Harold Alvarado Tenorio

 

 

El ultraje de los años

 

 

 

 

Go, go said the bird, human kind can not bear very much reality

T.S Eliot.

 

All the lonely people,

¿Where do they all come from?

All the lonely people,

¿Where do they all belong?

The Beatles

 

Leben ist eine krankheit des Geistes, ein leidenschaftliches Tun.

Novalis.

 

O friend unseen, unborn, unknown, student of our sweet English tongue read out my words at night, alone: I was a poet, I was young.

Flecker.

 
 

 

 

En espera del gran día

 

Gran vida que das y todo quitas

ni siquiera el recuerdo quedará en nuestros huesos

ni siquiera la música del violín de Mendelssohn.

 

 

Desperdicio

 

Que el pasado caiga desde nosotros.

Que sea como agua inútil

y además, como agua innecesaria.

Nuestro pasado vale tres cuartos.

Vale nada.

 

 

 

Como en un campo de cáñamo

 

Como en un campo de cáñamo

uno a otro tallo se apoyan

en la mañana

uno a otro se oprimen

entrada la noche

 

 

 

En Salónica

 

Viajando por Salónica

la luz en la hora más temida

ante el llameante brillo

corre ligeramente

en medio del aire estático

sobre las estrellas centelleantes.

 

 

 

Hoja de otoño

 

Hoja de otoño, no percibes

el saludo y el beso,

el cuerpo detenido en un lecho de aroma,

la mano y el labio en la boca,

la carne y el ojo en los ojos.

 

Viento de otoño vuelto hacia dentro.

 

 

 

1975

 

La delicia de las cosas

reposa en el paladar.

 

Desgraciado

quien llegado a los treinta

sólo ha probado un lado del placer

y gustado sólo una caricia.

 

 

 

Primavera

 

Primavera golpea las ventanas y el polvo del Gobi

cubre los objetos con una pátina amarga.

 

Alguien habla de un lejano país tropical.

 

La vida es implacable.

 

El tiempo inexorable.

 

 

 

La pregunta

 

Un día preguntaron qué deseaba

y le trajeron aquella que había perdido en su juventud.

 

Después de siete lunas y siete sonrisas

un hueso de uva

le separó de sus brazos

de su perfume

y sus ajorcas.

 

 

 

Dioses

 

Muchos eran más listos que nosotros.

 

Cuando los necesitan

les hacen venir golpeando la carraca,

trazan sus huellas sobre la arena

las flautas hablan sus voces.

 

Nadie les temía: habían fabricado sus rostros.

 

 

 

A un poeta alemán

 

En el alto infierno de Dios,

William Blake, poeta de toda fe,

oyó de Satán que el fuego nos consume.

 

Dos mil son años de confusión.

 

Dos mil de sujeción a la ley de Moisés.

 

Dos mil los del último profeta.

 

Seis días suman los años de la creación:

¿Y el séptimo? Ya ves, Bertold Brecht.

 

 

 

Arte y ficción

 

Como en el arte,

hizo de su vida una ficción.

 

Y lo que más amó, el placer,

lo obtuvo en sueños.

 

No había realidad

y si la hubo

resultó también quimera.

 

 

 

No todo es silencio en la montaña

 

No todo es silencio en la montaña.

El moscardón acosa la luz de la lámpara.

El gallo canta anunciando la mañana.

Los gansos persiguen al perro.

 

No todo es silencio.

El moscardón, el gallo y los gansos

recuerdan que no puede haber silencio

si aún estamos vivos.

 

 

 

Dónde

 

¿Dónde posar el pie,

dónde el poema?

 

¿Por qué las llagas nos cubren

y el escarnio te cerca a toda hora?

 

Sueño del hombre y su sombra

ninguno sabe que uno es sombra de otro

nadie sabe si sueña o está muerto.

 

 

 

Portero de noche

 

Bajo el arduo sopor del mediodía

Vuelvo y veo tus ojos, esa noche.

 

Al volver abriste la puerta

y para verme mejor preguntaste la hora:

eran la una y cuarto.

 

Tu cuerpo exigía otro cuerpo.

Y eso obtuviste.

 

 

 

Una barba de Camden

 

Mientras más te cerque el día definitivo

mayores goces encontrará la carne.

