Justo Braga

 

 

 

La fábula del viento

 

 


 

LOS POETAS

 

Los poetas se reúnen por la noches.

Beben vino y comen versos.

Buscan sentido a las palabras.

 

Los poetas dan un giro a los sonetos.

 

En este tiempo hostil, propicio al odio,

los poetas conspiran a crédito.

Rastrean en lo barroco de sus versos.

 

Están tan distantes de la vida

que han caído en un hondo onanismo sin remedio.

 

 

EL HORIZONTE

 

¿Recuerdas la playa de Poniente?.

 

Tú, distante de mis ojos, contemplabas

los músculos atroces de aquel negro.

 

Esperabas expectante

la caída de la tarde.

Absorta, mirabas, las olas de la playa de Poniente.

 

El negro, en la distancia, contemplaba a otras bañistas.

Eran sirenas varadas en la arena negra de occidente.

Hay gaviotas por todas partes.

Están al acecho , vigilantes.

Dominan con los ojos todo el horizonte.

Tienen las pupilas enormes, las garras imponentes.

 

El negro de la playa de Poniente

pone sus negras manos sobre el pecho dulce de una ninfa a punto de ahogarse.

Se estremecen las gaviotas desde el aire

que ven cómo el negro arrebata su presa.

Chillan.

Se desespera el resto de bañistas que quieren

también ahogarse en la playa de Poniente.

 

 

EL PISTOLERO

 

Hay noticias que parecen versos:

 

Un pistolero a sueldo asesina a una portera.

El catedrático de química se bebe una probeta.

El lingüista se atraganta en un fonema.

 

Hay versos que parecen silogismos .

Si llueve, diluvia.

Se inundan los fonemas.

Si se muere una portera,

el pistolero recibe recompensa.

 

Hay lingüistas tartajas,

porteras muy finas que apenas se atragantan

y fonemas diluviando en cada letra.

 

Hay versos que parecen probetas.

Silogismos que matan a porteras.

 

Hay porteras por todas partes.

Hay pistoleros en todas las esquinas,

al acecho

esperando a que pasen los lingüistas,

disparando a discreción

sobre sí mismos.

 

 

TUS ENTRAÑAS

 

Bulle en mis entrañas un suceso reciente.

Debe de ser Eloísa cultivando su conciencia.

De vez en cuando recuerdo las marismas,

el agua salada,

el sol quemándome la espalda.

 

Eloísa está leyendo,

tumbada en la arena,

ya digo,

cultivando su conciencia.

Boca arriba.

Las piernas abiertas.

Desnuda.

Sudorosa. Coqueta.

 

Enfrente hay un negro inmenso,

cabezón,

azorado.

Mira sus pechos ardientes.

No distingo muy bien si hay regocijo o bullicio

en su mirada.

No sé si lo que espera Eloisa es que la miren o la sueñen.

Debe de ser muy excitante

mirar a Eloísa cultivando sus entrañas.

 

 

 LOS QUE TIENEN SUERTE

 

Tienen suerte quienes miran la tragedia

desde el cielo.

En Colombia un terremoto ha matado a un millón de niños.

 

En otro lugar del planeta,

el dictador de turno se pasea

entre tinieblas.

Hay un gañán en alguna parte que escribe decretos de hambre.

 

Hay un ingeniero

que le ha tomado afición a los tálamos

y se sube a los árboles

cada vez que anuncian lluvias.

Tiene suerte este ingeniero del verso.

Casi nunca improvisa.

Iluminado por una fúnebre linterna

contempla los arcanos sin inmutarse

y escribe letrillas al azar ,

sin prisa,

consternado,

eso sí,

por la ausencia de tiranos

y porque hoy no televisan

La Champions League.

 

 

EL TIRANO

 

Levanta el hacha este tirano.

Esdrújulo, mandril y fiero.

Frunce el ceño

y como una rata,

se esconde antes de ir al matadero.

Con saña y arte de carnicero

asesina al alba,

a quien llama Rosa –triste-vuelo.

A quien despierta a deshora ,

atruena y mata.

 

Este orangután despechado

lleva por armamento sus garras,

se inspira en el terror

y no se asusta por nada.

 

Hunde su diabólica energía

como si de un escarabajo se tratara.

Luego se acojona.

 

 

TESALINA

 

Él leía cartas de amor a Rosaura.

Ensalzaba su apacible hermosura.

Ella,

azorada,

tras la falda,

no perdona a Corina

el infortunio que su mirada empaña.

