José Garés Crespo

 

 

Material de derribo

 

 

  
DE JANIS JOPLIN A ALBINONI
 

    Carolyn Kizer, premio Pulitzer en 1985 por su libro Yin, piensa que «All really good poetry should have a mysterious element in it». Kizer habla de dos tipos de elementos misteriosos u oscuridades. Por un lado está la que uno crea porque no ha sabido expresarse bien, lo que da como resultado «the bad obscurity». Por otro lado, «there’s the kind of good obscurity when you’re really dealing with things that have an element of mysterious in them». Kizer termina diciendo que «los poemas que leemos una y otra vez son los que todavía tienen «a little area that we’re not quite sure about». Estos poemas estimulan nuestra propia imaginación a pensar y sentir.

 

En Material de derribo encontramos el lado oscuro de la vida del poeta y el lado claro que nos hace leer una y otra vez la mayoría de los poemas porque son un estímulo para nuestro corazón y para nuestro sentimiento.

 

    Pero hay que decir enseguida, para que no haya duda, que Material de derribo es sobre todo y ante todo un fascinante libro de amor y sobre el amor, todo envuelto en una reflexión cívico-social-política. En ocasiones en sus poemas el pretexto del poema, la reflexión moral y el tema derivan unos de otros. Un texto que quema y que, arropado por otros nobles materiales, lucha por romper los límites a los que el poeta le ha confinado.


Tan liviana como imprescindible,
ni cerca ni lejos, ni mar ni cielo,
mujer de mil deseos, aún dormida,
contrafuego del sexo blanco,
llegas desde el placer del verbo

como la sal mineral sobre el fuego,
huyendo hacia mis brazos,
como el alba de la noche, disuelta y cautiva,
como el beso de la joven madre viuda.


   
Desde el punto formal son tres los obstáculos que pueden dificultar la entrada al recinto: el significativo y equívoco título del libro, los sensacionalistas títulos de algunos de los poemas que, para el lector primerizo, en apariencia no tienen ninguna conexión con los poemas y finalmente la consciente inclusión de innecesarias frases que acompañan a cada poema.

 

 

   ¿Y por qué este título? Aquí nos ayuda el poeta con sus palabras:  «Creo que todos trabajamos con material ajeno, anterior a nosotros o  contemporáneo, depositado en mil y un escritos, cuando no en la lengua  coloquial. Poco más podemos hacer aparte de reordenar buscando, mediante  el choque del material de derribo que recogemos, alguna chispa  que ensanche la realidad depositada y usada en las palabras y que así  adquiera un toque personal que se aproxime a decir algo de esa pequeña  parcela de cada cual que nos hace únicos».     

 

    ¿Y quién es este obrero que trabajando con material ajeno logra  edificar un edificio único? En la época franquista José Garés fue un  francotirador. (Nunca mejor empleado el sustantivo) por lo que fue  encarcelado. Empezó a escribir alrededor de los 20 años y fundó la  revista de poesía «Grama» en la que colaboró Vicente Aleixandre, Jorge  Guillén, entre otros. Publicó un pequeño poemario en la colección  Arrecife. Posteriormente abrió una librería con un grupo de amigos a  través de la cual (últimos años del franquismo) entraron en contacto  con grupos de la izquierda clandestina. En septiembre de 1975 le detuvieron  y estuvo dos años en la cárcel hasta que le amnistiaron en el ‘77.  Estando en prisión publicó un poemario en catalán Falç sense mà con  un prólogo de Joan Fuster. Fue diputado socialista durante doce años y  en 1997 abandonó la vida política.   

 

    La política, avariciosa como la muerte, le alejó de la poesía. No es  buena compañera la política para la poesía. Toda poesía política acaba  en un panfleto. Ahora, ya con la experiencia de una vida a sus espaldas,  el poeta reflexiona y redescubre sobre el amor y otros aspectos fundamentales  de la vida y su poesía brota generosa y llena de fuerza.   

 

Pedían soluciones y ofrecimos caminos, 

abandonamos y muchos nos siguieron, 

y un día descubrimos que detrás de cada mal uso 

hay una beneficencia. 

Lentamente nos desplazamos 

de la vigilia al desencanto, sin casi mutilarnos, 

tratando de borrar los largos espacios 

temporales, anónimos casi siempre.   

 

    Entremos ahora a quemarnos los sentidos en ese fuego descontrolado.  Las piezas de este museo traen consigo incrustados vestigios, señas  de identidad de otras nobles edificaciones. Referencias que junto al  título nos indican el proceso histórico y culturalista en la génesis del  poema y de la ideología del poeta. Lo primero que se advierte en este libro  es que el poeta le ha perdido el respeto a la poesía. Lo que está muy  bien. Para escribir un poema no hay que ponerse serio. Hay poetas que  escriben un poema vestidos de frac y otros, como en el caso de Material  de derribo, vestidos de calle. Vestirse de calle tiene para José Garés un  hondo significado social y político. En algunos poemas podemos observar  que el poeta, sin que podamos catalogarlo de poeta social, está más  próximo, por ejemplo, al «Nosotros somos quien somos. ¡Basta de Historia  y de cuentos! ¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus  muertos», es decir, a la poesía de lucha y compromiso, que a la poesía  «pura» y minoritaria de alguna corriente de los setenta, y sin embargo  utiliza algunas técnicas de las vanguardias de entreguerras.   

