Sergio Badilla Castillo

 

 

 

 

Poemas ascéticos y letales

 

 


 

 

 

 

LA VASTEDAD DE LA NOCHE

 

                                    In memoriam: a mi padre

 

Hay ermitaños que atisban detrás de la fachada

ruidosos gnomos que se

esconden en las sombras figuras retorcidas

por la vastedad de la noche

El verdadero fin tiene puertas secretas en el laberinto

                                       de la muerte

El territorio está lleno de desterrados y disidentes

¿Qué hará mi padre a estas horas

qué hará perdido en su nueva morada?

Casa profesa de cuencas y hendiduras esta tarde

los pájaros lo vieron partir antes del  vuelo

            le arrebataron las alas para que no agonice

Hay ascetas que escudriñan detrás

de los fosos

espectros dolidos que repiten sus ligeras contorsiones

almas escurridas en los extramuros siluetas baladíes

en la desolación que imponen las sombras con su sueño

El legítimo término tiene aldabas ocultas en la esquina

                                       de la muerte

La comarca está atestada de inconformistas y renuentes

 

¿Qué hará mi padre a estas horas

qué hará extraviado en este fastidioso destierro?

 

 

TÓTEM

 

Un siervo se despide sigiloso de su tribu para evitar la penitencia. Su testuz combada y la frente con signos de ceniza de cara al  fuego. Ha sido pues ungido en vida en una causa desvalida de fe, menguado de razón. El hombre diestro, pierde la validez que hasta entonces tenía su argumento. Un retrato inmóvil ajeno a cualquiera turbación, cuelga en una pared íntima. Es la intimidad del aposento donde reposa un cuerpo inerte, un tramo de un país en armadura donde también convalecen las osamentas de los míos. Los beligerantes vadean con torpeza los ríos abismales, acosan con su andar los valles de mi infancia, denigran con sus vocablos soeces a las tiernas valquirias,  hostigamiento, acometen. El exterminio no salda cuentas de raíz  desventura y silencia a orillas del fuego. Una estrella crepita muda en un monte ajeno al ardor que languidece y el tótem doméstico sustenta – aún así - la fidelidad con que la estirpe se ha arraigado en esta tierra. Empero persiste el miedo del penitente ante el arma arrojadiza del invasor y la imagen del delirio se apodera de la próxima tirada. ¿Habrá llegado la ruina?

 

 

TAN CERCA DE LA MUERTE

 

Nunca como hoy he estado tan cerca de la partida

La miserable vanidad se esfumó de mis instintos sin dejar rastro

Con una sed inacabable de amargura y de olvido
Va a empezar
la llovizna que humedece la casa y el patio de igual manera
Oscurece y se enarbolan las impresiones del miedo

y un torrente de quimeras se ocupa

                                     de aplacar al firmamento.

Esta tristeza no es una tristeza cualquiera que surge del vacío

es un torbellino de delirios que consume mi alma,

es la urgencia de los afligidos después de sus congojas tras un soplo de vida.

Por mi culpa ha sufrido de dolor y de vergüenza una mujer heterogénea
por mi culpa
registran y ensucian su humilde morada.

Esta noche más alucinada y anónima quizás cuantos han perdido la calma.

Golpea los muros íntimos de mi temple el dictamen de una burda audiencia
Esta tristeza no es una tristeza cualquiera porque jamás como hoy he estado tan asediado de agonía,

por eso busco en mi esqueleto / desesperadamente / el coraje que no tengo
para  enfrentar al desleal que me apresura y me acusa 

cuando enmudece en la duda el universo

y yo camino temeroso en la cercanía de la muerte.

 

 

ELEGÍA A LA ÑUKE MAPU EN EL 2053

 

Volverá otra vez la gente a marchitarse inquieta en la osamenta.

Otro estiércol germinará como hongo de la ceniza y

de la profanación de la atmósfera. 
Padecerán los organismos y los afectos se ejercerán con voracidad y barbarie,

nacerán entonces, alejados del homo sapiens, otros hombres

y lentamente perderemos la identidad que tuvimos con la naturaleza,

               el sistema solar y el fuego.

Otro humus emergerá del polvo y de la contaminación del aire 
apestarán los cuerpos y los amores serán crueles e irracionales.
¿Por qué la peste, el morbo por la sangre y la cánula expuesta en la vena

y desquiciar el instinto?

Vivimos en una era vanidosa de indiferencias y de espejismos,

no poseo otro manejo del sentido que vivir en este mismo entorno

y disimular la repugnancia de caducar antes de tiempo,

de envejecer con el esqueleto encorvado en medio de la mierda

Huelo los pétalos de las fresias, delicadamente tiento sus capullos y sus hojas

y detengo la mirada en cada objeto que conozco

para no olvidar mi circunstancia.

Los efímeros nos olvidamos de la fragilidad del planeta,

por eso las plagas, el contagio por el plasma y la jeringa clavada en las arterias

para soslayar la legitimidad de las cosas.

