TONI GARCÍA ARIAS

 

 

Todos los puertos

(Selección)

 

 

INTRODUCCIÓN

 

En bien de la claridad, y con el único propósito de incitar al lector, he preferido comentar -que no analizar- intuitivamente, y con sostenido respeto, algunos de los aspectos más nítidos y esenciales de este poemario.

 

 Es en el sesgo más característico y  peculiar de estos versos donde he querido poner el acento: la relación entre el sentir del poeta y su adecuada expresión, el carácter ensimismado de su poesía, los motivos e imágenes entrevistos... 

 

El presente poemario, Todos los puertos, -título pleno de sugestiones- reúne en sí, de modo brillante, dos de las más genuinas dimensiones de nuestra cultura: lo mediterráneo y lo galaico atlántico, en ósmosis mutua. Singulares mundos de la biografía espiritual del poeta, - maestro en la vida-  en los que realiza la síntesis de su personalidad humana, plena de esencias vitales y trascendentales. Y donde una concepción pesimista de la existencia coexiste con un incandescente credo poético y existencial.  

 

Una personalidad original que, como todo espíritu creador, aúna los aspectos innovadores con los elementos positivos de la tradición. Un estilo vivaz, claro y sobrio; con atmósfera propia. Una inspiración sólidamente disciplinada por la inteligencia, junto a un oficio y un rigor estético más que notables.

 

 Porque, en última instancia,  la poesía de Toni es eso, un ejercicio de penetración y de estilo. Una expresión, que en su caso, fluye fresca y como espontánea desde su recóndita intimidad.  Desaparece la rima y el metro, queda sólo, en difícil equilibrio, el verso desnudo: la emoción, la revelación, el misterio, sobrevenidos, casi siempre, en el verso que cierra el poema:

            

              También la piel recuerda,

              como una hoja en blanco que se llena de voces, roces,

              de cálidas figuras.

 

O ese perturbador poema de los más bellos del libro... por su misteriosa penumbra; su transparente hermetismo. En palabras de siempre, como nuevas, depuradas de la huella del uso:

 

  

Gaviotas de plumaje gris y blanco

sobrevuelan nuestros cuerpos sin sabernos

 ...   ...   ...   ...   ...   ...   ...   ...   ...   ...   ...   ...    

 se llevan nuestros ojos en sus alas

 y nos dejan los labios llenos de palabras

que intentamos pronunciar 

 y no sabemos.                                        

 

O estos esclarecedores y enigmáticos versos:

                                          

                y en la oscuridad de ese incierto amanecer

                la sed y el agua

                serán la misma cosa.

 

Romántico por la exaltación de los sentimientos, expresionista por la peculiar forma de representación del poema; por su ensimismamiento. Su universo poético es - a la vez-  tan conceptual como alegórico; a un tiempo elegíaco y bucólico, simbolista y lírico. 

 

Por todo lo que antecede, si hubiera  de caracterizar en unas palabras la poesía de Toni, lo haría con estos versos:

 

              ...pero a veces sucede que al mirarnos

                 sentimos un rumor de caracolas

                 y el espumoso cosquilleo

                 de sabernos agua.

 

Los temas esenciales de los poetas de todos los tiempos, transfigurados en la suprema calma del arte. En dirección al misterio y a lo insondable, en el acervo de la poesía de siempre.

 

Un viaje a la intimidad, esa zona vedada que el poeta nos revela, casi en secreto, con el pudor de un alma grande:

                             

                Uno habita una casa y está solo...

                  desangrándose,

                  como el mar, en olas para nadie.

    

Es, en definitiva, un libro necesario, auténtico; diario de un alma para ofrenda de todos. Poesía que se dignifica –y nos dignifica- por el hermoso equilibrio de su elaboración:

 

                                  Reímos.

                   Por un instante fuimos dichosos,

                   como en la juventud,

                   por puro error.

 

 Que estos poemas de Toni, sean recibidos y comprendidos como aquello que son, “tesoros, naufragios” de un “interior de redes” que apenas entrevemos en sueños.

                                              Francisco Domínguez Romero

                                                                 La Ribera, septiembre de 2001

 

Nada es tan necesario al hombre como un trozo de mar

y un margen de esperanza más allá de la muerte,

es todo lo que necesito, y acaso un par de alas

abiertas en el capítulo primero de la carne.

