Herme G. Donis

 

 

Antología breve

 

 


 

 

 

DESCUBRIR la belleza

culpable de la noche, y entre calles

poseídas de abismo

hundirse en ella,

mientras hambre de amor nos lleva allí,

al arcano lugar donde arde el fuego.

 

                 ***

 

EXTRANJERO en mis habitaciones, joven ídolo

rendido, corroes con tus labios

mis pechos oxidados por los días

en un solo afán de posesión que te devora.

Mortal deseo que muere en mi cuerpo,

frío alabastro,

glacial metáfora de piedra.

 

Pobre rostro sin eco, por qué te vences

en mi carne fugaz y alejada,

si yo sólo espero aquel regreso.

 

                 ***

 

Y ya el deseo enuncia fresas

en tus labios, besos de menta,

luceros en la tarde adormecida,

miel que desborda las colmenas,

absenta de fuego:

evidencia de amor

cuando, en octubre, regresan

los otoños.

     El fuego desvelado (1987)

 

 

 

MENTIDOS PAISAJES

 

/En aquel cuarto oscuro nada correspondía a la verdad del hombre…/ 

Francisco Brines

 

Sueles, algunos días, entretener el tiempo con palabras

en la torpe intención de alejar la tristeza

amenazante de esas horas que caminan sin rumbo

fijo por la casa.

Son éstos días en los que simulas escribir

de cuantas cosas te dolieron de muchacha.

Pero sabes que sólo en ti retorna  el olor de un falso

espliego que nunca pobló armario.

Y escribes y finges aventuras porque jamás has tenido

playas infinitas, ni rotas columnas, ni lunas jónicas

en los ojos, como no fuera en las ebrias postales

que se guardan en las locas retinas del alcohol.

Y las lágrimas te muerden las mejillas y lloran

la pérdida de un tiempo no vivido.

Sabes que nada de lo que escribes corresponde

a la verdad. Que mientes paisajes inexistentes

con todo el sentimiento que la soledad propicia.

Que finges para ahuyentar el miedo a la impotencia

de no poder hacer de la palabra un milagro

que te salve. Que te haga la vida eterna.

Y te espantas cuando el espejo con su pureza

te atraviesa y ves en tus ojos el claro engaño

que provocas en los otros.

Mas se resiente el cuerpo a entablar una lucha inútil con el alma.

Y finges de nuevo. Y piensas, con cansado cinismo,

que en este cuarto oscuro

nada corresponde a la verdad del hombre.

Mientras el tiempo pasa (1989)

 

 

 

LA HABANA

 

 

No hablo del bárbaro tumulto

de la infernal metrópoli, ni de jóvenes

sifilíticos, ni de fumadores de opio y marihuana

-si hoy aquí hay droga no emerge por las rutas

de los tour operators-, ni hablo de Wormold,

el representante de aspiradores de la Pila Atómica,

al que podemos ver cruzar el hall del hotel Sevilla

camino de la habitación quinientos diez

donde a buen seguro mantendrá una discreta cita

con Hawthorne, el agente del Intelligence Service,

ni hablo del Mercury  que se detiene bajo el toldo

del hotel Nacional en el mismo instante

en el que se desata una lluvia cálida e impetuosa

y uno espera que de ese coche bajen Bogart y Bacall,

ni hablo  de ese color morado que llega con el alba,

ni de los sones abiertos siempre al viento,

ni de un mar por tierra penetrado,

ni de ese viejo librero que recita,

con palabras  que alcanzan el temblor,

un hermoso  poema de Eliseo Diego,

ni del ejército, bien organizado, de muchachos

que acorralan el paseo del turista pidiendo

dólares, jabón, medicinas, bolígrafos, cualquier cosa,

ni del mercado negro, ni de las conversaciones

de los vecinos en la escalera

-el ansia de este pueblo es salir de la cárcel,

aunque sea la propia, en la que vive envuelto-,

ni de los timbres de las bicicletas,

ni del monótono zumbido de las moscas,

ni de las anacrónicas consignas revolucionarias

que adornan las paredes, ni de este olor áspero

que todo lo invade, ni de una ciudad

que se desmorona como el azúcar de la caña

con la que remueves  el café,  ni del mango,

cereza, piña o guayaba, ni de las matas de mamey,

ni de manjuaríes, jicoteras, iguanas o gallaretas,

ni del guarapo, ni de La Bodeguita del Medio,

ni de Cojimar, ni de Hemingway, ni siquiera hablo

de  las jineteras y jineteros que apostados

a la entrada del hotel La Habana Libre

se abrigan en la borracha laxitud del mundo instalado

en la robusta superioridad que da el dinero.