 

Busca una joven y cantarás con ella

lo que une y entrelaza.

 

A vuestro alrededor,

jóvenes rozagantes

se disponen a tocar tus brazos.

 

 

 

Rigveda 10,90

 

Del hombre todo viene:

 

La luna, de su espíritu. De sus ojos, el sol.

 

De su aliento el viento, de su ombligo la atmósfera.

 

De la cabeza el cielo. De sus pies la tierra.

 

¿Cuántas partes de él hicieron, cómo se llamó su boca,

cómo sus brazos, sus muslos y sus pies?

 

 

 

Café Beach Café

 

El amargo sabor de los sueños

volverá para darte una muchacha

con el pelo suelto

contando recibos del paso del día.

 

Desnúdate de ti

y ella vendrá a vestirse

con las caderas, los ojos y los gestos

que hubo en tu camino

ese verano del ochenta y dos.

 

 

 

Durante años

 

Durante años

fue la vigilia, para él,

un sueño de horror.

 

Los días transcurrían como una pena

que debía pagar en las noches.

 

Sólo una catástrofe, con su manto de nube,

le arrojó al verdadero día y la veraz noche

de los otros, sus habituales enemigos.

 

 

 

Dora Bekerman habla consigo misma

 

Mira los manzanos en invierno.

Están secos con tanto lamento.

Tus nietos fijan sus ojos azules en mi rostro.

Mi cabeza

dorada ayer

mañana estará como la nieve.

 

Aquí fue nuestro encuentro

en este día

Hace mil noches.

 

 

 

Memoria de Holanda

 

Recuerdo una mañana

cuando después del goce de soltero

caminaba en el campo

recorriendo tu cuerpo

Aquella noche

apagada

la sed

bebimos

vino

dulce.

 

 

Ahora que está lejos

 

Ahora que está lejos soñándose a sí misma

quieres entrar de nuevo

y que nada diga.

Que nunca sepa que vienes de mundos

donde un emperador hierve

rodeado de eunucos

y los rostros centenarios de sus concubinas.

Entra en ella

buscando el rostro y la carne

que no volverán.

 

 

 

La tarde va cayendo en su gris

 

La tarde va cayendo en su gris

y uno que otro disparo de fusil o revólver

recuerda que estás en tu país de muertos.

 

Alguien volverá a llamar esta tarde,

alguien sin esperanza.

 

Que la tarde muera como mueres hoy

en el silencio del primer día de un año

como tantos otros del pasado.

 

 

 

Al cerrar la puerta

 

 

Desnuda

al cerrar la puerta

recibías como recompensa

un vano rosario de palabras.

Dile que vuelva.

Dile que venga y presente al respetable

sus magnificas nalgas rosadas

la ronca voz

y la canción de entonces.

 

 

 

Menorca

 

En la desolación

el verano

es una llaga blanca.

 

Los hombres abandonan

el campo y vuelven

a casa sin rostro.

 

Sólo los ancianos recuerdan la luz:

la vida es extensión

una inmensa llanura.

 

 

 

Llegada la hora

 

Llegada la hora, hicieron lo suyo.

Presenciaron los hechos y el fracaso.

Incorporaron sus setenta y cinco años

y tomando dos trozos de cal y canto

procedieron a concluir la tarea.

 

Los ojos vieron el cabello confundido de su madre.

Los ojos vieron los encendidos labios de su madre.

Los ojos vieron el cuerpo y el alma de su madre,

la única que había tenido

y tendría para siempre.

 

 

 

Noche de Octubre

 

Su memorable voz

una noche de Octubre, sobre la puerta.

 

Su cabeza coronada con hiedra, violetas

y numerosas cintas de colores.

 

El equilibrio de su cuerpo

dejando oír, cómo una noche,

recostado en aquel a quien amaba,

rogando compartir su cuerpo

obtuvo sólo una mirada.

 

 

Alba

 

Cuando llegue el verano

no visites los palacios imperiales

ni lleves lilas a la Puerta de Tiananmen.