 

        ¿Hasta qué punto la disciplina de la política dejó marcada para  siempre la estética del poeta? ¿Cuál de estas voces, –el poeta, el enamorado,  el político, el ideólogo desencantado–, debemos leer? ¿Quién  tiene la voz más clara? Según uno se decante por una o por otra percibiremos  un aire de nostalgia, un fuego descontrolado, consignas de  disciplina, letanías ateas.   

 

Hay días que nacemos únicos, tan solos que nos asustan 

los largos descubiertos que adornan nuestra corta historia 

y nos aventamos, solemnes, como la mies en la era, desenfadados, 

como un obradoiro desierto, como la corteza de la miel del clan. 

Cuando la luz se apague y la ciudad caiga, volverán áureas bandas 

y los vientos del sur nos llevarán a los tres caminos de una sola puerta.   

 

    ¿Qué prevalece en este libro que es como un torrente incontrolable?  Después de todo, al poeta, le queda la palabra. La poesía para  José Garés es «un intento de, utilizando las palabras que usan unos  cuantos millones de seres, y habiendo pasado por caminos transitados  por otros tantos millones, hablar de algunos sentimientos propios manteniendo  la quimera de que alguien me entenderá. Una manera de forzar  las palabras intentando sacar nuevos jugos».   

 

    Pero mientras que el poeta, el hombre, estaba en la calle en la lucha  dialéctica y tratando de derribar edificios totalitarios se encontró y  compatibilizó su tiempo con el amor y la férrea disciplina «del partido  » se dulcificó y se flexibilizó.   

  

    Material de derribo no es un libro uniforme, como un buen museo,  tiene piezas más valiosas que otras, todas de primer orden. En este  sentido este libro puede parecer una antología donde se aprecia la evolución  del poeta. El libro se podría resumir, en su faceta culturalista  con estos dos versos:

 

  «Ya ves, te fuiste con Janis Joplin 

y regresas con Albinoni»

      Es decir: «Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos» «De  Janis Joplin a Albinoni y el regreso del desencanto». 

 

    Material de derribo es un libro vendaval, es como si el poeta hubiera  estado mudo, preso o maniatado (como evidentemente estuvo),  como si hubiera perdido demasiado tiempo en la política, olvidando a  la poesía que golpeaba en el pecho del poeta, como si hubiera deseado  escribir y no hubiera podido hacerlo. De pronto, libre de compromiso  político y social, sin ataduras (solo con las del amor), reflexiona, expulsa  –vomita– todo lo que había guardado dentro.   

   

      Donde hay amor no puede haber degradación, pero puede convertir  lo negativo en desengaño y puede resaltar la carga maldita que hay  en la mayoría de los poemas de Material de derribo. En todo poema,  decía Jorge Guillen, hay un lado maldito, como hay un lado bendito.  El libro conecta, para bien o para mal, con la historia de la poesía  del siglo XX: con el magisterio de Juan Ramón Jiménez o el de don  Antonio Machado, la poesía amorosa de Neruda, la sombra de algunos  miembros de la Generación del 27, un ramalazo de Celaya o Blas de  Otero, la presencia de algunos «novísimos» y de la de los del 50, y  una aproximación a la poesía de la experiencia, hasta conectar con  algunas de las corrientes del recién nacido siglo XXI. Sobre todo en el  libro hay una especie de complot para, a veces, desestabilizar al lector,  complot que choca con una fuerza que arrastra hacia alturas y profundidades  insospechadas y una sorprendente y casi irritante energía,  vigor y fuerza. Material de derribo está tocado de esa luz cegadora,  milenaria y mágica de los que viven en el mediterráneo, sin olvidar  una de cal culturalista y otra de arena popular.   

 

Vengo del mar, porque todavía nos une

su envoltura, y el empuje de sus olas

me recuerda el tacto de tus pechos.

Pero no de un mar, no... hablo de nuestro mar,

del único, en el que tantos dioses

han sido vulnerados por el tiempo

y miles de naufragios de soles reposan

en brazos de la luna...

 

      La poética de José Garés, según sus propias palabras, podría sintetizarse  en «Háblame de lo que quieras, pero sorpréndeme y descúbreme  nuevas formas de mirar, con las que pueda hacerme cómplice».  El poeta, no importa el desencanto, las puñaladas, las cárceles y las  sentencias, o precisamente por todo esto, sigue esperando a Godot y  aunque silba a lo lejos el tren en el que puede viajar, el tren nunca  llega. En su espera el poeta tortura a la Poesía, la maltrata, la exprime,  le imprime un nuevo brillo y la Poesía se deja, lo agradece y vemos una  gran complicidad entre los dos.   

 

    La poesía de José Garés es un testimonio, un testigo de la biografía  del poeta que va desde su época de inocencia, pasando por su época  de compromiso social, para terminar en el otoño de su vida en una  reflexión sobre la palabra y la filosofía de la vida, sobre el amor fogoso  y arrollador, sobre la vida de tantos a la vez que la suya. Material de  derribo «intenta ser también –según palabras del poeta– una reflexión  poética sobre algunas circunstancias sociopolíticas y culturales de una  generación que apostó fuerte por el cambio y que ahora se siente parcialmente  fracasada». 

