Antonio Cruz Romero

 

Selección de poemas (1998 - 2016)

 

 

 

 

                    


 

 De Una habitación de hospital con vistas al mar (inédito)

 

NÁUFRAGOS

 

                                   y llega cada ola a acariciar
                                   esta costa, tan vieja, de poetas

                                   que la han cantado triste antes que yo

                                                                 J. MARGARIT

 

Aquí estuvo Javier Egea antes que yo,

bajo los mismos techos de humedad salina

y envuelto en el delicado

rumor de este antiguo oleaje.

Esas pueden ser las mismas jarcias

y los hierros oxidados; las redes rotas

de los pescadores que respiraban todavía.

 

(El movimiento del dedo índice...

parece sencillo, acabar la vida así.)

 

En la fonda resuenan ecos

                                         y voces moribundas

de nautas y poetas sin alma;

es como un cementerio en donde

esperan recuperarla, o al menos robar alguna.

 

(La dulcificante sonrisa de Noa

difumina los negros nubarrones

que se pierden tras las rocas de volcanes.)

 

Me pregunto a dónde han ido

a parar las cenizas de los muertos

que aquí han esparcido tan delicadamente:

en donde piso

se encuentra el preciso lugar de los naufragios.

 

 

NO ESTÁ/NO SOY

 

                                               Hace tiempo que presentía
                                              Este día luminoso y la casa vacía.

                                                                           A. AJMÁTOVA

 

Desde esta cama fría —poco acostumbrada

a mis huesos— se escuchan heridos los perros

abandonados con sus aullidos metálicos.

La lluvia es fina, pero siento cómo explota

contra las aceras. Quiere nevar. Y no se atreve.

 

Le debo a mi insomnio no diagnosticado

poder contar las campanadas, y percibir el sonido

de los coches chapoteando y las risas de su interior. 

Tres meses sin venir aquí se me antojan eternos,

nadie me reconoce; todos se han olvidado de mí:

¡soy un auténtico espectro que puede mover objetos!

 

Mi madre no está.

 

Vacía la casa, hueca de ecos que persisten;

los rincones huelen a madera ardiendo:

es una sobredosis amarga de Pasado

(droga letal que deprime el sistema nervioso

—y los médicos mienten culpando al alcohol—).

 

No está.

 

Abandono el libro para contemplar cómo se hinchan

los troncos: mañana serán insignificante ceniza blanca

ceniza blanca ceniza blanca ceniza blanca.

En el sótano, a las patatas abandonadas le han crecido

brotes rosas, de aspecto repugnante y demoníaco.

 

No está, mi madre; ni yo casi estoy,

 

y trato de dormir imaginando que el aullido del viento

es una susurrante voz familiar que ha venido del Pasado.

 

 

YA NADA VOLVERÁ

 

                                                          Every year is getting shorter;
                                                          never seem to find the time.

                                                                     PINK FLOYD, «Time»


Hoy he caminado como ayer, por las mismas calles polvorientas,

bajo el cielo aparentemente azul. Me he detenido en el mismo bar

a beber el mismo vino, tan rojo y amargo como el de ayer,

como el de hace un año; hoy he leído el mismo verso que escribí

en invierno, y el que imaginé hace días, y hasta he recitado

la misma oración de cada noche... ¡todo ha sucedido igual!,

he repetido lo mismo que los últimos meses y semanas, años,

pero nada volverá a ser igual, nada volverá a ser lo mismo,

ni el polvo de las calles ni el vino aparentemente rojo,

ni el cielo que jamás fue azul, y hasta el verso, ideado perfecto,

se me ha atragantado en las cuerdas vocales como un hueso astillado;

la oración nace abortada, sin atisbo de fe: ¡no!, ya nada volverá

a ser igual ni yo seré el mismo, así que no toquéis a mi puerta

ni vengáis a buscarme: no será el mismo el que os abra.

 

Ya no seré yo. No me busquéis nunca más: no me encontrareis.

 

 

SIN

 

Imaginar por un lapso disperso

cómo sería la vida

sin

ti

en este amanecer turbio salpicado de charcos sucios.

