Gabriel Impaglione 

 

 

Prensa callejera

 

 

 

 

 

 

No hay tal paraíso, compañero.

Se desvanecen los sueños cada tanto

y resulta que somos lo que somos:

hipócritas, hambrientos, inválidos

que vuelven de viejas trincheras

con una medalla bajo el brazo

en busca del Banco de Empeños.

La memoria, a veces, gota

de sangre caída en el crepúsculo.

 

 

Hombre que tira de carro.

 

1

 

El hambre a veces brilla reloj de oro,

se suma al coro de plata de las espaldas rotas

de sudor inútil,

brota vía láctea

desde infinito ignoto que se llama tristeza.

 

No hay cansancio más feroz que el de la espera

del pan.

El hombre se convierte en presa de sí mismo

y vuelca sobre sus brazos andanadas de colmillo.

 

Despojo trashumante cercado de carroñeros

artífices del luto de la tierra muerta.

 

 

2

 

Vi el cuerpo de espejo de un hombre asno

hundirse en el gentío de una estación de trenes.

No pisaba sobre pies descalzos

sino también sobre ruedas oxidadas

y brazos que llegaban más allá del límite

para abrazar una caja de lata machucada.

 

Viaje de ida con hijos en la carga.

Hombre asno sudando hambre

brilla en el hambre transpirado,

su cuerpo desnudo es una vara de agua.

 

Cierto resplandor agónico

de esperanza.

 

 

3.

 

En tren la terrible pasajera.

Late ingobernable su púa la miseria.

Casa habitada de residuo sin boleto.

 

Allí también cartones,

viejos diarios preocupados

de lo que pasa en otra parte.

Vidrio plástico metal retorcido,

milagro de la modernidad:

masa del pan finalmente un día.

 

El último cigarrillo corre de boca en boca

como el agua fresca

o la palabra almuerzo.

 

Y cada tanto

en el silencio roto por los parches del rumbo,

la palabra basta

que más que palabra

puño crispando lentamente

la impotencia.

 

 

4.

 

Yo no sé muchas cosas de la antropología,

pero será la nueva especie de la que se habla

en los círculos adscriptos al fin de la historia.

 

Raza nacida de explosión atómica

de vendaval de hipocresía

de gran epidemia de capitalismo.

 

Van y vienen por las calles vacías

a horas imprudentes

cargados de niños y de ayunos.

 

Monstruosos malolientes

con la risa amputada desgajados

ruinosos se apiñan en los trenes.

 

Tienen apéndices de dos o cuatro ruedas

y olfato para detectar el vidrio.

 

Un silbo a veces

abre camino

y detrás de su puñal

se cuelan en la ciudad dormida.

 

Pero si Usted viera, su Señoría!

Son tan educados!

 

Usted debiera verlos!

No hablan nunca con la boca llena.

 

Muerden el aire

porque en el aire se dice

un perfume de albahaca

viene tiñendo el día.

 

Ay que duele tanto la ternura

de las palabras dormidas!

 

 

Mensuario del Hombre Nada

 

Enero:

 

Salgo a juntar la limosna de la noche,

rodajas de luto en los umbrales,

breves uvas del rocío fugitivo.

A disputar con perros las orillas

de las horas quietas calle abajo.

Le doy un poema al cartonero,

al chicobicicleta de las doce,

al que le duele como a mí el frío,

la extensa oscuridad de cada día.

 

 

Febrero:

 

Salir a la intemperie

con el alma en cueros

y ojos ardidos de preguntas,

perseguir nada,

oficio mal pago

y maloliente.

Si palabras inútiles,

inútil uno,

ya no queda

siquiera aunque sea

en el residuo.

 

 

Marzo:

 

Qué parte de uno

se rompió qué día, a qué hora,

cómo dolió tanto entonces,

ay tanto

que todo ese dolor

fue un largo sueño extraviado.

 

 

Abril:

 

Hoy me vi al espejo.

No me sabía de cuerpo entero.

Tengo un brazo inútil

y otro brazo izquierdo que es mal visto.

Una oreja llena

de voces subversivas

y otra pierna gastada

de llevar cuesta arriba el deseo.

 

Ah, como sombra refulgente,

cierta aguda insistencia metálica

caliente  

áspera

                               en los desvelos.

 

 

Mayo:

 

Pensaba en la patria.

O sea en todo.

Vengo de su entraña

a su entraña voy,

y en el camino amo

su boca de amapola,

la fruta de zumo

desbordada.

Pero ella es una piedra,

hueco, no sé,

espalda.

Y qué hago ahora

con estas manos duras

y el cereal ausente

y las palabras!

 

 

Junio:

 

Será que ya no sirvo para algunas cosas,

que tanto desandar la hora me ha gastado.

Cómo es sentirse desalado

sin risa sin horario

siquiera para ayunar como es debido?

Le respondo a las preguntas

con un silencio extraviado.

 

 

Julio:

 

Será que empecinado

empuño tonterías?

Voy pasando de moda como un disco.

Ando lleno de palabras

que no importan.

 

 

Agosto:

 

Será la poesía

una forma de nada que sobra,

oficio triste

que resbala en vana superficie,

canto prisionero

de gota de sombra

en el viento.

 

 

Septiembre:

 

Algo nos iguala y también la muerte.

Cierta sustancia gris que bailotea

en las sombras de cada nosesabe.

Por eso uno se cansa

de girar en vano por la ciudad

tan ancha

que parece infinita.