 

Él leía versos de amor y desamparo,

mientras anuncia,

triste

su delito:

dar tregua a su juventud y su codicia.

 

Mientras Corina avanza por la acera,

Rosaura mira anhelante.

Arrepentida espera

hallar en cualquier parte

su inocencia.

 

Los negros de Oklahoma

quebrantan su fragancia

y como un capricho a Mesalina

se inyectan en la vena la escritura de versos.

Consumen cocaína adulterada.

Recitan sonetos

armados de esa hermosa manía

de orinar en las esquinas.

 

 

BELISA

 

Belisa enmudece.

Recibe la noticia que ya espera.

Ahuyenta su mirada con natural destreza.

Aparta de su vista

la hoguera que detesta,

el fuego que la mira,

la luz que la ilumina.

 

Belisa palidece,

sin matices.

Belisa se desmaya,

sin desorden.

 

Belisa exhala estéril el invierno.

Indómita

e infecunda ofrece

su boca y sus pechos

al océano furioso en que se baña.

 

En la orilla,

una multitud contempla el cuerpo desnudo de Belisa.

Aplaude agitada su destreza.

De repente,

un débil devaneo en las miradas,

confirma que Belisa ha muerto.

 

 

PRIMERA CARTA A FABIÁN

 

Me has escrito Fabián esta mañana

preguntando por los viejos camaradas.

Yo te he dicho,

viejo colega,

que nada sé del Pigarra,

ya sabes,

el pope del partido.

Mis hijos,

sobre todo el mayor,

se parte de risa

con estas batallitas.

Ya sabes que soy de pocas palabras.

Tengo,

eso sí,

cierta retranca,

cuando hablo del pesoe.

 

Nada sé de Lydia,

La maligna.

Sé que estaba dolida contigo

y conmigo

y con todos.

Bien conoces su disgusto por los versos

que escribimos en el wáter

hablando de sus tetas.

 

Pedro está en Bosnia

con la boina de sargento de paracas.

 

Yolanda es banquera

o bancaria,

no sé muy bien cómo se dice. Gana una pasta.

 

Santi está en Dinamarca.

Es diputado de la extrema derecha.

Y a mí,

ya ves,

eso me hace gracia.

 

De Amanda nada te cuento.

Sólo te diré que se casó con Horacio,

el quiosquero,

y no he vuelto a verle el pelo

de su pubis

-el de Amanda me refiero-.

 

Ahora he vuelto a Misa

como en los viejos tiempos.

Comulgo casi a diario

y me confieso

pecador

de mis pecados.

 

Me han nombrado presidente

de escalera. Por algo se empieza.

Tengo,

tú bien lo sabes,

afán por superarme

y estoy estudiando esperanto. Nunca se sabe.

 

Acabo de comprarme

una escopeta de caza

y un pantano abrupto en las afueras

de mi barrio.

Cualquier día me mato. No sé.

Lo estoy pensando.

 

 

YO MISMO

 

Ese tipo pálido y febril

Que estoy mirando

Soy yo.

Yo mismo que me miro

De un modo impertinente.

Yo mismo

vestido de primera comunión,

Feliz como unas pascuas.

Con un poco de suerte,

ese infante de la foto

se meará en cualquier momento,

si nadie se lo impide.

 

Es posible que después

de enamorarse varias veces

descubra el modo extravagante del deseo.

 

POETA

 

Repróchate a ti mismo no haber ganado

un premio

literario.

Eras un autor de éxito,

un poeta en ciernes, te decían

los críticos de versos.

 

Acudías,

cada invierno,

a las justas poéticas de Oviedo.

Y entre tanto ganado de escritores

tú no eras más que un montón de huesos

afilados.

Un paquete de habanos apagados

en un cenicero cargado de estertores.

 

Ella, sin embargo,

encendía para ti la primavera.

 

 

SEGUNDA CARTA A FABIAN

 

Te escribo Fabián nuevamente

sorprendido

por tu ultima carta.

En ella me preguntas,

-ya sé que molesto- ,

por Aurora,

la abogada.

Y no sé que decirte,

viejo amigo.

No sé si Aurora se ha muerto.

Lo cierto es que está perdida,

desaparecida de mi vida por completo.

 

Ya sabes, Fabián, que nunca la he echado de menos.

Es más, te digo , que casi la desprecio.

No soportaba más sus guisos, su potajes, sus anhelos.

 

La última vez que cenamos

casi me indigesto con sus besos,

-ya ni te cuento

el mal sabor de boca que me dejaron sus versos-.

 

Sé que tú la quieres.

Sabes que yo la temo.