 

Recuerda cuando en las playas de Cayo Juan,

los desiertos de la Guajira,

la serpiente de agua del Amazonas,

las altas piedras de San Agustín,

la vasta plaza española de Villa de Leyva

y las noches y los días de treinta y tres

lunas interminables conocimos el amor.

 

 

 

Un barrio de Shanghai

 

Serpentino barrio de Shanghai

en tus orillas se levantaron

grandes mansiones

y espléndidos festines

Aquí tuvieron gloria.

 

Recuerda mientras puedas

el brillo de los jardines

todavía lucientes

y ve llenándote de este aire vespertino

y de esta ciega polvareda

donde la ciudad del ayer

es sólo polvo y oscuridad.

 

 

 

Zen

 

La sombra sigue al cuerpo

condenado a viajar

 

Tendrás mi piel

tendrás mi carne

tendrás mis huesos

 

Pero el último guardó silencio

Tendrás mi medula -dijo-

 

Con el polvo del camino

la mano sostenía una sandalia.

 

 

 

Bodas de plata

 

La belleza de tu rostro

y la dulzura de tu voz bastaron

para que te amara.

 

Un año pasamos juntos

y luego a él regresaste.

 

Ahora, que de nuevo le engañas,

te duele el corazón

y ante a mí

crece tu desgracia:

has comenzado a envejecer.

 

 

 

Llegado el otoño

 

Llegado el otoño

declaró su amor

a

Nina de Gierachi.

 

Esa noche

veinte puñales cercaron

los ojos de la bella.

 

Los remordimientos

le llevaron

de ciudad en ciudad.

 

 

 

Esta mañana

 

Esta mañana,

una pluma ha llegado

hasta el libro que leía.

 

¿Qué significa esta pluma?

 

¿Este temporal de suavidad?

 

¿Este pensar en el futuro?

 

¿Estas dos ciudades,

estos dos espacios?

 

 

 

Cuando fuimos uno con otro

 

Cuando fuimos uno con otro

contamos numerosas estrellas

 

Cuando hacíamos el amor

las noches se detenían en la nuestra

 

Cuando de toda palabra nos recibíamos

escribíamos un libro

 

Los dioses no han sido derrocados

y su poder nos asignó varios caminos

 

Cuando nos separamos

todo retornó al futuro y al vacío

 

Habíamos recobrado nuestra contingencia

y el pasado habitaba en la memoria.

 

 

 

Manuela lee a Melville la carta de la fortuna.

 

En Paita,

la vieja conocedora de hombres

leyó la carta de la fortuna

a un joven inglés de rubias crenchas.

Vio las antiguas palabras cifradas y las dijo:

'Que la ira de los desposeídos te guìe'.

Para acabar con el mal y el dolor,

para no contaminarse,

a las almas sensibles

Sólo queda la pobreza y la miseria.

Huye del mundo y sus leyes,

Huye, incluso, de la misma vida.

 

 

 

Noches de Boca Grande

 

Cuantas veces la vi sólo miraba

la alta escalera el balcón las ropas

los hombres en la playa con las cuentas

del mar entre las manos la esquina

con el bar

 

No vi jamás ese algo oscuro

en sus ojos aspirando el goce

los árboles el cuerpo

el sueño sobre la playa

la hormiga el subir y el bajar de la marea

el giro de la aguja la búsqueda en nosotros escrita

en un lenguaje de triángulos y círculos.

 

 

 

1479

 

En la sanguina plaza de Florencia,

la ciudad del lirio rojo,

entre la música y el pueblo,

Masino de Perétola, el bello Julián,

el magnifico Lorenzo, el viejo Cosme,

el 28 de Diciembre de este año,

frente al ahorcado Bernardo di Bandino Baroncelli,

de brazo del amado Salaí,

Leonardo, nacido bastardo en Vind,

entre la música y la insidia del pueblo,

recuerda sus palabras de ayer en el palacio:

«Los Medicis me han hecho y me han deshecho»

 

 

 

Happy New Year

 

Cruzamos

trece mil novecientos kilómetros

para encontrarnos

pero, como es habitual en ti,

cambiaste el parecer.

 

Oh, tú, nacida

en un Diciembre inconstante,

de grandes ojos de novilla,

de fina cintura

y pies diminutos,

dueña de un Loto Dorado

voraz e insaciable.