                              La realidad es agobiante al despertar en las mañanas

o al intentar dormir de noche con somníferos.

Convivimos en una época engreída de apatías y de figuraciones.

el individuo no reconoce ya su lugar en la escala zoológica

y no puede sentir más el resplandor del relámpago, el susurro de los ríos y de los bosques con el viento,
               porque la Ñuke Mapu* agoniza

                                          y los presuntuosos

                                                 la vejan día a día como si fuera una golfa.

 

*«Madre Tierra» (en Mapudungun)

 

 

MASCARÓN DE PROA

 

La efigie liberada de un sueño, con sus pechos manoseados

por el agua

aún flota, con sus colores deslucidos en las olas que surgen

repentinas y salobres. 

Ella mantiene, sin embargo, su parsimonia como una navegante

            que se ha zafado de una larga servidumbre

y disfruta de un viaje interminable.

Así la marejada la distingue de otros cuerpos a flote

El viento huele a salina, a aromas de azahar, esencias de naranjo y al penetrante olor de los inciensos o perfumes de Arabia.

Un cuchicheo entre gaviotas parece despertar a la mujer nauta

atemporal e indiferente con su figura de cariátide, de espaldas

Es un día apagado de invierno en el sur del Mediterráneo.

La veo desde la orilla de las islas de Galite frente a la vieja Cártago

y mi vista alcanza sólo hasta donde el malecón se suaviza con el mar,

en la bruma tardía y en la penumbra de las balandras

varadas a contraluz, en la arena

Le grito desde la playa para saber si me escucha, en griego, en noruego o en holandés antiguo

Es una propuesta de amor o una loca alucinación lo que me afana

cuando una bandada de petreles aventura

                                abordar a un raudal de calamares y de peces.

¿cuántas miles de travesías lleva esta princesa de armadura vegetal?

Ella conserva su sobriedad como una musa rutilante a la deriva

que se deleita de la navegación ya que

                se ha desprendido,

                            hace unos siglos,

                                   de un prolongado cautiverio en una galera romana.

 

 

ENDECHA MAYOR A ARTEMISA

 

La imagen de las vírgenes en una ánfora después de muertas

provocan espanto

como los séquitos de enanas funerarias simulando tristeza.

En la ribera del Tanis las amazonas se quemaban un pecho

para usar mejor el arco

otras vagaban en las llanuras del Cáucaso o en los valles salvajes

del Danubio.

Eran luciérnagas cuando salían con sus teas encendidas

en la noche de Artemisa, cazadora y casta,

en las ciénagas con un olor a sedimento y suciedad.

Heródoto de Halicarnaso en dos de sus nueve libros lo comenta,

rastreando la veta de Milesio uno de los siete sabios de Hélade

Nada es espanto y todo es maravilla con el viento que viene de oriente
y sus corceles se alborotan al llegar la tempestad,

después que la niebla que desfigura las siluetas en las tinieblas.

Luego rezan y cantan con sus bocas bellas

y se preparan entonces a adornar sus sexos para la primavera.
Pentesilea, y sus guerreras virtuosas,  se hacen tatuajes en sus

muslos y en sus pechos

                 las he visto antes de aparearse

evitan la efusión de polen en sus oquedades,

para perpetuar su excéntrica pureza.
Ellas enmudecen porque anhelan tener hijas cuando se acoplan,

no por capricho          no por ritos    sino por menstruación

En una comarca de hembras, desde el vientre un niño nace

condenado a muerte.

Ninguna galantea       ninguna se embelesa

o se apasiona después de la efímera proximidad carnal

En ciertos textos eruditos se habla que Aquiles, una vez que

mató a Pentesilea

             por socorrer a Príamo, en Troya

en el roce de su cuerpo, de sus labios mórbidos,  

se enamoró viciosamente de ella.

Sin embargo ya era crepúsculo en el territorio de la vida.

La apariencia de las inmaculadas en una vasija, ya fallecidas,

causa escalofrío.

como los cortejos de niñas fúnebres aparentando amargura.

Las doncellas guerreras se eliminaban un seno para ocupar mejor el arco

Nada es miedo y todo es magia cuando la ventisca retorna del levante

a las aguas del Termodonte, en Capadocia.

 

 

WWW.MUERTE.COM

 

Clemencia entonces para este tigre acorralado:
por los ruidos extraños que inundan mis oídos de herejía

Cierta traslación ecléctica en mis preciosos huesos

y la mente que trepana después de lo que ven los ojos.
No importa es primavera y el jardín está pródigo de rosas

y en la basura revoletean las libélulas

      alegres a juzgar por su euforia

me desoriento en mi estado paranoico y estoy más alienado,
es un menoscabo eterno que agujerea por dentro

y desafío a la muerte con una llamada telefónica

No estoy para otra gente:

        He salido a rondar por el espacio de esta jaula

¿Por qué la condena si nunca hubo delito?