Me alegro,

por tanto ,

de verla pocas veces,

-las menos que puedo, lo confieso-.

 

Aun así te digo

que, de vez en cuando, aún me acuerdo

de su cara,

de sus pechos,

de sus pubis pelado como un huevo.

 

Y te aseguro , viejo amigo, que tengo arcadas

cada vez que lo pienso.

 

Creo que exageras cuando dices

que Aurora era una ninfa, una diosa, una delicia.

El tiempo

-tan tenaz-

pone las cosas en su sitio

y no encuentro razones suficientes

que me hagan pensar que me equivoco

cuando invoco

su desidia,

su risa petulante,

su mal carácter,

su perfil desnudo,

indefinido.

 

Al hilo de estas cosas

se me ocurre que deberías buscarla

si es que tanto te enamora.

Nunca es tarde,

amigo Fabián.

Tú verás lo que haces.

Yo te advierto,

amigo mío ,

que es mejor el onanismo a cualquier hora

que una tarde de domingo con Aurora.

 

De todos modos ya sabes que yo tolero

poco las mentiras, los engaños

y ya no soportaba por más tiempo

tanta estridencia nutritiva,

tantos apaños que ella hacía por parecerse a Marilín,

la peluquera.

No aguantaba ni un minuto

sus eructos,

su desgana,

su compostura inútil.

su cara de aceituna y su arrogancia.

 

Esperaba verla muerta cualquier día

y ganar así la recompensa

de su pésima filosofía.

 

No fue posible.

No sabes cuánto lo lamento

 

 

AL FINAL DEL DIA

 

La tarde entra pronto en la cocina:

a eso se reduce el misterio

cada día.

 

También hay razones suficientes

Para pensar en la inútil existencia

del párpado que cae

y ensombrece las pupilas.

 

Hay sueños que se olvidan.

Otros se insinúan solamente.

Algunos apenas se perciben.

Casi todos se terminan.

Los más se derrumban sin fortuna,

-inútilmente-.

 

Al final del día descansa la noche,

soberbia,

pero herida de muerte.

 

 

EL REFUGIO

 

Refugia su hermosura como si fuera un espejismo.

Pero no puede evitar tanta belleza.

Hay en su cuerpo llanuras y colinas.

Bosques misteriosos,

lúcidos torrentes,

grandes cataratas entre sombras,

poderosos campos repletos de amapolas.

 

Así que leve y suavemente

ilumina cuanto toca.

 

 

NADA

 

El también te esperaba

desde diciembre.

Harto como estaba de tu ausencia

se fue con mujeres malas,

-casi todas de derechas-.

Anduvo en todas las pesquisas policiales.

 

Delincuente común,

intransigente,

ladrón de aves submarinas y de besos

se hizo un ser solitario, huidizo.

Dejaba como estela unos labios sutiles

y el eco de sus rezos mahometanos.

Paso de cientos a miles de millones de altercados

con las bandas enemigas de tu barrio.

Mareado por los ruidos de sirenas

se hizo nadie en nada

y ahora es imposible borrarlo.

 

 

MI CALLE

 

Vivo en una calle

con nombre de Académico

mundano,

pero fino.

Arriba,

en la azotea,

anidan todavía

sus versos

que jamás he leído.

 

ESCAPARATES

 

Me gusta cuando sales de paseo

a ver escaparates –simplemente-

y te fijas en detalles inocentes

que nadie ha visto: esas medias

rojas llenas de arabescos, esos

guantes de lana tejidos con mis huesos.

 

Me gusta cuando explotas de alegría

-¡y yo sin entenderte!-

 

 

LOS GIMNASTAS

 

Ahí están los gimnastas

gastando inútilmente su energía.

¡Cuánto mejor sería

ahorrar tanta destreza!

 

Se esfuerzan cada día,

en un una nueva marca.

Recorren mil metros al minuto

mientras atisban a lo lejos la meta

y se mofan de nosotros,

los poetas holgazanes sin honra.

 

No saben estos gimnastas puristas

que también a ellos se les va la olla

con tanto estimulante que se toman.

 

No saben estos analistas

de mentiras,

cuánto hay de miseria en sus axilas.

Cuánto sudor desprenden del sobaco.

 

 


 

LA PRESENTE  EDICIÓN  DE

La fábula del viento, 

DE  JUSTO BRAGA

FUE  COLGADA EN LA RED

A  LOS  TRECE

  DÍAS ANDADOS

 DEL  MES  DE

 OCTUBRE

DEL

 AÑO DOS

MIL 

CINCO

.