 

 

 

Lunas de ayer

 

La luna, esta noche, la que nunca ha vuelto

vendrá para nosotros.

 

Porque hemos mentido, como en las lunas de ayer.

No habrá segunda parte esta vez.

 

Nuestro amor ha de ser como nunca fue,

un insensato amor, amor de dos

que nada necesitan ni nada desean

más que amarse.

 

Nuestro amor será así

o no será.

 

 

 

Cuando llegue

 

Cuando llegue

con sus alas y sus armas

cuida de cerrar mis ojos

y que mi boca no sea

violada por las moscas.

 

Pónme en el suelo

mirando hacia la tierra.

 

Lávame bien

peina mis cabellos

corta mis uñas

y hónrame

con aromáticos ungüentos.

 

 

 

Tardes

 

Nada fue fácil para él.

 

Nada difícil.

 

El tiempo dispuso para su corazón

buenas y malas tardes

hasta cuando sufrió el desdén,

la frialdad, la escasez de una mirada.

 

Se duele el hombre en lo que ama

se duele la mujer.

 

Los tiempos han dispuesto

buenas o malas tardes.

 

 

 

Recuerdos

 

En un viejo bar

alguien recuerda cómo fuiste.

 

No aparece el ayer tan claro para ti

como el brillo

que el hombre tiene en los ojos.

 

Turbio rostro —el tuyo—

incapaz de rehacer las noches

de felicidad que has deparado.

 

Apareces vivido por otro.

Voraz rumia de días y días de alcohol

sexo y cefaleas

que poco regalan a un extrañado

de treinta y cuatro años.

 

 

 

Lector

 

Lector de libros inútiles

mira tu vientre adiposo

y tus manos corroídas por la artritis.

 

¿De qué sirvieron

las horas gastadas en pos

de una belleza de papel y palabras?

 

Más hubiese valido

saborear, ahora que ella te ronda,

las fragancias que ofrecía de joven.

 

La vieja desdentada no dará más de sí

como tú mismo, hoy que lamentas

los días y los meses de comercio

con libros y metáforas.

 

 

 

Como la comadre de Bath

 

Tú, como la comadre de Bath,

vuelve tres veces a Jerusalén,

visita de nuevo Colonia,

respira el aire de incienso

del botafumeiro de Santiago,

en Compostela.

 

Habrás conocido cómo la carne importa

—tanto o menos—

que las emociones de Bracciolini

al descubrir los antiguos manuscritos

llenos de polvo, basuras y dientes de ratón.

 

La ruina de tu tiempo

es igual que los restos

de esa ciudad de salas derruidas.

 

 

 

La amistad

 

La amistad, entendieron otros,

era una prolongada conversación

sobre el consumo del tiempo

haciendo los días perdurables.

 

La amistad era goce de las palabras

y un memorioso ajedrez

terminando partidas en placer,

por jugar con los gestos y la voluntad.

 

La amistad, vieja moneda errabunda,

es ofrecida ahora por ancianos,

enfermos, animales, borrachos y locos.

 

Nada saben, los hombres, de ella:

la fugitiva de los siglos.

 

 

 

Cabaret

 

Que el poema la retrate

sólo como la viste en el tiempo

que quiso darse a tus ojos y a tu alma.

 

Hecha de la dura memoria de la carne,

mostraba la astucia y el candor

de quien presentía

la huella que deja otro corazón.

 

Así la deseabas.

 

Querías someterte al desdén que promete

el oro de la juventud.

 

Estabas dispuesto

a sufrir el rigor de sus ojos de hembra

del mejor cabaret: la vida.

 

 

 

Donde vayan tus sueños

 

Donde vayan tus sueños

ánima o deseos nuestros

poco encontrarás

el oro del tiempo está perdido para ti

creciste con hombres

que perdieron los ojos y las manos

pero también el cuerpo

 

Viste mucho de lo poco

que puede darte la quietud del feliz

donde vayas serás

este rostro joven en busca de la risa

de ella o las manos de él

 

Repetición que no trae

lo que quisiste

Alma o deseo nuestro

 

 

 

Marco Antonio de Dominis

habla de sí mismo

 

Cada mañana

terminado el sueño

recojo de mi mismo

los pedazos

que han perfilado

y serán

mi

cara

un día

Recobro el pasado y el futuro

y posando el pie sobre la tierra

ayer lunes o viernes venidero

jamás de presente me recibo

Hay

inevitablemente

uno que sueña

y quien permanece.