Entre ayuno y mendrugo

una distancia inmensurable.

 

 

Octubre:

 

Se desvive así:

cada exhalación

roba un siglo de esperanza rota.

Un amigo llega con abrazo

y el vino se hace ancho

y soy pasado

a la deriva.

 

 

Noviembre:

 

Hombre sin trabajo

piensa apenas en desmorirse

lo suficiente

para volverse deseo la próxima hora.

No lo sabía.

 

 

Diciembre:

 

Ya no es herramienta rota

brazo partido boca deshecha

tristeza mordiendo el buendía.

Es no ver los hijos

tanto como el pan.

El credo del Hombre Nada

es intemperie

y látigo y latido fugaz

en los intersticios de la piedra

vencida.

Y la mágica paciencia

su galope encantado

venciéndolo todo

aunque no se sepa

aunque nunca llegue,

aunque no se entienda.

 

Aunque sea tarde.

 

 

Enero:

 

Volví a casa con la sed

a preguntar doce veces

por noticias de agua.

 

Los brazos de barro

serán diamante un día?

 

 

Cuánto vale el niño de la esquina del banco?

Vale los depósitos del Chase de esta mañana?

Vale la limosna que el domingo

dejaron los turistas entre una foto y otra?

Vale todo lo que hoy no vendió la Oil Company?

 

Vale las cuarenta cartucheras,

las treinta mil vainas servidas,

las cincuenta bayonetas traficadas?

 

Vale el diezmo, la coima, el descuento

especial por pago al contado?

Vale un diamante o un corcho quemado?

 

Cuanto vale ese niño señor Presidente?

Vale una vacante en Naciones Desunidas?

Vale la dura carta del Fondo?

Vale un bloqueo, una demanda, un puño

alzando su amenaza de cartón pintado?

 

Y si así fuera amenaza de misil llegando,

vale ese niño la dignidad de su guiso?

 

Cuánto vale ese niño de la camiseta

rasgada de potrero y miseria?

Vale un contrato por doce goles anuales?

Vale lo que un cartel televisado?

Vale un pago por desarraigo

o una jubilación de privilegio?

 

Cuánto vale ese niño de la esquina del banco?

Pronto, es urgente!

Que los carroñeros merodean

con una bolsa en la mano.

 

 

Desanimar el desánimo

deshilacharlo

que se desdibuje

grotescamente

y se destierre

y se deseternice

y su deshielo nos descubra

llenos de desimposibles.

 

 

Preguntas a Pablo Neruda

en el centenario de su nacimiento

 

   "Cuándo se dicta bajo tierra

    la designación de la rosa?"

                              Pablo Neruda, Libro de las Preguntas.

 

 

Enero es un pedazo de brasa extraviada

que inaugura el ciclo del agua?

 

Es verdad que los ingleses no saltan?

Los presidentes están exentos de subir a los colectivos?

 

Porqué a veces cuando duele el alma se ríe la poesía?

Cómo no hay empleo si sobra el trabajo?

 

Un obrero de la Ford

vale menos que un auto?

 

El albañil que levanta maravillas vive en una casa

sin revoques? Tiene ventana de mirar vecino?

 

Es que los barrenderos llevan la tierra del centro

de las ciudades para que reviva en las orillas?

 

Tiene esa mujer un hombre en su brazo

o una cartera?

 

Quién se anima a jurar que el Che ha muerto?

Y por cierto, querido Pablo, Miguel y Federico?

 

Doblan las campanas?

 

Vale más un hombre o la palabra?

O un hombre de palabra?

 

Se desgaja de risa el niño con su guiso

o es el guiso que suelta carcajadas de justicia?

 

Es que quien se va tenía patria

o la patria es virtud en vías de extinción?

 

Sabe la historia si alguna vez, el mundo,

respiró libre de imperios y traidores?

 

Es la luna el jazmín más próximo al abrazo?

 

Acabará en la cárcel también el silencio cómplice?

Es que hay muchos gatos o los pájaros no mueren?

 

Se desprendió un retazo constelado

o un niño trazó su mapa de la noche con un dedo?

 

Qué sucedería si en los hospitales

se dejase de administrar amor en generosas dosis?

 

Cuándo entenderá el hombre que la mujer lleva

la gota de zumo del mundo entre sus labios?

 

Regresa un navío?

 

Porqué los ministerios de Economía

son más importantes que los ministerios de Cultura?

 

Dónde se acaban las preguntas? Entonces callo,

o a veces las respuestas son un hueco inútil en la boca?

 

Porqué la poesía, Neftalí Reyes, compañero,

entre los escombros como una rosa indomable?

 

 

Hay que morirse de pájaros

de estallido de lirios y crepúsculo,

de risa y canto a manos llenas

y dejarle la gravedad de los bolsillos

a los recaudadores de impuestos,

cederle el paso a los urgentes

trujamanes del alboroto a sueldo.

Empecinarse en la esperanza

de brazos abiertos en la calle,

banquete de marcha ingobernable.

Hay que andar, que andando

se llega finalmente.

Los habitantes del rumbo

reparten la alegría como el agua.

Hay que desmorirse de posibles

hasta nacerse de nuevo, refundar

la tierra en nombre de los hijos.

Urge construir la verdadera,

la definitiva

casa de las fraternidades.

 

 

La presente edición electrónica de Prensa callejera,

de Gabriel Impaglione, ha sido

depositada en la Red a los

catorce días andados

 del mes de noviembre

del año 

dos mil 

cinco

.