Clemencia entonces para este tigre acorralado

que apaciguan con frivolidad en su encierro,
  y señalo que fui yo que me abalancé por huida
El portazo, no lo oculto,
 A ver qué sucedió con la espalda,
                              con las vértebras cervicales

para la vuelta y el regreso.

No interesa, hay calor y el parque está derramado de flores

y sobre el estiércol vuelan los insectos

aún así rivalizo con la parca

           con una simple carta que envío por E-mail.

Clemencia entonces para este tigre acorralado.

 

 

BIENAVENTURADA

 

                                    A Claudia Olguín

 

Ilusión sentí, bienaventurada al conocerte,

Preví / en ese instante / la llegada de estos años venerables.

Tácitamente,  hemos ido contra de la corriente,
Fuera de eso tu, yo deshonrados por sensuales
Míseramente benditos y réprobos, y aún así sombríos
por la querencia escogida del eclipse y entre las sombras,

ni tampoco indiferentes ante el prejuicio de los demás

por las edades.
El universo eminente en esta Acrópolis de Valparaíso en las alturas,
mis modales de señorito viejo. Petimetre en la mirada externa

Deliro aún, de no considerarte inocente
hermosa,
en esta historia santa como parte de la historia nuestra

 

 

EBRIO EN MEDIO DEL FOLLAJE

 

De una embriaguez en la Chiquitanía, casi al borde del averno

la llegada a Concepción desafiando el organismo
especialmente las vísceras y el hígado
y de perder la casta y el báculo de pastor de los hebreos.
Me alejaba del edén por una orilla y los templos
demasía de floresta, exuberancia de belleza y acabado,

como estaba,  zanjar el sacrilegio en la quinta Kolping
Ella en su insistencia de mirar mis pasos, cuidadosa

una boa se acercó nadando a la orilla

sin detenerse, escudriñándonos desde el agua quieta,
desde el verdor de la laguna, reparando en mi achaque

de animal bípedo abatido

y tal vez también Baco, oculto entre los rotundos toborochis
a la espera de un convite

Truenos estrepitosos retumbaron para apuntar en la bitácora de viajes
y de allí la lluvia de gotas tropicales

caprichosa y resuelta

Chorreaban los bambúes herbáceos en el aguacero. 

Las enredaderas serpenteadas en la fecundidad de la espesura
Era humanidad y diluvio.

Y yo allí con ella con mi destemplanza biológica

olor impetuoso a tierra húmeda   a pubis en la presteza de la vida,

en cuanto a ella y la selva

éxtasis en el transitorio desvarío,
después el remanso     la plenitud del paraíso.
Siempre hay brevedad en el deleite, fugacidad en la mímica del goce

                                    incluso
                                              ebrio en medio del follaje.

 

 

EL PRÍNCIPE ACOSADO

 

Habito desde hace unos meses en una fortaleza gigante de

paredes altas donde las puertas

están siempre cerradas

Un príncipe como yo, necesita morar en un castillo verdadero
Sin embargo, aquí en Kronborg Slot el palacio de mi heredad está encantado

He visto varias veces al fantasma de mi padre en las escalinatas

y he observado desde lejos a mi madre con Claudio

Unos demonios lácteos: mayordomos y pajes, a simple vista,

parecen serafines

deambulan como espectros por los salones y aposentos

y pugnan ángeles y taumaturgos con malos agüeros

para derribar sus mentes.

Mis huéspedes se perturban y algunos súbditos

se quitan la vida inesperadamente,

aquí en Helsingör

Es posible que me equivoque con mis siervos,

pero, muchos de ellos se quedan recluidos en sus maleficios

y los ángeles malos se apresuran entonces por los corredores

con sus espadas

                          o con cadenas y los cuelgan de las sienes

Un ángel vestido de blanco aseveró que con los brebajes

los genitales no funcionan y que nunca seré padre,

y se rió a carcajadas.
¿No es cierto?  Aquí ha ocurrido una rebelión, mi pobre Yorik.

Los vasallos y mis queridos parientes me han despojado

de mi honrosa valía, 

Hoy soy un príncipe  frágil       temeroso

prisionero en la torre de Kronborg, después de varios días.
No obstante aguardo el auxilio de otros nobles para vencer a los cobardes

y luego cerraré mis ojos y me echaré volar sin rumbo

cansado de intentar ser el príncipe Hamlet.

 

 

CASANOVA HUYE DE VENECIA

 

El Dogo y la Signoria, de Venecia se han congregado, en el salón mayor

del Palazzo Lezze del Longhena

el olor agrio del vino trasnochado en las botijas de Murano,

la marejada que se monta en la Piazza San Marcos

Es entonces cuando comienzan las riñas en el atrio

del Campo San Moise

Un siseo de cuervos y palomas asediadas
acercándose a la ciénaga.

Unas vestiduras escondidas entre las orquídeas del giardino

y allí estaba, ella, sonrosada quitándose el almidón de la enagua.