 

 

 

Servicio de placer

 

De cada noche que vivimos

recuerdo implacable tus caderas.

 

Como nunca, nadie

ofreció iguales placeres.

 

Como nunca, nadie

extrajo de mí la vida.

 

Dicen que ahora otro,

tan alto como yo,

complace tus caprichos

y los de tus padres.

 

Soy sólo un escribano

y debo componer

tres mil caracteres cada día.

 

Apenas sirvo para dar placer.

 

 

 

El tiempo pasa en vano

 

No basta la mentira

para saber, con tu rostro

mal diseñado y tus creencias,

que hay peores días por venir.

 

En este país

se necesita poco

para alcanzar

fama

y fortuna.

 

Sal bien de mañana

con la máscara aceitada de sonrisas

y mala leche.

 

Mete la mano donde puedas,

mete también el pie,

guárdate de amar limpio,

debes estar seguro: el tiempo pasa en vano.

 

 

 

Si nunca vinieron

 

Si nunca vinieron

¿Por qué desesperas?

 

Tu casa no tuvo puertas

donde golpear

ni zaguanes para pasearse de tarde.

 

Dime,

¿qué hacemos aquí parados

en esta noche de polvo?

 

Buses de muerte pasan veloces,

borrachos de camisas sudadas

eructan y eyaculan solitarios.

 

Sólo los que habitan pueblos de olvido

conocen la cercanía de la muerte,

el hedor de la soledad,

la máscara del tedio.

 

 

 

Pericles Anastasiades, circa 1895

                            Para Raúl Lecuona Rodríguez

 

Vagos, son ya, los rostros de su rostro

vaga, también, la forma de sus manos

lejos, está, su aliento de mi boca

su pequeña estatura

sus quince años

Sólo un ayer ocupa mi memoria

nuestro pequeño amor

nuestro pequeño mes

hace diez lunas

De repente

en la alta noche

sus ojos, de púrpura vestidos,

sus labios

labios de un amor apresurado

sus largos brazos

brazos de inolvidable carnadura

aparecen

!Cuánto he perdido buen Dios

Cuánto he perdido!

 

 

 

Silla

 

La ha comprado

para ver su mundo: cartas,

plantas, lámparas, alfombras,

vajillas, miradores, caperuzas, telas,

máquinas de escribir, bombillos, espejos,

tocadiscos, sobres de correo,

libros, cintas de colores,

libreas, voces, mesas,

voluntades, hojas,

montañas de segundas, de terceras,

quizás de cuartas manos.

 

Objetos que sobreviven a sus arrendatarios

y nos sobrevivirán.

 

La caoba es más perdurable que la carne,

el ciprés, más vivo que unos ojos,

el cedro más negro que la piel

y también los metales.

 

Estas basuras

cambian de anciano cada semana.

 

 

 

M.M.C.

 

Miro tu rostro.

 

Imagino que habríamos sido felices

si fuera joven

como tú,

sin un pasado,

sin las convicciones que compramos al tiempo.

 

Miro tu rostro

y confirmo

que nada tiene ya sentido:

tu hermosura debería ser mi sal de cada día

tu juventud me haría vivir otros veinte años.

 

Miro tu rostro

y me pregunto:

 

¿Quién estableció esta rutinaria separación de edades?

 

¿Quién la fidelidad como hierro inamovible?

 

¿Quién nos quitó la realidad

y sólo nos dejó el deseo?

 

 

 

Llama

 

Con las viejas canciones

volvía a la muchacha

de la una de la tarde.

 

La incansable pianola

repetía un perfume de talco barato,

blusa de colegial y miradas furtivas.

Fueron tiempos donde el insaciable

no hartaba la sed del corazón.

 

Veinte años después, una mañana,

ese olvidado placer volvió a visitarlo.

 

Ahora ella tenía veinticuatro años,

hablaba una lengua que ignoraba el bolero;

era color de nieve y una inmensa espiga

coronaba su cabeza.

