Miguel Ángel Gómez

 

Siete poemas

 

 

 


 


 

 

 

LEO A KOSTAS VRACHNOS

 

Leo a Kostas Vrachnos

que es muy joven

y no lloro.

Mientras leo se abre una puerta y se cierra,

el poeta griego siempre está

donde ocurren las cosas.

 

Dicen que si el viento no sabe cerrar una puerta

es que tú estás en peligro,

loba cayendo rendida en las ciudades.

Mi corazón también se cae, duele, está

a punto de estallar, se escabulle

en los brazos de otra.

 

Lee. Lee a Kostas Vrachnos sin un motivo,

porque lo que nos hizo daño no se pronuncia,

porque las lágrimas sencillas no se pronuncian,

porque nuestro cadáver, tan abrazado a mis 2 codos,

nunca se pronuncia.

 

(De Monelle, los pájaros)

 

 

 

                                    LA SANGRE AVERGONZADA

 

Quemas las palabras

y paren tripas listas,

vuelve aquella sangre que en realidad

nunca se fue.

 

(De Monelle, los pájaros)

 

 

 

                                                          V

 

No vengas por belladonas ni ortigas, ni por ladridos de perro, muy de mañana, te saben.

“Escucha, Monelle: Cristina Rivera Garza escribió que solo en la memoria sentimos”.

Quiero tirarme de la cama para asomarme al bosque. Quiero que la ventana sea un pequeño

túnel en el grueso muro. Llevemos nuestras manos cogidas. Hay ya en ti grajos graznando

estrago, una sumisión, una lengua fresca de niña, ese alivio de la nínfula que ha podido,

por fin, abandonar su fiereza, sus postillas donde el bicho araña, divierte, juega.

 

(De Monelle, los pájaros)

 

 

 

                                                           XII

 

Sylvia Plath me mira desde la pared

y al menos 6 veces me dice

que-me-hurgue-con-un-puñalito

en la herida del vientre.

 

Como la mayoría de vosotros haría,

no le hago caso pero Sylvia Plath respira.

Sylvia Plath inhala mi sangre. Espera.

Sylvia Plath tiene ojos tristes, tristes, tristes.

Es hermosa, rabiosa, pesimista.

“¡Ah, mira mi axila de luz y sombra!”, me grita.

 

La casa tiene disposición femenina.

Huele a papel. Huele a tinta. Huele a mañana llena de un nombre.

Sylvia. Sylvia. Sylvia.

Estoy solo pero nunca estuve menos solo.

Nieva dentro de nosotros, una vida nos nieva.

Amenaza un negror claro.

Sylvia Plath tiene cicatrices y ángel de la guarda,

por eso no me asusta.

Hay una Sylvia dentro de cada uno de nosotros.

Nos manda hurgar en la herida con un puñalito,

nos hace estar lejanísimos sin habernos movido del sitio.

¿Lo ves?

 

(De Monelle, los pájaros)

 

 

 

ave enloquecida el estudio es un campo
de batalla, volaste en otras cinturas
pero supiste que yo prefiero
el otro romanticismo
baudelaire y todos los malditos
baudelaire y todos los maudits
debo pensar que tú piensas
muy negros pensamientos y respeto tu silencio

 

(De Lesbia, etc)

 

 

 

jeanette winterson discípula de lo posmoderno me habla del ballet erótico

de las máscaras, me dice que hay mujeres con antifaz que juegan a las cartas

recuerdo entonces las cartas de amor de freud a su novia siendo un cursi

abrumador

hay mujeres de antifaz con piel cálida sonríen se quitan el antifaz

 

jeanette winterson -ya sabes, la niña semi-desnuda que comía fruta prohibida-

me recuerda que el mundo no está bien hecho y me reprende por necesitar

un guardián de mi corazón

"he buscado el placer con hombres y mujeres" añade segura sí "mi corazón es un      

 órgano de confianza"

 

amo a jeanette winterson tardía esperada y adulterada de pasión

hablo para que hable conmigo

por ejemplo trabaja con gravedad sinceramente por ejemplo con ella mis    

pensamientos

tienen más envergadura por ejemplo me enseña que los besos son joya

inestimables sin sujetador

inteligente y cálida reflexiva y pura

dan las doce y ha desaparecido, lo que me rodea es una vasta hipocresía, máscaras,

alcohol gatas y una mano en cada esquina pero jeanette winterson no está

no está en ninguna parte tengo prisa por salir me siento solitario y odiado

con el corazón vacío persigo el aura impalpable de su persona su dulce rastro

corporal el de jeanette winterson la estera de su vida

 

(De Lesbia, etc)

 

 

 

                                                           SARA

 

Y las entrañas de tu ciudad,

Sara, amor,

son siempre

mundos

bukowskianos

con un olor penetrante,

me parecen maravillosos…

maravillosos.

 

Me gritan repentinamente

en el oído

Brahms, G. B. Shaw,

Aute,

Jacco Gardner

y mis pensamientos

se despliegan

eficaces como un poeta

conceptista.

 

Amo tus pasadizos desesperadamente,

gata interior que no maúlla

cuando empieza a sonar la música.

Sé que hay canciones

que son ágiles, extremadamente ágiles.

 

(Inédito)

 

 

 


Esto siete poemas de Miguel Ángel Gómez, 

han sido depositados en la Red a los 

  dieciocho días andados 

del  año 

dos mil 

dieciséis

.