Alguien se escapaba entre pendencias y griteríos

Casanova huía, ya lejos del lecho de paja

por la Via Muneghe, en medio de columnatas y soportales.

La ley de la ventaja.
Digo que no fue cobardía sino un ardid para evitar la escaramuza.

Hierve todavía de desengaño el despechado     se mesa los cabellos

empolvados con un color blanco opaco
Los cuervos y las palomas fastidiadas por quejas y lamentos
en la ciénaga.

Ella aún sanguínea con los pezones erguidos
afluente impulsiva         plagada de semillas

con el delirio desnudo aún entre sus piernas
tratando de esquivar las miradas

Los goces sustraídos tienen una magia inconfesable.

 

 

EL MONARCA SOY YO

 

El monarca soy yo, yo soy el monarca,

mis cabellos ondean al viento de complacencias y desdichas.
Hoy está más remoto el Olimpo desde su teta izquierda
con esas piernas pecaminosas de sujeta,
con la corola y las caderas dilatadas de gula

mi fertilidad se eleva impúdica 
mis estambres de patriarca, mi androceo.

El monarca soy yo, yo soy el monarca

aquel que fue polígamo hasta la consumación de sus gónadas.

Facundias en noches de mujeres,

      vicios reales con derecho a pernada,
después de una apasionada noche marital

con la sierva prometida.
Un meteoro cayó esa vez en el patio de tu casa

cuando todavía estaba enloquecido, con el descaro tenaz

del vínculo genésico,

y la mente condenada a la carne y al silencio.
El monarca soy yo, yo soy el monarca.
cuando percibo que vienes descalza por el sendero de los espinos

se yergue lúbrica mi fecundidad de semental cabrío. 

Me sedujera ella, la que amo, / me abstraigo /  hasta alcanzar el éxtasis,
entre sus muslos y su vientre de hembra obscena

y te arrullara luego como una digna delirada en mi aposento. 
El monarca soy yo, yo soy el monarca.

 

 

CORTESANA DE ETRURIA
 

Tanto si volviera a abordarte una mañana en la laguna
en un desafío inicial de la muerte, 
no quieres mirarme a la cara y te niegas a escuchar mis palabras.

                            A un fescenino, artífice de retrato

expusiste tus nalgas desnudas en la vidriera

y allí todos vieron

la afectiva mirada del maestro en tu figura

en el espacio blanco de la pared encalada: perversión u oficio.

Abajo una cantidad de escarabajos

                     escarbando en los botes de inmundicia.

El bosquejo sigue surgiendo desde los órganos más púdicos

y mientras posas, adviertes / con desgano / el verano que se evade.
Para ti los poetas somos inadecuados

          torpes vagabundos que babosean palabras

                        desde la fibra hasta la sangre

Una vez me fijé en tu cuerpo cuando salías del arroyo

brindaste a mis manos, los bocados carnosos y redondeados de

tu hechura

y una chispa de luz penetrada hizo eyacular

                                                                 mi abundancia.

Con tus uñas,

          entonces, desgarraste la piel de mi espalda
y surgió una férvida emanación de secreciones

                                                               profundas de tu gárgola

alguien nos vio en medio de los cañaverales de Etruria
y tus cabellos flamearon con el viento de los
médanos

al fondo de los espesísimos carrizales.

Tanto si volviera a abordarte una mañana en la laguna

 

 

PADRE DE LA PATRIA

 

Hay un hombre llorando junto a un sauce
su tristeza es inconmensurable

ligeramente un retumbar de panoplias y bardas estorban

su huida

Lo han sacado del pedestal donde lo situaron como héroe

Ya no hay contraseñas ni oficios de resguardo que lo amparen

en el palacio.

Tiene una mano ensangrentada, al escapar por lugares escabrosos.

Inquieta la mirada como rata sucia 

más tarde, el repudiado duerme como un vago a la orilla del camino

o en la oscuridad de una acequia.

Escasamente su esqueleto respira de cansancio

Pronto lo cogerán y será izado en la Plaza Mayor del pueblo.

Acerquémonos a la explanada, a contemplar

                                la multitud que intenta atrapar al bastado.

Hoy no es nuestro juego, ni seguir los compases de los tambores

ni asistir a las penas de los vencidos.

Una vez que lo cuelguen  dejará de ser el Padre de la Patria

o tal vez ¡me equivoco!

Entre los muertos siempre habrá cuerpos con rostros de vivos 
e individuos que serán llorados con los años.

 

 

EL CENTRO DEL UNIVERSO

 

El gato Amando es blanco y negro como las casitas del "Calenberger Neustadt.

Otto "el niño  ya en 1241 legitima a Hannover  de artesanos, mercaderes y tenderos de honra.

La muralla de tres puertas: abrirá sus postigos al exterior en el siglo XIV

el Leinetor, el Aegidientor y el Steintor.

Y de allí los sajones saldrán al mundo de la Europa post romana y en la posteridad medieval y Colón consiguiendo unas joyas para hacer sus viajes

a un continente que no estaba en los mapas del Mediterráneo.