 

No se repite la historia, repitió.

 

Supo, no obstante, que la vida

está hecha de gestos.

 

Esa mañana, un aire, que venía del tiempo,

Había mecido aquella cabellera

Deteniéndolo todo.

 

 

 

La poesía

 

¿Qué eres sino la visión de la noche?

 

Todo lo nocturno te pertenece.

 

Invitas a los espléndidos banquetes de los sueños

y a las no menos espléndidas vigilias de la realidad.

 

Viajas con el hombre y la mujer como si fueras

la llama de sus ojos, el bordón de su felicidad

o el humo espeso de los amaneceres.

 

Para ti, madre del dolor, sólo hay gloria y pesar,

el mediodía no está escrito en tus agendas.

 

Ninguna otra cosa eres, poesía,

que la más alta sima donde el loco,

los mortales,

los desheredados de la suerte y la fortuna,

encuentran cobijo.

 

Tú, la detestada, la leprosa, la purulenta,

eres la mejor de las hembras

la mejor madre.

la mejor esposa

la mejor hermana

y la más larga y gozosa de las noches.

 

 

 

Café Blanche

 

Creyendo que la mejor cura contra la melancolía

eran esas superficies radiantes y abiertas

fuiste hasta las memorables ruinas

y viste la estatua de basalto

que del cuerpo de Antonio hicieron.

Grecia era el testimonio, bajo esa copiosa

y virulenta luz, de cómo solo lo externo

tiene propia existencia.

Ética y belleza

eran una y lo mismo.

Tallar el cuerpo era

tallar también el alma.

Curar el odio a si mismo

era curar la soledad.

 

De vuelta a casa, liberado ya del pasado,

con aquellas camisas de colores chillones,

tus negros pantalones de tres prenses,

tus zapatos puntiagudos y habaneros,

el desnudo pecho mostrando la cadena

de oro macizo y los cinco medallones

entrabas al Blanche y pasabas las noches

bebiendo cubatas y quemando porros.

 

Todas y todos eran tuyos.

Te enamorabas, sin duda.

Amabas tanto los ritos de la carne,

su lenguaje y sus palabras

que incluso ahora, cuando escribes,

no sientes, tampoco, interés alguno

por el “acto final”.

 

 

 

Anotaciones

 

Dulce enemiga

que llevas al hombre

más allá de sí mismo.

 

Adoro tus perfecciones

y tus fulgores sobre mi cuerpo helado.

 

Recorres a zancadas

los cielos —nada apacibles—

y las estrellas incesantes

y las estrellas quietas.

 

Bella al alba y al crepúsculo

dueña de la vida

todo te magnifica.

 

Ante vosotros llego

soberanos de la gran ramera

con la vieja segadora de vidas.

 

Otorgadle,

como a los secuaces del gran negocio,

pasteles y agua y aire

y una casa solariega en Manhattan.

 

Retrocede, Sui,

viejo cocodrilo

no me acometas

vete

no cortarás mi juventud.

 

Mis versos

como cuchillo de pedernal,

mis versos

como muelas de joven caballo,

destruirán tus ojos y tu boca.

 

 

 

En honor de ti misma

 

Digamos que esta noche has sido feliz.

 

Porque esta única noche,

vuelves a ti como en los tiempos donde vestías

las mejores ropas de tu memoria,

la mísera,

la de tantos inviernos vueltos para siempre

en un país que no era el tuyo,

todo revuelto con recuerdos de cuerpos que no conociste,

ni supiste a qué sabían

después de las tres de la madrugada.

 

Que la poesía traiga, a esa otra que ahora escribe,

los mejores regalos que nunca tuvo.

 

Esta noche has deshecho los caminos errantes

que gastaste en pos de una música de papel y palabras.

 

Esta noche,

has encontrado la imagen del deterioro,

bajo el abrazo a un viejo volumen

en una lengua que a nadie importa.

 

Esta noche,

volverás a ver unos labios sedientos

y otros labios secos

y otro cuerpo  que vendrá para ti entre los rumores

de un mar que no era

ni hediondo ni triste

sino solo el mar de tus catorce años.

 

¿Importa, acaso, que mientras todo recuerda

y vuelve tú no estés ya?