He estado pensando qué sería de todos nosotros,

cómo vivir el resto de días (que ni tan siquiera

nos pertenecen)                          

sin los tuyos;

¡y no existe nada                          

con los que vivirlos!

He reproducido en mi imaginación una casa fantasmal-

fría-

vacía

un domingo de mercado sin la lumbre encendida

las paredes gélidas

recordando entre ulcerosos lapsos

la madeja deshilachada del tiempo extirpado

que no resucitará ya: para constatar que eras tú

el espacio sobre el que discurría nuestro tiempo;

esta vida sin ti sólo sería resistir,

pero no hay espacio para resistencias sino tiempo

de suturar heridas.                                

Permanece aquí,

y deja que sea yo quien lama por siempre, tu cicatriz.

 

 

DEUDAS

 

                       y perdona nuestras deudas,
                       como también nosotros perdonamos a nuestros deudores, 
                      y no nos dejes caer en tentación,
                      mas líbranos del mal.

                       Mt. 6, 12-13    

                      Para F.  

Le han anudado al cuello un pañuelo oscuro.

Le han sellado los labios hasta quedar hinchados,

y los ojos pegados con pegamento;

por último la han revestido de tierra y maderas

mientras una veintena de buitres

han ido descendiendo en círculos

y la muerte y los carroñeros

han comenzado a cobrarse sus deudas.

Para qué preocuparse de la vida:

no saldrás vivo de ella.

 

 



De  Si alguna vez me pierdo
(inédito):


3 (nuevos) poemas de amor sobre Grecia

 

                        I

 

Ojalá que los dioses

de aquella Grecia moribunda

me resucitasen, preferiblemente

al atardecer y con los labios carnosos

del Mar Mediterráneo,

derramando su aliento en forma de brisa,

con sus senos y piernas abiertas; yo sediento.

 

                        II

 

Escucho el silencio que produce

el engranaje del Caballo de Troya,

arrumbado en la remota orilla del Egeo,

y el hierro de la lengua marchita.

 

                        III

 

Amo profundamente a Grecia

porque hiere con dolor,

y el amor no muere:

mata con saña.

 

 

La rueca de Penélope

 

Esta madrugada

de insomnio provocado, de calor enfermizo,

sin oxígeno en las calles ni voces,

sin la rueca de Penélope

(que no me espera desde hace noches).

Desde la ventana abierta, a oscuras,

la muerte acecha, pero no pasa nadie

por las calles abandonadas, no hay perros

ni gatos aullando muertes: sin brújulas; ni mapas.

Esta madrugada, gira y sólo gira, no el mundo

sino el ventilador que propaga fuegos,

sin sueño, ya ni tan siquiera los antiguos deseos.

 

 

ULISES. OTOÑO 2015 (AHORA QUE...)

 

Es tan escandalosa —o impronunciable— la verdad,

ahora que a Ítaca regresa el que en su hogar

fuese un héroe,

ahora que la memoria se hace la olvidada.

 

El agua ha sumergido todo:

la evidente derrota señalada por el dedo en la llaga,

el verso en paradero desconocido que en ocasiones

aparece y más tarde se esconde de nuevo.

 

Llega a casa, convirtiendo la victoria en derrota,

la constancia de una vida pasada abandonada

en los retratos colgados en las paredes, las cartas

aún perfumadas y un rostro que lo dice todo 

sin necesidad de palabras.

 

Ahora, que el lenguaje está mal doblado;

ahora, que el camino que unía también aleja;

ahora, en este trayecto de vida y vuelta,

ahora que el desánimo ha anegado el amor

y el fracaso es incuestionable: semihundido

el pecio del barco sobre la deriva del olvido.

 

                            

 


De Grecia: guía de viaje para antipoetas y soñadores
(Manual para un naufragio ya pasado)
(2016):


YA NO CELEBRAREMOS MÁS BANQUETES OPULENTOS

Los hijos malditos de Job (Take 2)

 

                                                           Los padres comieron el agraz,
                                                           y los dientes de los hijos
                                                           sufren la dentera.

                                                                                           Ez. 18, 2

 

Ya no celebraremos más banquetes opulentos

ni brindaremos con vino de parras centenarias,

transformadas ahora en odres horadados

y lágrimas negras de una tierra junto al mar.