 

    En la poesía de José Garés observamos tradición y modernidad, un  lenguaje de cotidianidad que el poeta mantiene en una conversación  consigo mismo, con la amada y con todos nosotros. Es una poesía barrocamente  desnuda, lo que no deja ser un oxímoron. Poesía difícil a  veces, deslumbrante siempre, rica en imágenes, contenida en la mú14  sica, controlada en el ritmo. Como la poesía que perdura en el tiempo,  cuenta lo de siempre, pero con «distinta agua», aquí sería, en ocasiones,  con distinta mala leche. Una poesía que hace lo viejo nuevo y lo  nuevo viejo.

 

  Lo único cierto es que un día, 

como al bies de nuestra historia,

 me iré sin rumbo.

 

      Juan Ramón Jiménez lo había dicho:

  «...y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando /; y se quedará  mi huerto con su verde árbol /, y con su pozo blanco».

   

    Hemos tenido que esperar muchos años para que el poeta, libre,  volviera a sus raíces. Y «aunque algunas ideas o imágenes sobre las  que se traban algunos poemas, vienen casi de mi prehistoria, en tanto  que poemas más o menos elaborados todos han tomado cuerpo el último  año. Pero ya se sabe, la memoria y la experiencia son vasos comunicantes  y sabes donde empiezas pero no donde terminas.» Nos dice el poeta,  y confiesa: «He amado y me han amado.» Y con Lope de Vega, que  tanto sabía de esto, pues lo probó y lo supo, coincidimos en el amor del  poeta y del sorprendente resultado de este amor.   

 

    Material de derribo es un libro extraño, esquivo, vivo, un libro edificado  y hecho con nobles materiales de derribo que entronca con la  tradición y con la modernidad: «Porque amar y hacer versos todo es  uno; que los mejores poetas que ha tenido el mundo al amor se los debe».  Y aquí tenemos uno.   

   

Si en el atardecer de nuestras vidas seremos examinados en el amor,  Material de derribo es un libro que nos puede salvar.

                                                                                                                                                                                                 Hilario Barrero Díaz   

 

 

 


 

 


«La palabra es mitad del que habla y mitad del que la escucha»
Michel Montaigne


«A cada uno la verdad se le descubre en la medida de su
capacidad para contenerla»
Yuri M. Lotman


«Si un signo no sirve para mentir, en ese caso tampoco puede
usarse para decir verdad».
Umberto Eco

 

 


POR QUÉ PLATÓN EXPULSÓ A LOS POETAS DE LA REPÚBLICA


Deja de perseguir el lugar
donde aún florece la rosa tardía

                             Q. Horacio Flaco


Con el otoño llega el tiempo
de ordenar los vacíos y la palabra.
Si al menos, al final de la aventura,
volvieran, fugaces si quieres,
la sonrisa y el asombro,
tal vez, entonces, tuviéramos un respiro
en esta larga caminata, hoy sin norte,
siempre de vuelta, sombra de la luz.
Deberíamos, un día de estos,
hablar del obligado exilio,
de la nostalgia y las mareas,
antes de zarpar hacia el desarraigo


 

 

LA DIÁSPORA DEL SÉPTIMO DE CABALLERÍA


Vendrá la guerra,
tengo que irme.
No me olvides.

      Arvo Turtiainen


Con el ritmo que marca el tiempo, perdida la sonrisa,
hemos crecido de la mano de la utopía y de la nada.
Si tropezamos con otros, fue de tanto mirarnos
y porque los días son, de vez en cuando, una ciénaga.
En algunas ocasiones, cuando la tentación arrastra,
cuando el futuro amanece confundido con el pasado
y no basta nombrar algo para que exista, digo
que, cuántas verdades pugnan por abrazarnos,
cuántos valores solo medio dormidos renacen,
Seguís muriendo y en interrumpida diáspora
dejáis huecos imposibles frente al otro y al verbo,
y marcháis como llegasteis, inesperadamente.
Qué relativo aparece el primer beso minúsculo,
cuántos provechos dormían en la sombra
del guerrero nacido de la cortesía del arado,
de la muchacha diosa que nos dejó descalzos,
y qué incruenta la batalla en los ángulos de su piel.
Renovación y muerte, sí, tribulaciones del vasallo
que nos necesita para saberse y olvidar lo justo,
que mira, impertinente, encaramado al estandarte.
Su grito, elemental, todavía nos identifica,
y su sangre derramada, para tantos, renace
partera como el agua, distante como la estrella.
Todos sabéis que el viento se origina en el aire,
que en el frontispicio de las patrias, cada muerte
recorta espacio y nos da la medida del vacío,
Por eso, desde siempre, despavoridos, buscamos
jarras donde, como racimos, alinear puñales,
y el galope sucesivo, reflejo del panal de la brisa,
tan impasible y frío como el amor eterno.
Y banderas, banderas de colores cambiantes,
de significados inaccesibles y final escarlata
tan cercano como impío, tan heroico como cruel.

 

 

JOCS DE FOLIA PARA VIOLA DA GAMBA


«Solamente sé que los caminos
de retorno están cerrados».