Blas de Otero

 

 

HABANERA

 

 

Vestía traje de lino pajizo, panamá ladeado.

Recuerdo que en su mano derecha

lucía un bastón con empuñadura de plata.

Cada verano, los vecinos aguardábamos su llegada

como aguardan las velas

el viento que inventa latitudes.

Paco el cubano, le llamaban.

Una sonrisa torcida atravesaba su rostro de punta a punta,

como un puerto carmesí que muestra a los navegantes

una ciudad con la que todos sueñan.

Hablaba de Cuba, del color dorado de la Habana vieja.

Sus palabras se quedaban grabadas en los oídos

como humo que se queda impreso en las paredes

y es imborrable.

Un día se marchó definitivamente. Nadie supo jamás

de sus miserias.

Al preparar este viaje que ahora comienzo,

recuerdo su figura escueta, casi invisible.

Temo que también a mí

me trague tanto verbo y tanta distancia.

 

 

DE REGRESO

 

Como barcos anclados en un mar cerezo

duermen sobre mi mesilla

versos de Cavafis, Borges, Pavese.

 

En las costas de Fisterra, al anochecer,

las madres de los marineros encienden infinitas velas

para que iluminen con su luz

la travesía de los barcos

que se desvanecen  sin memoria

en el horizonte.

El tiempo palidece tembloroso

enjaulado en quinqués cubiertos de herrumbre.

 

Recuerdo unos versos;

También la noche se te asemeja.

 

Sobre mi mesilla surgen barcos en forma de palabras

que navegan de regreso

y desbaratan la noche.

 

 

MATRIZ DE LAS OLAS

  

Esas marcas de salitre que dejan las olas

                    sobre la arena

son como nosotros;

restos de espuma que el mar,

            impreciso,

no supo pronunciar en futuro. Y el sol las desvanece.

 

 

TODOS LOS PUERTOS I

 

 Cada uno de nosotros encierra un barco

que sueña travesías y playas y un puerto cercano

donde pasar la noche.

Hay latitudes que recogen nuestra infancia

y curan nuestra piel de salitre

con devoción de madre,

hay otras latitudes que aguardan nuestra visita

con piel desconocida.

Hay travesías que nos conducen al horizonte

que se extiende infinito ante nuestros ojos

y hay otras que, sin solicitar permiso, nos regresan.

Hay puertos que nos muestran la ciudad que fuimos

y nos reciben con verbos que dimos por perdidos

y una sonrisa,

y hay puertos que nos aguardan llenos de futuro,

con calles viejas y ruido de burdeles

y una habitación fría y oscura

que acogerá sin preguntas

nuestro cansancio.

       

 

SECUNDARIOS

 

Aquel año visitamos todos los cines de la ciudad.

Fue una locura.

Los miércoles hacíamos cola para ver los estrenos.

Los viernes

ocupábamos vacío en las duras butacas del Internacional; películas en blanco y negro, actores que lapidaban su amor

en Cinemascope. Recuerdo el olor a cartón que desprendía

el suelo, la lluvia de luz que inventaba tu rostro.

En la oscuridad, tú y yo nos reíamos del mundo

con bocas de futuro.

La madrugada nos alcanzaba en el café Rivera,

mientras revolvíamos películas a sorbos de café

o imitábamos con torpeza alguna escena.

Luego yo te acompañaba a tu pensión

y regresaba a la mía

con aire de galán de los 50.

Al llegar las primeras lluvias

no quiso el cine, una noche, tenernos en cuenta.

En la soledad de noches sucesivas

fuimos día del espectador

para otros.

 

 

LA CASA DE MI INFANCIA

 

Los recuerdos de mi infancia

caminan sobre las baldosas frías de esta casa

que parece enferma,

arrugada como un anciano invadido de invierno

que aguarda con último quejido

la cálida luz de los veranos.

El abandono ha invadido las paredes

con alma de asesino y dibuja sobre las habitaciones

una cartografía gris, húmeda

que oscurece los recuerdos que apenas permanecen.

Por algún vidrio roto

se cuela furtivo el viento y revuelve la memoria

con voz desconocida.

Duele mirar esta casa,

su imagen aturdida, desangrada,

como nos duelen los años

en los cuerpos de aquellos

que nos son queridos.

 

 

FERROL

 

Palpita el astillero frente al puente de las Pías.

Llueve.