En esta noche suave, a esta hora en la que las calles

parece que hallan su paz y su reposo, sólo quiero

hablar de la tristeza  de quien ve la ruina, la intemperie,

el reproche callado de los más viejos, la avidez

capitalista de los jóvenes, la impotencia del que  se sabe,

después de un sinuoso camino, en el mismo punto

de partida, del desasosiego  del que deja caer

la inútil mano sobre el fresco rostro de un niño

y en su esperanza encuentra algún consuelo. 

                                   Peregrinas andanzas (1997)

 

 

 

 

TIEMPO ILUSO

 

 

Si no fuera por esos pequeños detalles

que creemos percibir los que conocemos

su historia, esta ciudad sería como otras,

parecería que el curso de la vida fuera una copia

que se cumple en muchas partes.

Mas un viento distinto que llega del río,

la forma indolente con la que componen

la figura algunos viandantes,

el deje en la letanía de un mendigo,

una mirada furtiva, la elegancia

que hace imaginar que el camarero

del café Viana es un conde extravagante

de la casa de Braganza que sirve cafés

para olvidar desgraciados amores,

la voz de un pueblo que despacito

canta nas asas da tradição

pidiendo a Dios que le deje

llorar el dolor de quienes aman,

el recuerdo de esa tierna pintada ultraizquierdista,

Goberno rua, que aquí adquiere el tono

de protesta más sulfurada, esta tarde

que, por hermosa, huye

y se pierde como el agua entre las manos,

te hacen comprender que en esos detalles

conviven los elementos de otra historia,

la fuerza de un pasado que lucha por permanecer,

como todos, más allá de ese río que se adivina

al fondo, más allá de estos parques que se te echan

encima poblados de gentes y bultos y bolsas

de colores, más allá de esos turistas que de museo

en museo, de iglesia en iglesia, ahora consumen

la noche ante los escaparates,

más allá de ti que hoy

te sientes parte de estas piedras

que cuentan en sus ritos

que, a pesar de las apariencias,

ninguna ciudad es igual a otra,

que cada día se renuevan

para salvar del polvo del olvido

todas sus gestas, todas sus ruinas,

que, más tarde, cuando te vayas

de estas calles, cuando dobles

las esquinas de sus siglos

y sientas que, aunque existiera,

sería difícil ir a otro sitio parecido,

ellas seguirán envolviéndose

en su propia vida e interminablemente

vigilarán los hechos cotidianos

tan iguales y tan distintos,

y todo seguirá en su lugar

hasta que otros ojos

lo contemplen.

Peregrinas andanzas (1997)

 

 

 

VIAJE PERSONAL

 

Cualquier viaje lo es hacia

el corazón de nuestras

propias tinieblas.

                             W. B. Arrensberg

 

 

Al hombre gustoso de mapas y grabados

le es necesario llegar

muy lejos en su cárcel.

Sentir el mundo prendido de sus manos

y el corazón ligero, tan tenue

como un globo al cielo ascendido.

Un buen día parte

a recónditos lugares, eligiendo países

en los que espera ser dichoso,

paisajes sin nombre,

mares que uno a uno anulen

la profundidad del otro.

Curioso entre las gentes

de otras razas,

un saber jamás esquiva

y pronto aprende que el viajero

de su cuerpo nunca se aparta,

que allá donde va

le sigue su propia ciudad

por más que el dedo señale

un sinfín de puertos,

que los recuerdos no cesan

en el ir y venir del navegante.

                                                                                                 Peregrinas andanzas (1997)

 

 

TEDIOSA LUZ

 

                 ...nessuno ha la mia disperazione

                  nel suo cuore:

                  Sono un uomo solo,

                  un solo inferno.

                               Salvatore Quasimodo

 

            

            I

 

Qué venenosa es la verdad que no refleja nada,

que precipita la tormenta, que viene y va

y resuena por el negro temblor de los ojos.