                     Celso Emilio Ferreiro


Sin que nadie nos diese una explicación,
observamos que el horizonte ya no huía,
las dádivas de cada día quedaban prisioneras
en el recinto del amor, se dormían,
y entre las manos, como una naranja violeta,
sus muslos nos sorprendieron, deslizándonos,
cogidos del vértigo en ruinas,
del amor a la desesperanza.
Siempre creímos que habíamos ganado
la batalla de qué era la verdad,
pero la hambruna nos dice que perdimos
al decidir quien la administraba.
Fue como cuando, atentos a lo que nos dicen,
olvidamos lo que callan, o las palabras ausentes
que ordenan las instancias del universo y del barrio.
Algunos, los más valientes, conjuraron los poderes
para evitar las prohibiciones
y a despecho de la rabia,
fuimos nómadas en nuestra tierra,
fugitivos de nuestra casa.
Vaciaron el significado y nos dejaron
la rutina de la palabra que nos precede.
Limpiamos con miel y aceite las huellas,
pero quedan las alucinaciones y el llanto,
todo lo que llega desde donde los muertos
guardan la memoria y alimentan el futuro.
Aún así, hemos sobrevivido,
fue suficiente unir la sonrisa y el almendro,
la palma y el alacrán, la luz y la mirada
y tantas cosas que nacen al nombrarlas,
la suave mesura del código babélico,
la nota musical que nos convocó,
el conjuro de las sílabas del desierto,
el eterno abrazo de los vivos y los muertos,
la estación lila donde vive el poema y el recuerdo,
la redención del orden que nace del caos.

 


HACE TIEMPO QUE TE ESPERABA... –DIJO MARLOWE


Levantó los ojos hacia las estrellas y las estrellas
admiradas por tanta belleza perdieron pie
y rodaron por sus mejillas donde con envidia
las he visto oscurecerse.

                                                      Ben Al-Labbana

 


Tan liviana como imprescindible,
ni cerca ni lejos, ni mar ni cielo,
mujer de mil deseos, aún dormida,
contrafuego del sexo blanco,
llegas desde el placer de la palabra,
como la sal mineral sobre el fuego,
huyendo hacia mis brazos,
como el alba en la noche, disuelta y cautiva,
como el beso de la joven madre viuda.
Perdidos los horizontes,
te acomodaste sobre mi tiempo y en mi espacio,
serenaste los espejos, encendiste las vueltas
y al conjuro de tu sonrisa, religiosa y pagana,
abrimos el insomnio de las rosas negras,
me tomaste y quebraste la queja del viento,
huésped del gozo cansado de los sueños.
Un sortilegio del presagio fuiste.
Olvidado de tu piel, aturdidos tus tempranos
quiebros, me desplacé discreto
como la arena disuelta y cautiva,
enamorado del origen de tu vientre,
de tu largo mirar café,
de tus alargados deseos adolescentes.
Y aún reclamo la indulgencia de tus pechos,
tus aturdidos amaneceres,
la blanca constelación huidiza
del perfil de tus ojos fronterizos,
el gozo de tu sometida carne,
hasta tapiar los mares.
Y te espero, desnuda y sin raíces
sobre el lecho del río de la ruina y su parpadeo,
fraguada en los recelos y las distancias,
oliendo a manzana verde.
Y te amo porque miro donde todos miran
y veo lo que nadie ve.
 

EL DESVÁN DE HERÁCLITO Y LOS CUATRO ELEMENTOS


Los cuatro elementos primarios
dan forma a mi existir:
Un cuerpo sometido al tiempo,
siempre ansioso de ti.

                               Luis Cernuda

Azul cobalto y verde olivo,
nacidos del fuego de tus manos,
de la maldición de ausencias,
del mar que nos une,
del placer del dolor consentido, velos cíngaros,
noches morunas, ánforas, caracolas
y el solano por venir que persiste
como tierra apremiante, diversa, testimonial.
Mujer excesiva. Mágicos tus ojos,
espejos del eclipse de tus carnes solícitas
de rebelde lujuria, me guían certeros
hasta el apátrida reverso y al trasluz
se deslizan, se pierden inauditos
en la parquedad de tu vello,
en la beligerancia de tu vestido.
Arco lunar me recuerdas,
pero adolescente y moreno de dolor.
Tus manos sujetan mis mejillas
y me elevan hasta tu boca,
pero tu voz me devuelve a tu pubis y tu aroma
al seno de la tribu, a las noches revueltas
por la estrella y el amaranto de los tiempos.
Alfarera de sueños y esperanzas,
de pupilas asombradas, siempre emergentes,
orilla de los faros del desorden nocturno.
Azul cobalto y verde olivo, colores que nos llevan,
fugitivos, a la frontera de tu talle sereno,
mientras la orfebrería de tu blusa,
hace carnal el poema
y convierte en comunión la proximidad.
Me pierdo, sí, me pierdo, a mi pesar,
en tu recuerdo y su futuro,
amagando señales de que sigo vivo
desde hace tiempo,
en el sorprendido desorden .
 

 

LAS BOLAS CHINAS DE MADAME BOVARY
 

Hacíamos el amor como dos místicos que se juntan para tocar sonatas.