Ferrol bosteza su última tormenta

y pone al aire húmedo de la ría

su vestimenta gris, su negra sombra.

Cuando era joven, mi padre trabajaba en el astillero.

Recorría veinte kilómetros con los pies descalzos.

Por entonces, no presentía el futuro y sus declives,

el caminar y sus llagas;

el mundo se abría como un vientre azul

frente a las vías de ASTANO.

Cuando el Entreprise rompió en dos el puente de las Pías,

Ferrol lamió su piel de huérfana,

su ciega distancia.

Bajo esta triste luz de Otoño

que oscurece de lluvia los pasos

Ferrol parece un barco de hambre

que aguarda, infinito, su botadura.

 

 

LOS ESPEJOS

 

Los ojos, almacén de imágenes,

van perdiendo lentamente

la nítida luz de los instantes.

También la piel recuerda,

como una hoja en blanco que se llena de voces, de roces,

de cálidas figuras.

También a esa hoja habrá de llegar la sentencia.

Lo que ayer fue un árbol es hoy

un pedazo de papel que adivina la ceniza.

Todo lo nacido surge de una matriz de polvo.

También mi cuerpo, joven, erguido,

como un árbol recio que se viste de palabras.

He aquí el espejo.

He aquí el cadáver.

 

 

PALABRAS I

 

Estoy solo. Palabras, apenas, me acompañan,

Su sonido crepita en mi interior

como ascuas de memoria que cuentan la falsedad

de los verbos que alguien grabó sobre mi frente.

Han ido muriendo los instantes

como una inútil sucesión de olas

que alcanzan sin porqué la orilla.

Y se desvanecen.

                Arena, polvo.

                        Voz, viento.

Hay días que se pierden en alta mar

                y no regresan,

noches que caminan sobre cristales con los pies descalzos

y dejan huellas de sangre

sobre los nombres.

Las palabras, al fin, de nada me protegen.

                    Estoy solo.

Mudos han quedado los rostros,

como muñecos de trapo que fingen sonrisas.

 

 

CIEGOS

 

Nos volvemos ciegos

el día que no nace para nosotros

y en la oscuridad de ese incierto amanecer

la sed y el agua serán

la misma cosa.

 

Habrán de saberse por un igual

la pasión y la agonía,

la huella y el pie que traza rutas en cada paso,

se perderán también

tu blusa y mis manos, mi boca y tu risa.


Amaneceremos en la memoria de un nombre

                    sin nosotros.

Añadiremos nuestros cuerpos

a lo ya perdido.

 

 

EN SUS ALAS

 

Dibujan en el aire un lenguaje que desconozco.

Gaviotas de plumaje gris y blanco

sobrevuelan nuestros cuerpos sin sabernos.

Invaden el cielo de palabras nacidas en una latitud lejana,

como memoria azul que recorre la marea

en busca de una playa.

Se alejan cuando cae la tarde. En ocasiones,

parece que retroceden, pero se alejan.

Se llevan nuestros ojos en sus alas

y nos dejan los labios llenos de palabras

que intentamos pronunciar

y no sabemos.

 

 

EL SUDOR DE OTRO

 

Con la incertidumbre contenida

en las manos

guardo en mi maleta

camisas de invierno, un par de vaqueros desgastados,

ropa interior, un cepillo, algo de mi miedo

a las distancias.

Una ciudad sin memoria

se dilatará ante mí, desconocida,

como un paisaje que nos abre caminos

que no evocan ni el beso ni el mar ni la caricia.

Tras el viaje, cansado,

una cama de hotel acoge mi cuerpo.

Al abrir mi maleta

observo en su interior

objetos que la distancia

parece haber impregnado

con el sudor de otro.

 

 


LA CASA VACÍA

 

 

Uno habita una casa y está solo. Se han ido

lentamente los sonidos

como aves de otras latitudes que alzan el vuelo

y sin previo aviso

se llevan el sabor a verano, el desorden

de la risa, los verbos que otros ofrecen a nuestros labios.

Han vuelto las hojas a enredarse en el viento,

a arrastrase con pereza sobre Septiembre

y llenan de nombres la distancia.

Uno habita una casa y está solo. En una habitación vacía

ordena el aire

y pierde la precisión del lenguaje

desangrándose, como el mar,

en olas para nadie.