Poco esperas del tiempo por venir salvo nuevas

dentelladas y, como el amor que pasa sin detenerse,

la misma ausencia dejan los sueños que te huyen

y se deshacen en mil fragmentos de amargos presagios

y se lanzan alados por una voluntad atrapada

en cada una de las profundas aristas del espejo.

 

 

 

            II

 

Eres sólo invención de una idea inconcebible,

porque nunca una mente con razón

podría ser la fuente de este cuerpo marmóreo

que llevas puesto, ni maquinaría proyectos

imperecederos de tristeza, ni cantaría

con tanta alegría el himno del calendario

sin retorno, pues tu muerte sería también la suya.

Mas deja de suponer remotos principios

(no puedes saber cuanto saben los ángeles).

Tú estás aquí, en esta noche ciega,

al margen de los dioses

y si tienes dueño, te ignora y le ignoras.

 

 

            III

 

Y navegas en busca de no sabes qué vida o razón.

Que ya no eres tú objeto precioso

que se va por las calles toda espuma flotando

en el aire. Que ya no hay herida que recoja

tu flecha de fuego, ni boca temprana que se abra

en un grito de amor. Que una piel grotesca

que camina deforme sin reconocerse

es sólo violencia muda persistiendo en la derrota,

infierno sin límites acercándose más y más

al origen del misterio, pequeña historia

que no encuentra lugar en esta tierra.

 

 

 

            IV

 

Pues un lecho revuelto por el insomnio es poca cosa

para seguir atada al enigma abotagado de los días.

¿Qué razón te une a la vida cuando ansías penetrar

en el desconocido silencio de la muerte?

Vencida, ya no quieres nada

y es agonía contar los instantes

uno a uno sin notar una gota

de bálsamo sobre la herida.

Pacientemente ya no escuchas las voces

que te hablan de promesas.

Derrotada, como las palabras que oyes,

das curso a la memoria

y en ella ni siquiera descubres

aquellos ojos que fueron en ti amor y guerra.

Arrasado el sendero por el que habituada avanzabas,

¿adónde te conduce tanta nada incierta?

Ha llegado el límite a la sangre

y el abismo llama a lo más hondo de su celda.

 

 

            V

 

Mas aunque huir, huir de esta árida locura,

de este engaño que confirma y niega

sería un dulce descanso

-arrastras desde hace tiempo tanto frío-,

tienes miedo a cubrirte con ese invisible

manto de ceniza.

Mas aunque siempre has admirado

a los suicidas porque huyen de la luz

cuando saben de su tedio,

tienes miedo a ser Dios por un minuto.

                                                                                                            Peregrinas andanzas (1997)

 

 

RETRATO DE INFANCIA

 

 

Inquieta encontrar la niñez

refugiada en viejas fotografías

familiares que nunca has visto.

Extraña ver el ser que fuiste

en los brazos de un padre

joven, fuerte, ajeno.

Tras las fotografías,

la memoria se habita

de días lejanos.

Y aunque a estas alturas

ya sabes que el tiempo

-impetuoso, justo,

cristalizándote los huesos-

tiene sus sílabas contadas,

necesitas ser de nuevo aquella niña.

Dejadme que intente descubrir

en su mirada única

un aire de familia,

una niñez con perfume de juegos

que salga de los posos del ayer,

un rastro de mí misma

que me haga creer

que todavía estoy a salvo. En casa.

La mirada efímera (libro en preparación)

 

 

VOCES DE LA MEMORIA

 

 

El tiempo huye

y no da oportunidad

a la tierra para que asiente

la huella de tu paso.

Sobre el agua remansada

de los días, corruptas

flotan las horas del pasado.

Recuperarlas

-aunque algunas duelan-,

salvarlas

de la aridez que da el olvido,

será cálido propósito

para quien camina

hacia el invierno

ya sin prisa ni tristeza.

 La mirada efímera (libro en preparación)

 

 

IMPRESIÓN REPETIDA

 

 

En el mar que en el interior retumba,

ahora sólo persiste la certeza

de que después de la intrépida aventura

que es la vida, nada de ti irá más lejos

de la fría intimidad que da la tierra.

Ultimará  allí la muerte tu silencio.

La mirada efímera (libro en preparación)

 


 

 

La presente edición electrónica de Antología breve, 

de Herme G. Donis, ha sido depositada 

en la Red a los veintiocho días  

andados del mes  de 

agosto del  año 

dos mil 

tres