                                                                                              Julio Cortázar
 

Como si imprescindible fuera la exaltación
del recogimiento, junto a la vuelta del arresto
y el magisterio de tu imagen, así tu gesto simuló
y ordenaba, hasta hundirnos en el concierto.
Los deseos ocultos de tus pechos, deseantes
y marginales, esparcieron tu mirada
sobre la inmensidad y los retoños.
Nada fue tan banal como tu efervescencia
y el repliegue de tus mejillas pegadas a mi pecho,
Buscabas y encontraste un niño cruel, limpio,
enamorado, y aún, saciado y desnudo, me pregunto
qué pájaros me llamaron, por qué tu guiño
fue tan generoso y mi testigo tan fugaz
como el parco patriarca de todas las pasiones
sin contornos, como el aliento del gesto
distendido sobre una cama inverosímil.
Y fue que, de tanto vivir la muerte, volvimos
al tumulto, a la cópula de la mentira y el amor.
Tú que adoraste a dios para dar vida al diablo,
incapaz de llegar, tu que trivializaste el camino,
¿cómo sabrás de mí con caricias ajenas?
O puede que buscabas al minotauro
tirando piedras contra el infierno.
Desde entonces, sobrevivo en tu recuerdo
y adiestro mi libertad y sus excesos.
 

DEL CABARET VOLTAIRE AL CAFÉ DE RICK


El mar es mar porque se parte en olas
y renace al morir sobre la playa

                                        Vicente Gaos

 

Deberíamos saber que son días sin fin,
o puede que un torrente de cabellos.
Saber que solo el verbo y sus analogías,
pero también la amenaza del amigo,
nos hacen accesibles y acosados,
amantes nazarenos.
Somos la realidad que, cómplices, compartimos.
Cierto. Y agotamos los plazos, el beso,
desnudos y boca arriba.
Perdonamos nuestra herejía y exhortamos
la caricia, el tiempo y cuantos signos
hablan de nuestros orígenes,
del dolor, de nuestra estancia.
Tantos otoños amándonos nos paralizan la realidad
y dudamos de aquella noche,
hasta que nos golpee la muerte.
Perdemos sus raíces,
nos descubrimos en un solo y lento vacío
que ni siquiera nos nombra. La estructural perversión.
Tanto dolor, como un golpe de luz excesiva, nos ciega.
Sí, somos un leve espejismo,
una apuesta fallida y conjurada,
una copia de la procedencia perdida,
una ecuación poética.
Como el triste laberinto de la fe que toma distancia,
indiferente, y se pierde con el horizonte,
pasando de la comunión a la proximidad.
Único momento privado. Quizás.
 

 

ET VOILÀ... LA PITONISA EN BOMARZO


Se me fue el corazón con una mujer
porque le gusta el olor de cebada que mi pueblo tiene.

                                                                Sin-ichi Isikaua


Algunas veces, con lo que sobra al regreso de tus noches
y tus años, construyo inducidas obediencias
estrelladas de celos, pitonisa.
Recuerdo nuestros amores robados, en sombras.
Tú que eras la luz, la orilla y la vuelta,
qué bien fintaste cuando llegó el olvido,
hasta fermentar los mitos y crujir los hábitos.
Sin velas ni remos, el suave carmen de tus sueños,
las indecentes prácticas veladas, tu magisterio
y el inefable dorso de tu muslo, fueron mi derrota,
Abdique ante el irreverente manantial
de tus ojos, anillos de espinas, y me llevaban
del suburbio a la arena, del sortilegio al oráculo.
Sí, ven ahora, y deslízate, como el amaranto de tu falda
sobre el alomado paisaje de tu cuerpo.
Ya verás, un día de estos despertaremos
con el fuego apagado, que no muerto,
y durmiendo sobre el amor.
 


EN CAFARNAUM, CON FLORENCI CLAVÉ


Somos dos para el campo y el ensueño
y dos en la canción siempre de vuelta.
                                        L. F. Vivanco

 


Un día dejamos la metafísica,
los colores y el versículo
y envueltos con la verdad de la calle,
nos sumamos a un largo camino que venía de lejos.
Con una antología de inhibiciones
dormimos en la estancia abierta, aquélla donde,
si nos excluíamos, nos condenábamos.
Ecuménico fue el trasunto de nuestra vida
y convivimos con la luz indolente,
joven y apiñada, saboreando la corteza
de la miel del linaje y buscando
nuevos hogares para amasar el pan.
Pero cuando llegó la muchacha,
Aldebarán ya era viejo y apenas pudimos
gozar el cálido aliento de los dulces abiertos,
y envolviste a Mondrián en un cómic.
Tal vez fuimos como el fuego que alumbra
y no calienta, o puede que, como la roja lumbre,
terminamos en plano y gris.
Hijos de nuestra tierra y nuestro tiempo,
nos apareamos, como las hetairas de Roque Dalton
y su intenso azul.
¿Cómo decir que la vida pudo ser un malentendido
si clausuramos tantas penas como puertas abrimos?
No, no se excedió la utopía,
pero hubo que trenzar los silencios
de la otra historia de dios y su manera de morir.
Ahora, que ya nada será una cosa
y la contraria, qué más da saber,
que el camino venía de Cafarnaúm.
 

 

JORGE MANRIQUE EN LA TABERNA DEL IRLANDÉS

 

No acortes el camino inútilmente.
No tengas prisa. Espera.