De allí viene la estirpe de Jens el serenense que habla el español

con erres guturales

que levantó como San Gil un claustro “ a punto·, deferente y apacible en las tierras áridas del Pacífico sur.

Matices armónicos surgieron como el ave Fénix de ruinosos muros

y se sincretaron entre el paisaje pedregoso, los hibiscos, los floripondios y las enredaderas 

y, fíjense,  no en las riveras del Leine de su Baja Sajonia.

Y Katia joven, ríe y llama a su madre a Pisco Elqui

para constatar si ella ha perdido su alemán ¿Renano?, ¿de Turingia?

¡Da lo mismo¡

Está enclavada en una cumbre misteriosa del planeta, donde ocurren prodigios.

¿Tal vez el hostal El Punto sea el nuevo centro del universo? Lo estoy pensando justamente ahora cundo escribo esta mística crónica poética.

Tal vez Jens sea un profeta que sólo lo más locos entendemos

 

 

EN EL JARDÍN DE EPICURO

 

Siguen por debajo, perceptibles, jardineras pardas, y mi moscona no entiende si aquellos hervideros de hormigas son insectos enloquecidos o desde el inicio una tropa de áticos en retirada, escarmentados por la muerte en la lidia o por el infortunio que sigue a la derrota. Mi abejorra les grita a boca suelta que están perdidas como Solón el Arconte, y las victoriosas expulsan de su hormiguero a las vencidas como lo hacen las huestes espartanas con los combatientes de Atenas.

 

Detrás de cada cumbre hay sombra al término del día, algunas guerreras se adelantan en la angostura de las ramas para enfrentar a los hoplitas invasores y aprovechan las burbujas de aire para tener más gallardía. La savia fluye como aguardiente lento y turba y desconcierta a las bélicas que aún sobreviven en esta lucha feral, entre clanes homéricos.

 

Las vencedoras enseñan sus tenazas, y dejan escapar imperceptibles chirridos espartanos de júbilo para celebrar la victoria. Se apoderan del templo de Artemisa repleto de manjares y hongos fermentados. La reina no tiene salvación y espera tranquilamente la muerte, en su aposento.

 

Mi moscardona mira desde la altura  el desenlace de la guerra. Esparta invade Atenas está vencida .La anarquía de artrópodos borrachos, es ciclópea, con sus palpos desplomados y sus apéndices sangrantes. Ya hay una nueva tribu de que habita en este territorio vegetal que manda Clístenes cuajado de peligros, en el jardín de Epicuro. Hoy los olímpicos liban néctar de higos y zumo dulce de hojas verdes. Mi abejona, percibe tenuemente la romanza himenóptera de los triunfadores, sin olvidar que su práctica es espartana.

 

 

EL QUEMADERO DE LA TABLADA 1481

 

Crepitan los leños ya encendidos en la hoguera.

Candiles lúcidos atolondran la turbación del crepúsculo.

Los condenados aún están en sus celdas abrumados

por los minutos que restan para que suenen los timbales

de la muerte.

Es Cuaresma,  y la tarde huele a humo y primavera.

La gente corre de una punta a otra de la plaza del Castillo de Triana.

y la hoguera está iluminada en el quemadero de la Tablada.

Diego de Susán no abjura de su fe mosaica,

ni intenta emprender la diáspora como sus abuelos

tampoco lo hacen Manuel Sauli y Bartolomé de Torralba

los otros sefaradíes sentenciados al fuego.

Viene del Guadalquivir una racha ahogada de viento fresco

y las moscellas escapan de la lumbre como si alguien

aventara los maderos chamuscados.

¿Cuál es la herejía y por qué el proceso de estos varones?

El crematorio está engalanado con cuatro grandes estatuas

de profetas de escayola vana.

Los frailes dominicos Miguel de Morillo y Juan de San Martín, están

ufanos con los sermo generalis*

Desde el campanario ya se ve fosforecido el lucero germinal

de la anochecida .

Este 6 de febrero es un día nefasto en la Sevilla cristiana y en el

Reino de Castilla.

Sólo las cigarras purifican el aire con sus murmullos continuos

porque saben que dentro de un instante se les acabará la vida.

Crujen los últimos fragmentos y se esparce la ceniza confundida

con el humo de la pira.

Candilejas transparentes aturden ahora el bochorno de la noche

a orillas del Guadalquivir.

 

* auto de fe

 

 

RETORNO DE DRAKE

 

Está en los ojos del forastero la semejanza del paraíso

con la ciudad inconcebible a la que arriba.

Al subir las escaleras hacia el 21 de mayo,

el ruido de la borrasca, perturba la madrugada y su embriaguez

La casa de calle Frontera luce diferente, pero es el mismo hogar

Con los olores idénticos y entrañables de la infancia.

Un inmenso tragaluz ilumina el jardín interior de filodendros

y fucsias.