 

Hoy es de pronto el amanecer de un día

cualquiera de tu vida

y las canciones de una mujer española

repiten que todo es rutina e indiferencia

mientras cantas en honor de ti misma.

 

Vano homenaje a tantas cosas

y casos del tiempo que viviste.

 

Memoria de tus hechos,

este poema,

dará testimonio de esta noche inolvidable,

donde fuiste feliz,

otra vez,

tú,

que cosa distinta no conociste del pasado

 

 

 

Buenos tiempos

 

En aquellos buenos tiempos tenía que visitarte de tarde,

cuando crecía la brisa,

y esperar que terminaras tu primera cita con aquel,

a quien no amabas.

 

Tenue recuerdo, tu casa, idéntica a todas,

con un patio de baldosín, cuadrados verdes y rojos,

unas macetas de geranios, las sillas de espaguetis,

las paredes cubiertas de cal amarilla

y el eterno marica

—trasnochado—

yendo de la Ceca a la Meca,

como un perro de matarife.

 

En aquellos buenos tiempos

pagarte era un placer enorme.

 

Poder comprar un poco de tu amor,

las múltiples caricias que cambiabas

por diez o veinte pesos,

verte mostrar las piernas y las nalgas

o recordarte

con los pantalones negros apretados a la carne,

y el pulóver rojo que cubría tus enormes tetas,

diosa, bella como ninguna otra, eterna hembra

que han soñado todos a través de los siglos.

 

Me parece verte, verte y volver a verte

con los labios rojos retumbando bajo el calor de las dos,

al pie de la puerta, muerta de risa y de ganas,

ganas, de algo que solo sabemos son ganas de vivir.

 

En aquellos buenos tiempos

era bueno abrirte las piernas

y lamerte hasta el cansancio

y fornicarte hasta la última gota y partir.

 

En aquellos tiempos,

cuando no eras la grande

y gorda puta de hoy a quien celebro,

memorable objeto hecho de música,

muñeca sin rencor,

juguete de todos los placeres,

bella y única.

 

En aquellos buenos tiempos

idos para siempre, ahora en marzo,

cuando solo el recuerdo

puede construir un pasado y una vida

muerta para siempre.

 

 

 

Proverbios

 

No hables.

 

Mira cómo las cosas a tu alrededor se pudren.

 

Confía sólo en los niños y los animales

y de los ancianos aprende el miedo de haber vivido demasiado.

 

A tus contemporáneos pregunta sólo cosas prácticas

y comparte con ellos tus fracasos, tus enfermedades,

tus angustias, pero nunca tus éxitos.

 

De tus hermanos ama el que está lejos

y teme al que vive cerca.

 

A tus padres nunca preguntes por su pasado

ni trates de aclarar con ellos tu niñez y juventud.

 

Con tu patrón no hables, escríbele y nunca le cuentes

tus planes futuros y miéntele respecto a tu pasado.

 

Ama a tu mujer hasta donde ella lo permita

y si llegas a tener hijos, piensa que,

como en los juegos de azar,

podrás ganar o perder.

 

El destino no existe.

 

Eres tú tu destino.

 

Y si llegas a la vejez

da gracias al cielo por haber vivido largo tiempo,

pero implora con resignación por tu pronta muerte.

 

Los que no tenemos dinero ni poder

valemos menos que un caballo,

un perro,

un pájaro o una luna llena.

 

Los que no tenemos dinero ni poder

siempre hemos callado para poder vivir largos años.

 

Los que no tenemos dinero ni poder

llegados a los cuarenta

debemos vivir en silencio

en absoluta soledad.

 

Así lo entendieron los antiguos,

así lo certifica el presente.

 

Quien no pudo cambiar su país

antes de cumplir la cuarta década,

está condenado a pagar su cobardía por el resto

de sus días.

 

Los héroes siempre murieron jóvenes.

No te cuentes, entre ellos,

y termina tus días

haciendo el cínico papel de un hombre sabio.

 

 

 

 

 

 

 


 

La presente edición electrónica

del libro El ultraje de los años,

de Harold Alvarado Tenorio, 

 fue colgada en la Red a los

dieciséis días  

del mes

de enero

del año

2004