veces se quedaba sin aliento

y no porque las clases le pesaran.

Era de los que siempre se han tomado

la vida con filosofía. Nada

le preocupaba que vital no fuera.

Cuando algún compañero hacía un mundo

de alguna despedida previsible

o cualquier contratiempo inesperado,

quitándole importancia, le decía

que en todos los lugares hacen pan.

A las sombras ponía buena cara.

Tranquilo como pocos, buen amigo

del silencio, jamás daba la nota

aunque, de tarde en tarde, se dejaba

-socarrón e ingenioso como nadie-

caer con una frase de las suyas.

Un viernes, de repente, acabó el curso.

Se fue sin despedirse. No volvió.

Sólo queda su nombre en una placa

y su recuerdo vivo en unos cuantos.

Esta misma mañana, como tantas,

ha subido conmigo los peldaños.

Subíamos los dos a duras penas.

 

 

                            (De Al pie de la letra, 2011)

 

 BALANCE

 

 

 

Ahora que la noche no me tienta,

cuando la vida apenas me enamora,

algo me dice que llegó la hora

de hacer balance y de rendirle cuenta.

Aunque prefiero el sol a la tormenta,

me tomo, como viene, cada aurora.

Lo que la vida entrega lo devora

el tiempo. Y nadie vive de su renta.

Tampoco vivo del trabajo. A diario,

soy sólo un profesor de andar por clase.

Me dan pulso otras cosas y otros temas

que no se compran con un buen salario,

que no se pagan con el sueldo base.

Mis amigos, mi amor y mis poemas. 

 

 

                              (De Al pie de la letra, 2011)

 


 

Esta edición de Breve antología poética,

de Víctor Jiménez, fue

depositada en la red

a los  treinta

días andados 

del mes de 

marzo del

 año dos 

mil 

seis,

salvo los últimos poemas,

que han sido colgados

el día veinte de noviembre

del mismo año.

El 5 de noviembre de 2011

se han  añadido tres poemas de Al pie de la letra.