Afuera vuelan sigilosas las gaviotas, emboscadas

por la luz del sol reflejada en las vidrieras de las cumbres.

Los recovecos y muros están atestadas de enredaderas

y en los balcones, pende la ropa recién lavada de

alambres y brabantes.

Un bus desciende a gran velocidad por callejuelas angostas

hacia el plan de la urbe,

la sacudida revive la desdicha de esa juventud parecida a un terremoto. 

La lluvia ha estampado su huella en las paredes encaladas con

humedad biliosa,

nombres de anónimos que se han perdido en la pátina del tiempo.

Los muchachos juegan fútbol en un callejón de Playa Ancha

con una pelota de cuero y no de trapo como en épocas infelices

y un jornalero altera el asombro y los recuerdos del desconocido

al repiquetear en los balones de gas desde un camión en marcha.

¿Dónde se fueron los arcángeles de la ciudad verdadera?

¿Dónde están los auténticos lupanares y sus asiladas?

Los pescadores disponen sus aparejos tal fuera un ordenado cordaje,

musitando viejos boleros antes de un zarpe. 

El paraíso está malgastado, sin embargo hermoso

en sus laberintos y zaguanes.

Los viejos ostentan sus mejores vestimentas delante de

canceles y pórticos:

           Ya es domingo a mediodía y la ciudad huele a comida.

Antes del desfile, los marineros, bruñen el metal, de sus instrumentos

y el heladero sopla su cuerno medieval, para convocar al mocerío

porque, Francis Drake y Richard Hawkins con sus navíos,

sitian otra vez a Valparaíso.

 

 

ISHAYAS

 

Hermano te invito a meter las narices en la fragancia de una rosa

En las cumbres una racha de viento manosea una fosca de bambúes.

Para encantar a las hembras los saltamontes frotan sus patas traseras

se corrompen las grullas hasta el último instante de la madrugada.

Por la luna creciente se agitan fulgurados los capullos silvestres

                                              como duendecillos incitados de polen.

En mis días más tristes miro la perfección del universo,

los astros, las galaxias que se agotan con la mirada de mis ojos

y allí intento tímidamente la elevación de mi conciencia

Olvido entonces mis temores que cercan mi diminuta humanidad,

mientras sigo cautivado con las órbitas de las estrellas,

                                              a lo largo de la noche entre los riscos

Me obligo a existir frente a mí mismo

como si hubiese que volver al magma recién templado del planeta

lejos ya de su devastadora escaramuza.

Sin embargo, te comprendo, allí surgió nuestra génesis.

de ahí brotaron las raíces de todo el firmamento.

Hermano te pido que cierres los párpados para conocer el cosmos

y ya no conjetures que es imposible dominar la cavidad

                                                                       del caos con la mente.

¿Por qué sentimos a los monjes tibetanos como nuestros parientes?
Por su ascetismo y sus iluminaciones

                        no por sus símbolos, ni sus aspectos.
Perdona, ya distante, a quienes castigaron tu pasión por el origen

afligieron tu locura desde el suelo interminable

el regreso ilusorio así, de degradado paria

me compadezco de ellos por ti, aunque estás ausente

ahora si temor a arrepentirme..

 

 

ESTACIÓN DE LAS LLUVIAS

 

La playa está vacía en la estación de las lluvias. Una mañana llega tras de otra, apática, cuando persiste el relente del océano dentro de la casa.

El encantador serpientes prepara la flauta que atesora en sus alforjas y ella está dispuesta a que comience el rito pagano.

 

La cópula es perfecta, cuando el hongo que sedimenta nuestros cuerpos desnudos, con su llamarada hipnótica nos inventa la eternidad. Ya no existe la ansiedad, ni la conciencia de estar sobre una colcha amarilla en un aposento fortuito con la mujer que extraño.

 

Aspiro y dejo que el humo infrinja mi ánimo. El hollín deja una figura inexplicable en el cielo raso o es sólo la mente que desvaría, concreta la irrealidad deforme y alucinante.

 

Mis sentidos asumen la fascinación del inocente que se acostumbra a la fatalidad y de pronto imagina la belleza. La fingida certidumbre impone huellas en las imprecisiones de la conciencia. Presiento que anda un animal salvaje cerca, en mis campos de pastoreo y de súbito ese soy yo en esta casa húmeda, al lado del mar..

 

Las manías y los miedos se reproducen con cronología exacta, tal cual las bacterias y la ruindad de los infames. El destino nos pasa a llevar en el corredor de la totalidad y el vacío, como piedras que han perdido su dureza. Es quizás la debilidad del vicioso, una parte de la historia del desprecio y de la época que hemos construido. Los estigmas se hacen perennes en la mente de los transfigurados.

 

Ahora duermo hasta tarde, en el invierno gratamente deslucido y rememoro su cuerpo en la noche pasada. Su boca derramando confidencias en el sueño letárgico, como el primer beso en los reinos tersos de la adolescencia.