                             José Bergamín

 


Anoche, absorto, no encontré la esquina de la vida, ni tu voz.
Abril cautivo, la salvia y la rosa sé que volverán a ser rojas,
y en las colinas de luces agazapadas, riberas del sueño,
volverá la zarza. Siempre vuelve cuando sobran ausencias.
Y daremos paso al vértigo del día explorando los silencios,
rompiendo la melodía, el indefinido registro del retorno.
Sé que nunca te aposentaste en el envés del camino de la huida,
que fue el vaivén, y sé que con la entrega vencieron los cobardes,
que adecentaste tu tristeza y la metálica sonrisa de la luna.
Muchos hicimos del corazón un giratorio sin picaportes.
Eran noches que rastrillaban las sorpresas encogidas y las palabras
establecían rejas, proponían cruces, oscilaban mares, denunciaban
cielos, quemaban puentes. Tenaces, tuvimos que congelar llamas,
enmudecer olas, apagar estrellas, intentar vivir en el caos
sin ser destruidos. Tal vez deberíamos saber del alboroto
de la niñez perdida, y atemperar el paso con la meta que huye.
Horizontes neonatos y perdidos. Y su mano que,
sobre nuestros hombros, levanta alivios y añade libertad.
 

 

LA VUELTA DE NAZIM HIKMET


Hasta cuándo este valle de lágrimas, a donde
yo nunca dije que me trajeran...

                                                 Cesar Vallejo


Solo fue un instante, pero rozamos lo absoluto;
la palabra nos daba el nombre de cada cosa
y fuimos el sujeto del universo, el inicio
del ausente, la sangre del poseído.
Se volatizó lo estable, nacieron millones
de aristas y apenas pudimos doblar la angustia,
construir un mundo, pegados al polvo
como la grama y confabulados.
Desnudos miramos, frescos y cautivos,
el limpio olvido y con los restos
de nuestra vida, volvimos a empezar.
Algunos tenían la llave del odre de los vientos,
las señales de las sombras para llegar
a la puerta y liberar el susurro.
La conjura del verbo codificó
el símbolo de la mentira
y postulamos el aplauso
que ocultaba la indiferencia.
Emergió el verso que oculta el llanto
y apenas muestra el propósito.
Cuántas barandas hubo que cubrir con abalorios
para negar los muertos, dormir al centinela
y trascender la soledad que,
a contramano, destacaba la semilla.
Construimos significados, iniciamos
la transacción y no hubo nada que compartir.
Un nuevo siglo amanecía.
De nuevo los tenderos de dios
iniciaron la perversión y pasamos
de ser una sorpresa a ser una premisa.
La sombra de la impotencia fue un hallazgo
inédito y no bastó romper la cadena,
tuvieron que separar los eslabones.
Ahora se planea sobre lo evidente
y muere la inocencia.
Cerca de ti tuvimos miedo
y al alejarnos angustia;
aún así, éramos una multitud
que pretendía ser un pueblo.
Situamos la libertad en el límite de lo posible
y aprendimos que siempre habrá motivos
para sugerir una verdad amable y mentir.
 

 

BUSCANDO LA SINESTESIA DE BAUDELAIRE


...bajaba al triste reino de la oscura gente
y la mujer perdida recobraba.

                                 Gracilaso de la Vega


Aquella noche fuimos despiertos, deslumbrados.
En un ritual de lujuria, vencidos por el naufragio
tus suspiros, resueltos los silencios del río,
victoriosa a mi pesar, reposaste tus cabellos
sobre mi pecho y tu boca buscó mis atributos
erguidos, que penetraron hasta donde nace
la sensualidad de tu voz. El viejo recuerdo
de la piel. Toda tú brillabas de deseo,
haciéndome olvidar que estaba en custodia,
encadenado y disperso en tus múltiples labios.
Allí en Montparnasse te encontraba, te perdías,
me entregaba, nos disolvíamos, te me dabas.
Truncada insistencia en busca del eslabón.
Pero nada era lo que vimos. Nunca lo fue.
Perdura el peligro de que las nuevas brisas
del otoño nos borren, sin llegar a saber
cual es el origen de los espejos, su luz,
y los memorables enigmas de tu palabra.
Nos fugamos del presente y te perdiste.
Solo quedan, plegarias, deseos y alaridos
y el convencimiento de que fuiste el origen
de una imagen perdida de propósitos inolvidables.
De vuelta del encuentro con Baudelaire, nos miramos,
ordenamos las conexiones, los principios y los fines,
y preñado de añoranza, me ganaste.

 

 

LA DISPERSIÓN DEL ÁNIMA MUNDI


Amigos que no nos hemos saludado ni una vez siquiera,
sin embargo podríamos morir por el mismo pan...