 

 


POR MIS OJOS

 

 

A veces me invade el pasado

como una enredadera que oxida mis paredes

y sangra lágrimas ocultas

que no puedes ver ni comprender ni apaciguar.

No es fácil navegar en la oscuridad,

adentrarse furtivo en el pretérito

y asesinar con rencor

la voz de lo perdido.

No te inquietes, no soy yo.

Un niño llora por mis ojos.

 

 


UNA CINTA DE VIDEO

 

 

Como una cinta de vídeo desgastada por el uso

el recuerdo que tengo de ti

ha perdido el sonido

y algunas líneas.

París te cubrió de tiempo,

como una nevada de años que borra tus facciones

y al pensar en Rue Cambon

mis manos se llenan de cenizas

que no logro componer

y que ya no queman.

Seguramente te amé.

Mi naturaleza es débil como el verso

y, a veces, -perdona-,

confundo pasión con fuego,

amor con Pablo Neruda.

Es mejor olvidar el regreso,

dejar que la memoria se pose rígida sobre nosotros.

Nuestros labios aún se besan, sin sabernos,

sobre un puente al que jamás

supimos dar nombre.


MAÑANA

 

 

Vendrán una mañana los abrazos que amagué,

                        los labios,
las manos que entre mis manos

                        fueron espuma,

las palabras de vino

                        matriz del polvo.

Vendrán una mañana con su vacío,

dejarán sobre mis sábanas

el hueco inútil,

la muda caligrafía de todo lo incompleto.

Se quebrarán con la fragilidad de mi voz

todos mis miedos.

Mudo quedaré, inerte.

En vano intentaré

decir una palabra que desbarate vuestra ausencia,

pero será en vano,

ya no seré yo tampoco

abrazos ni manos para otros.

 


TODOS LOS PUERTOS II

 

 

En todos los puertos habita

una prolongación de mí –ojos,

                    piel,

                        sístole,

                            diástole,

                labios para un beso-

que nace o muere cada día.

Son ojos,

        piel,

            puerto,

                travesía,

de los pequeños dioses indígenas,

blancos y negros,

que habitan la isla que soy

ayer,

hoy,

mañana.

Lógica insensata que encierra el universo mar;

zarpa un barco

su futuro es regreso.


BARCOS

 

Barcos como olas, como alas.

Barcos que buscan barcos

        como labios, como besos.

Barcos que regresan

        como infancias, como ayeres

        como pinceles de nuevo color

                sobre el pasado.

Barcos que zarpan y que se alejan,

        que derriten en los ojos

        su distancia.

Barcos que naufragan y se hunden,

        que doblan sus huesos

        sobre una roca.

Barcos, siempre barcos

        que zarpan, que atracan,

        que se van y que regresan.

Como olas, como alas.

 

 


GALICIA

 

 

Anhelo el paisaje de mi infancia,

el aire ahogado en humedad,

el salitre,

los días de lluvia en que nunca amanece,

el óxido del astillero,

la morriña anclada en los puertos

como olas esperando mareas

y esa voz huérfana y lejana

que recuerda que el mar

siempre es distancia.

Anhelo ese paisaje

como un barco anhela travesías,

como se anhelan los besos que nos aguardan

en el umbral de esos cuerpos

que jamás nos pertenecen.

 

 


FOTOGRAFÍAS

 

 

Nos reunimos para ver fotografías de ayer,

instantes que la ciencia

perdonó el olvido o el destierro.

Nos reímos del peinado que lucíamos entonces, de la excesiva

formalidad de nuestros gestos.             

El tiempo se ha posado con rigidez

sobre nosotros.

Desde la otra orilla,

rostros acartonados nos observan

detenidos en la distancia de un espejo de alquimia.

Conmovidos por la nostalgia,

les damos derecho a que jueguen con nuestras entrañas

y alboroten, como niños, nuestro sosiego.

Al pasarte una a una las fotografías

observo cómo voy dejando sobre el papel

las huellas imborrables

de un asesino.

 


EL GRAN SOL

 

 

Zarparon un día hacia el gran sol. En el muelle

las mujeres encendieron una enorme luminaria

con cajas de pescado y cartones

para despedir a los marineros

con un poco de luz que llevarse a los ojos.

Partículas de ceniza se elevaban como gaviotas

y luego se dejaban caer sobre nuestras ropas humedecidas.

Memoria del fuego para un regreso.

Zarparon un día hacia el gran sol

                y no volvieron.