 

 

VALLE DE ELQUI

 

Al final de una larga hondonada

entre montes ásperos donde, el desierto de Atacama

se detiene sólo por una chifladura: el Valle de Elqui

Con magulladuras en el alma, eran días tensos,

de vicios crueles simulando euforia

que se derramaban en rigurosas apatías.

Tenía monstruosas pesadillas que me parecían semejantes:

Margaritas voraces que se expandían en mis raíces

y luego trepaban hasta el cerebro y me aniquilaban

con la blancura de sus pétalos

El sol era una entelequia traslúcida en tanta tierra árida

en aquel predominio de alucinaciones minuciosas,

por la altura y los vientos tramontanos

o en los miedos que me mantenían insomne

desbarrancándose entre el Pisco y las neuronas.

El verano renunciaba poco a poco a ser cálido

Las galaxias se acercaban en la noche como racimos de uva

que se podían coger con las manos.

Los montañas tocaban con sus cumbres las estrellas

Palpó mi mente el cruce de los Cárpatos

en un Taunus estrafalario del sesenta y dos

como un recuerdo extravagante y remoto

en una noche de luna nueva en el otoño setenta y cinco.

La soledad era la misma pero con un espacio diferente

margaritas silvestres que se propagaban en mis cimientos

y en seguida, ascendían hasta mi cabeza y me abatían

con la pureza de sus corolas.

Las constelaciones eran una presencia diáfana en este

suelo estéril y sus elevaciones

Los espejismos dispersados por todas partes

y la fosforescencia de los astros se revertía

en implacables espectros.

El Valle de Elqui al fondo de una extendida angostura

y yo intranquilo en la solidez de la altiplanicie

con mis artificiosos espantos.

 

 

ESTIGMA A FLOR DE PIEL

 

Me reprenden la rebeldía que he sentido siempre a flor de piel

aunque enmudezco, no ladro, y ya no disfruto de tiempo

para ser otro hombre

El dilema es seguir siendo quijote o netamente me extingo

porque mi mundo por afinidad se ha inventado íntegro e idéntico,

al altar de mis abuelos

La filantropía no existe en esta época de arrogancia y necedades

y por eso me aparto de aquellos que presumen de señorío

ya que no creo en la demasía de sus verbos

                                                    ni en el eco de sus altanerías.

Calamitosa exhalación           la humanidad demacra.

Advierto una tristeza de miseria en este esbozo de siglo,
los mismos catequistas repiten / en todas partes / la misma parábola

Sin embargo, la renuencia debilita y dobla la coraza

de la médula.

Los años también  traicionan al esqueleto

y dejan profundas huellas.
Aún así me silencio, no aúllo, y  ya no tengo espacio

para ser otro individuo..

Estamos ya vencidos, aunque no enfrentemos de nuevo el Holocausto,

las obsesiones y los espantos resucitan después de cierto trecho

traigo aún un estigma azulino en la piel del antebrazo

el alma no lo borra

en la epidermis quedó estampado el preludio de la muerte

 

 

SEFARAD 1492

 

Veremos el sendero, o el arenal desde la orilla de la playa,

al rozar con mi piel la luz y la sombra de mi urbe,

las demarcaciones despobladas de la barriada
en que nacimos, casualmente
Ocurrirá la traición y tendrá la vivacidad de tus sentidos

y no habrá redención irrevocable ni en Sevilla, ni en Toledo

para que el atrevido atormentado fragüe su fuga

y en las noches serenas bajo la luna, espere afligido

tu llegada

Los que me vieren no darán cuenta de mi melancolía

porque / en verdad / quedaré solo en esta diáspora

Miraré el camino, o las dunas desde la borde de la costa

al acariciar con mi tez el resplandor y la oscuridad de Córdoba,

los umbrales desolados de mi descendencia.
Qué maldad monstruosa negarme el pan y el agua

cuando huía entre desfiladeros y barrancas

La señal de los augurios que escucharon los viejos sefarditas

en devota nostalgia

para ser perseverantes a la tradición y a la metáfora.

La fatalidad se afianza en la fea muchedumbre

que nos persigue e intenta darnos caza

como un bulto pestilente que alguien tira en la quebrada
¿Por qué agonizan aquellos que predican la Torá?

si todo individuo tiene derecho a un rincón donde tirar sus huesos

Se cumplirá la infamia y poseerá la sagacidad de tu olfato

y no poseerá la virtud de cambiar la ofensa ni en Sevilla, ni en Toledo

para que el osado hostigado forje su huida

o tenga la legitimidad de un suelo.

 

 

ARRIBO A CRETA

 

El rompeolas opuesto y el tiempo desaparecido,

después de un naufragio frente a Kamara

Las sirenas y los cuerpos

             de los tripulantes  más jóvenes de Lakonia y Arcadia.

Ni por asomo un trago de Ouzo en las islas blancas de las

Cicladas para apagar los delirios,

Sólo emanaciones de combustible crudo de los

buques/tanques de  Aristóteles Onassis.

                                           hediendo en el Egeo.