                                                                Nazim Hikmet


Amanece. Nada nuevo que registrar, apenas
esbozos que relucen desde donde miramos,
desvinculados, a nuestro pesar, de su sonrisa.
Una endiablada velocidad de tiempo construida,
amenaza la desazón del continuo y desmesurado
cambio, de la lúcida mirada que llega al fondo
vacío, a la ruptura febril de aquella comunión
mística. Y a contrapié, un instante, nos sabemos
autores impersonales, amanuenses del supuesto,
necesarios como la presa al lobo. Huyendo de dios,
derramados y seducidos, temerosos de que un día
el amor nos rapte, nos gane con el sol y se pierda
con la noche, buscamos, inconscientes, la suma
de horizontes hasta que, debilitado el entorno,
se abre el hueco por donde el beso de la diosa negra,
nacida del verbo, mestiza el tatuaje y el torbellino
del tambor del Gólgota, intentando salir de la vida,
buscando la orilla del suicidio. Para cuando llegue
ese tiempo, venid tal cual, recogeros súbitos
y sin cadenas, desnudos y sin raíces; de maitines.
Vientos, muslos, metales, cuerdas y orgasmos,
porque habremos apurado nuestros vasos
y temblarán los adversos, y torrentes de cálidos
colores siderales, desnudarán nuestra entropía.
Da igual cómo; seguiremos siendo los prójimos
más cercanos, esperando el beso improvisado que,
receloso, ascienda desde las rodillas a los vecindarios.
Probablemente, los rizos mojados, dormido Stravinsky
y Durero en el recuerdo, el sereno otoño de caídas
doradas calmarán las heridas, dormirán las raíces
la hechura triste de la trinidad y la codicia del fuego.
Y nos perderemos en el equilibrio del Ánima mundi.

 

 

ENGAGEZ VOUS, JEUNES CAMARADES


Siempre con la esperanza de llegar al mar
sin pan ellos viajaban, sin bastones ni cántaros.

                                          Stèphane Mallarmé


Quien desea y no actúa engendra la plaga.
                                                   William Blake


Vivíamos envueltos por masas grises, uniformes,
indiferentes. Digan lo que digan, las momias de ahora,
nunca fuimos a Woodstoc. La cosecha esperaba
y las nubes, negras y preñadas, emergían del cieno.
Lo cierto es que los vivos estaban bien muertos
y os aseguro que París nunca valió una misa.
Dominique desapareció y nadie nos esperaba,
solo Brel y Ferré señalaron el caos solidario.
Hoy todo es lo mismo, pero nada es igual, tan solo
persiste la confusión de si se hunde aquel mundo
o tal vez es que aprendimos a querernos. Quien sabe...
Ahora tú tienes el mando sin norte y el deseo,
eres tantos como el alcance de tu empeño necesite
y la prospectiva descansa o vive en precario
Tú vives, como puedes, pero vives, my sweet lord.
Ambos sabemos que frente al desacuerdo
recreas un lecho feliz, mullido y sin aristas,
que desborda la última dimensión de la luz.
Reversible, quieres jugar con los cuerpos buscando
cobijo bajo el trabalenguas del silencio y la paz.
Y no despiertas, tan solo porque, ladrón de sueños,
tu muro es de pastel, y tu ángulo vacío y plano
como el deseo frustrante de la no correspondencia.
No, no es cierto que siempre nos quedará Paris
tampoco que no te disgregues, como materia que eres,
atado a la indolencia y al hastío de tu futuro pasado,
a tus rutinas y tus miserias. Obsesiones varadas.
Agüita de limón, amigo, y larga vida para llorar.
¿Qué tal si un día te asustas y cabalgas al monstruo?
 

EL RECELO DEL HALCÓN Y LA DONCELLA


Vete ya de estas tierras, todavía
puedes hacerlo, aun no ha llegado el tiempo de odiar
.
                                                          Carlos Sahagún


La negación última a morir lo cobija en la frente,
le ensombrece el futuro, apaga el recuerdo
y resalta, tanto como amanece, las aristas.
Sutil, de largos sentimientos toscos,
descubre el desliz de la sonrisa amable,
intuye lo que el gesto enamorado esconde,
desdeña el valor del tiempo. Y permanece.
Nunca pierde el ritmo y resuelve sordo. Ácido,
se condena a extinguirse sin apreciar la repulsa.
De reojo, desprecia cuanto de nuevo nace.
Sus quejas susurran y huyen a caballo de sus ansias.
Sabe que en un principio fue el orden y podemos,
con un solo beso, originar el éxodo y el caos,
disolver los sueños, fondear tus muslos.
Qué tropel más desmedido de asedios,
soslayando el sosiego, la caricia diminuta,
el requiebro del antojo improvisado,
y la delación del aviso confundido.
O el ritmo sensual de tus limpias caderas,
la embriaguez de tus nalgas entornadas,
la impudicia cimera de tus pezones
y sobrevivir en libertad con tu recuerdo.
 

 


LAS OPCIONES DEL RECUERDO, MAIAKOVSKI


Mucho antes de que cayéramos en batallas sin objeto
tras cruzar las ciudades que aún quedaban en pie
eran ya nuestras mujeres

viudas, y huérfanos nuestros hijos.
                                                                Bertolt Brecht


Los días que perdimos hay noches
que toman rumbo, revuelven
la memoria y se ahogan, de tantos
pendientes como diluvian.
Tuvo su tiempo el pasado, sin duda,
hubo besos, ritos y cerrojos,
lágrimas, un collage sin límites,
sin volumen ni contexto.
Aún hoy suenan cánticos
que invitan a dormir sobre la penumbra,
y nos acusan de adolescentes,
desde nuestra turbación en la tarde.
Nada que ver con la zozobra estéril,
adorno invernal de la zozobra,
y su largo desaliento. Pero algunos
días se nos saturaban los paisajes,
y los amores, que los hubo,
se mecían en la duda y surgía
un débil renuncio a vivir.