Un golpe de mar quebró su barco.

Un golpe de mar: el agua.

Cómo detener desde entonces

esta lluvia de cenizas que cae

eternamente.

 

 


PANTÍN

 

 

Te gustaba sentarte sobre una roca. Apoyabas el pecho

sobre las rodillas y te cubrías

del azul ilimitado del océano. Luego,

te dejabas navegar como bote a la deriva.

En silencio observábamos

el tránsito inseguro de los barcos de pesca

que se alejaban con lentitud

de la costa de Cedeira.

Tardábamos horas en regresar a nosotros.

Bandadas de gaviotas surcaban nuestras cabezas

y en el vuelo de sus alas

nos dejábamos soñar por su lenguaje.

Han pasado los años y la espuma de nuestros mares

ya duerme en la latitud de lo perdido,

pero a veces sucede que al mirarnos

sentimos un rumor de caracolas

y el espumoso cosquilleo

de sabernos agua.

 


LIBROS

 

 

Nada merece tanto un poema

como todo lo que desprendes a mi lado

y aunque –posiblemente- necesites algo más sólido

                        que las palabras

en esta cuenta atrás de nuestra piel compartida,

quiero que sepas

    que dejaré que me abras el corazón en páginas,

    que escupas sobre mi papel tus miserias,

                        tu negra sombra.

    que dejaré que me leas por dentro y me imagines

                          y te escribas

                             y me inventes.

    que hagas de mí, sin urgencias,

                                           tu libro de cabecera.

 

 


SOBRE LA CUBIERTA

 

 

Decías unas cosas que me asustaban.

En cubierta –el pelo ondeando al viento como una bandera-

camino de Turquía.

Hablabas distante de lo hermoso de lanzarse al mar,

sentir en la piel el contacto permanente, ser distancia

sin frontera.

Esas cosas decías.

Quise abrazarte, asustado, y tu cuerpo resbaló por la tarde

como un pedazo de mar entre mis brazos.

 

 


PALABRAS II

 

 

Hay palabras que ya no decimos,

que se quedan varadas entre el deseo

y los labios,

que se arrastran por nuestro cansancio

y son espuma.

Van cayendo los días sobre nosotros

como una tormenta de costumbres

que ha empapado de inviernos

el libro que guarda

nuestra ruta de regreso.

 

 


TE DESNUDAS

 

 

Te desnudas frente al espejo –ciudad cansada-

y caen como polvo

las prendas que te visten y aquellas, invisibles,

que te protegen.

Te invade de repente el olor a callejón de medianoche,

a vidrios rotos, a borrachos de aliento impertinente

que cantan la falsedad de los años.

Gritas tu cansancio bajo la ducha y van desvaneciéndose como nubes

la sangre  podrida, la fe de erratas que ensucia tus páginas.

Te sientes nacida

y al secar la piel de tanto asesinato

deseas cometer de nuevo la juventud

y sus pecados.

 

 


EL MAR MENOR

 

 

El ferry zarpó rumbo a la Perdiguera.

Un grupo de niños jugaba en cubierta

a lanzarse un flotador sin mucho acierto.

Terminaba el verano. Éramos, sin saberlo,

el último grupo de turistas.

El mar menor brillaba como un desierto de plata

frente a las terrazas vacías, desencajadas

como trajes que visten esqueletos.

Cubierto de soledad

me fumé el último pitillo.

No te esperé, como dijiste.

Juro que jamás quise tocar la costa.


BARCOS DE TIEMPO

 

 

Pasan los días como barcos de tiempo. Dejan en su tránsito lento

la estela mortal de horas que se alejan.

Lo que habita bajo la piel del mar

cabe en un hombre:

tesoros,

naufragios.

En mi interior de redes guardo restos

de esas pequeñas cosas.

A veces, al contacto con el viento

la memoria azul

se eriza en espuma y acuden a la isla que soy

viejas heridas que el mar

no supo ahogar en la marea.

Travesaños de agua: el mar. Siempre distancia.

Zarpan los días como barcos de tiempo,

llevan en su bodega – mira su tránsito lento y lejano-

nuestros cuerpos.

 

 

Esta edición de Todos los puertos (selección)

de Toni García Arias, realizada por Portal 

de Poesía, ha sido colgada en la 

Red a  los tres días

andados del mes

de noviembre

del año 

dos mil

 dos

.