Jamás el capitán pierde la calma en su nave que perdió el rumbo

con las nieblas de abril

repleta de ánforas de aceite de Kalamata

donde se extingue el golfo de Massimakos

Allí comienza la verdadera oscuridad del estrecho laberinto:

tal vez Creta o quizás Patmos hacia el sur..

Reconozco la grafía estimada de una carta de Anna

sobre la mesa,

inmediatamente de unos intervalos

diminutos, lloro, la ribera tiene sedimentos de algas

descompuestas donde llegan los juncos del Asia con sus

cargamentos de seda. No sé qué día es hoy exactamente.

La Estrella Polar y el mar de Ikarion se opaca de nubes al

oscurecer y mi rostro es de tristeza.

Se apaga el Faro de Rodas: Todos probablemente estén muertos

Un remate despiadado: ya no habrá guisos,

ni cacerolas humeantes, para los xenos y los esclavos,

con sus andrajos repelentes.

La hamaca inútil extendida entre dos cedros que se curvan,

esperan a alguien que venga a dormir la siesta.

El halago festivo y grosero de las hetairas como en todos los puertos

con sus eminencias atrevidas en sus dos pezones

debajo las posaderas en desfachatez para Dionisio y

otros navegantes que zarpan al amanecer

con un cargamento de vasijas de óleo de Kalamata

agradeciendo la noche de luna nueva y de estrellas,

que iluminan el mar Jónico

 

 

EL FARO DE COLONIA

 

El empedrado áspero y desnivelado en la calle de los Suspiros y el muro aún enhiesto, con sus piedras quietas, como enarbolado el portal de la ciudad lusa en las riveras del río ancho. Los mosquetes de Manuel de Lobo permanecen silenciosos a la espera del invasor ibérico. Las casas empedradas con techos a dos y cuatro aguas  tienen sus fogones encendidos mientras tomamos mate. 

 

El suelo apoyado en rocas cristalinas aflora en mares de piedra.  Absorbo el aire puro del Plata  y me abandono al tiempo y sus máquinas. Ahora no impera la impaciencia en mi pecho, ni el escrúpulo de yacer bajo una transparencia ambarina en las rocas de la rivera con la mujer que amo La puesta de sol de finales de febrero es un soplo de vida. El juicio se extravía, asume el sueño completo y espectral de siglos antepuestos. Pedro Antonio de Cevallos llega repentino cuando se prolonga la humedad del marjal en las paredes y la escasa luz de las farolas.

 

Tal vez Pablo me entienda en la posada de San Antonio y mire a través del faro la distancia y la quietud de las olas en las rompientes. Quizás los adoquines de su calle hayan ajado su rugosidad con tantos pasos de extranjeros. Pero el tiempo quimérico no tiene época en Colonia del Sacramento. Yo sé que Pablo me entiende cuando la ciudad queda atrapada en la memoria y en el instante en que los fantasmas están presentes en nuestra mesa y se amparan en la oscuridad que arroja el río en la madrugada

 

En la vaguedad de la somnolencia escucho el chirrido de una puerta de alerce,

miro hacia el jardín poblado de hibiscos y lapachos y en los racimos rojos de los ceibos, en la callejuela vacía, una viuva regresa al nido desde la torre de la iglesia de la ciudad vieja.

 

UN NARVAL DUERME

 

                                     A Antonio Cisneros

 

Oscurece antes de despedirnos y pasa un tranvía con presteza

La prisa del vehículo aminora el tranco de un borracho que

trastabilla en la vereda

el viento se detiene momentáneamente         en el dorso metálico

de una libélula muerta

Un narval de un solo cuerno ha quedado varado

en los bancos de grava de la ensenada

Era blanco en el momento que el cosmos azufroso y endrino con la calígine

se arrebata  se destiempa  y era inmaculado

Detrás de unas rocas está el último cobijo de la borrasca

se esconden todos detrás de los blancos collados     y en la arena

Los abedules se retuercen        así sea la galerna que truene

o retumbe la ventolera

la panza hastía      se retrae de un hambre inmensa

se retrasa una enorme apetencia por una calamitosa comida

mísera entre los miserables.

Los letreros fluorescentes de la ciudad iluminada

están distantes más allá del firmamento

Se pierde en su singularidad el infinito          se extravía

No hay señales visibles de astros    de constelaciones     ni de estrellas

No obstante los ajenos dicen que brotó un lucero en el mar

como cualquier hongo iluminado

así fuera la hierba híspida o la aspereza de la escarcha invernal.

La ventisca hurga en la espalda nívea del cetáceo

Atrás en los collados transita alguna gente

y llegado el anochecer

en la ensenada             donde  espuma el oleaje

un narval de un solo cuerno         duerme

 

 


 

 

La presente edición  de 

Poemas ascéticos y letales

de   Sergio Badilla Castillo, 

fue colgada en la Red a los

dieciséis días andados

del mes de mayo

del año

dos mil

cuatro

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