 

ESPERANDO A GODOT


La trascendencia es a la vez, lo que excede y lo que sustrae.
                                                                                M. Heidegger


Como la menta borde
en el ribazo, humilde
y persistente, la nostalgia
del futuro, resiste las ataduras
y el desenlace, los encuentros
del camino hereje que
me inducen al expolio
y el beso tuyo de cada día,
el largo itinerario hacia
la noche. Tú me enseñaste
a ser paciente como el largo
murmullo de las olas,
y las tórridas tardes de miel,
alfalfa, aguamarina y luz.
Incrédulo, aún te amo.
Lejos, silba el tren que nunca llega.
 

 

LOS BUCLES DE TRISTÁN TZARA


Triste historia de un cuerpo que existe
como existe un planeta, como existe la luna...

                                       Vicente Aleixandre


Como la sombra de la cuna
que persigue al sepulcro,
nos circunda tatuada, solícita,
la Lilith de cada cual, oculta y libre.
Eres el registro de la vida ciega y apátrida
del liberto, del amante mágico y exhausto.
Diosa sin edén, legado, celo ni fruto,
dueña del eterno inconsciente,
afán telúrico, luna de las mareas,
caricia astral, raíces y cóncavas pulsiones.
Eres como el árbol de las galaxias
y el ánfora de sus mitos.
De tu mano, abandonamos a Isaías
y escondimos, hastiados,
al demiurgo de la palabra,
el nombre que nada señala.
Somos el rezo innombrable, Lilith.
Guárdate, pues, de los dioses y
sedúcelos, boca arriba y explorando
la indecencia de morir.
Porque somos el granero donde reposa
la historia, entre astillas y flores,
atados al privilegio de dormir
sobre el recuento de las espigas,
bajo una bóveda de sal y murmullo
de la hierbabuena que perfuma
tus bucles y el pendón de Tzara.
 


 

PIGMALIÓN Y EL CONSTRUCTIVISMO
 

Detrás de cada cosa que hago
marcha, como en los funerales, el niño que fui hace año
s.
                                                                Yeduda Amijáil


Probablemente, si hubiéramos allanado el saqueo,
al menos la cicatriz y la noria que nos devolvían
a los orígenes, los sensores que otean la frecuencia,
el ritmo del deseo, y tus lágrimas hubieran, indiferentes,
descansado en la noche. Se trataría de que sigas
insolente y arrullada, que consientas el rito venial
de penetrar tus sueños, tus carnes, tus ansias,
tus pechos, o la virginidad de los rizos de tu nuca
y la revuelta de besos medrando. Ya sabes, es algo así
como cuando, después de mil noches, te pregunta
tu amado, quien eres y te sorprende no saberlo.
Sí, solo son espejos que proponen disgregarte,
explorar los silencios, romper la melodía del orgasmo
compartido, estéril y sin raíces. Por eso, un día de estos,
como la muchacha que arremete con su indiferencia,
sin venganzas, ni tramas, caminaremos a la par,
serás la última flor del otoño y volveré a vivir los titubeos
de tus huellas, los trazos de tus caricias, el eslabón
de tu sonrisa que cubre mis recuerdos y aún mi futuro,
que arrulla la música del tiempo, la denuncia de la brújula,
el ritmo del espacio. No sé, puede que siga saltando,
de creencia en creencia, desasido e instalado en la duda.
Sí, tanto tiempo amándote y nada sé de ti más allá de cómo te veo.
 

CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA O
LA DULÇAINA DE JUAN DE MAIRENA


de esta segunda inocencia
que da en no creer en nada,

                    Antonio Machado


Desde entonces cabalgamos tantos mundos
como puertas abrimos. Clausuramos la esperanza
espoleados por la desesperación y todo terminó
con doce tiros, tres plegarias y una mar abierta
por donde se perdió el privilegio que ensancha la historia.
Recorrimos tantas noches como espasmos hubo
por los espacios vacíos subvertidos que aún resuenan.
Qué impropios y diminutos. Tantos proyectos hacia
el silencio entrecruzando nuestros caminos,
las manos fueron testigos de nuestra esperanza
y sumamos las cercanías que construimos
separadamente, ahítos de trascendencia y decoro.
Todavía se me nubla el cuerpo y te dispersas
en los recuerdos y los limpios amaneceres
que sobre tu piel depositan los áridos besos
del bonito sueño que rodeamos de amapolas rojas,
de rosas aladas, fugaces, y en vano tratamos
de encontrar un código común, abrazarnos a tientas,
compartir, navegar por la orilla de tu mundo
sin desertar del mío, ciego, porque siempre anochece
y me basta con saber que sigues ahí, que aún me recuerdas
desde el envés de tus cabellos con los que amamanté
mi futuro, huyendo de la orfandad de elegir
entre las sendas que cada día abría el amor presentido,
inevitable estancia, donde vinieron a reposar los días
desenfadados y primitivos como el pan y la leche,
el manantial y el regazo o ¿porqué no?, como el carrusel
y la bruja, la soledad de ida y vuelta, o la convicción
de ser prisioneros a la espera de saber de quien,
dónde y qué extraña luz ata tu verso y el paraíso.

 


 

LA PRESENTE EDICIÓN

DE

MATERIAL DE DERRIBO (SELECCIÓN)

HA SIDO COLGADA  EN LA RED

A LOS VENTICUATRO DÍAS ANDADOS

DEL MES DE NOVIEMBRE 

DEL AÑO

DOS MIL DIEZ