 

La Hélade ha sufrido una segunda y definitiva derrota:

de nuevo sus ruinas milenarias derrumbadas;

en las universidades se desaprende lo que ya se sabe,

derogan las sentencias y pensamientos de Aristóteles

y Platón, la raíz oracular de los profetas, la oratoria

intachable de Dios, y las directrices de los maestros

de escuela; ya no visitan los cementerios ni a sus muertos,

las tumbas con hierba de los poètes maudits.

 

Impregnados del dolor primigenio, la misma estirpe

de partos doloridos y vástagos injertados desde la misma

esencia, somos todos los hijos malditos de Job.

 

¿Por qué desoímos a los clásicos?

¿Por qué no nos castigaron antes de llegar a esto?

 

El advenimiento del Desorden del nuevo Orden.

 

 

MUSEO DEL NO PRESENTE

 

Es extraño no ver perros en Atenas, sólo algunas

palomas desalmadas, gatos escuálidos, voraces

mosquitos que chupan la sangre cuando descansan

los mortales, y las chicharras violinistas cantando 

en do historias al dormir a los que creen estar vivos.

 

Bajo el cristal, las entrañas y la vida difunta de la

antigua ciudad que fue, sobre la que recorro ávido

las salas, adoptando la apariencia de las imponentes

esculturas, mutiladas; me entristezco al ver

el falso Partenón, expoliado por los ingleses.

 

Y mientras medito sobre los perros que no veo 

y evoco con rabia a los británicos, en una roca 

de monos resuenan ahora ecos de ficticios cañonazos.

 

Pocas historias han cambiado en estos siglos

mal andados: mosquitos, chicharras, saqueadores.

 

 

ACRÓPOLIS

 

 

Somos lo que no somos, 

y en alguna ocasión otros sí fueron.

 

Aparece luminoso, revestido

de amarfiladas y marmóreas piedras:

el sol ciega a los que traspasan sus

dominios en forma de derruidas columnas.

 

A cada paso desandas un siglo, rejuveneces

cien años, dejas lastres, cesas de hablar a los

que te rodean, y ya no sientes el calor abrasador;

sólo contemplas.

 

Poco a poco percibes que has dejado

de respirar, pero aun así, vives. Sientes que el cuerpo

abrasado por el sol ya no es carne, ni hueso: es ceniza.

 

¡Eso es eternidad!, te susurran al oído...

y sientes envidia.

 

Percibes la brisa acariciándote la negra barba,

lamiendo el rostro de los dioses que ahora escupen

sobre Grecia.

 

Somos lo que no somos, 

y en alguna ocasión otros sí fueron.

Avanzamos sedientos y sudorosos hasta la cola de salida,

sobre el légamo de la insultante inmortalidad.

 

 

HERIDA

 

Me asomo al abismo

de la herida, veo gusanos,

siento vértigos, náuseas,

cierro los ojos, despierto

y palpo una costra de polvo

que lavo con orina

y con barro tapo de nuevo, 

la herida en la que me abismo,

un gusano soy y contemplo

vértigos, el cierre de los ojos

pero no despierto, 

y el polvo es una costra,

y se orinan sobre mí

y definitivamente me vuelvo

al barro, al polvo, y aquí,

muero, sobre la llaga

que no deja de cerrarse.

Vuelvo al útero; renazco,

en el féretro.

 

 

ATHENS REVISITED (2013)

 

                        ¡No me vengáis con conclusiones!
                    La única conclusión es morir.

                                                            F. PESSOA

 

Decían: (al socaire de versos sublimes)

«Vendré a esta tierra

y beberé de ella y de sus vientos,

y si puedo la esquilmaré

sin compasión, pues sé

que no hallaré otra mejor;

siempre en mí a la ciudad llevaré».

¿Hay en ello más pasión?

 

Allá donde alzo la vista

sólo veo las ruinas de las vidas,

con las murallas en ellas confundidas,

caducado el porvenir que aún está

por venir, acotadas por una posteridad

que no será, que ya fue, un pasado

transcurrido en el futuro y un presente

que nunca ocurrió, viejas antes de nacer.

 

¡Y no me vengáis ahora

con vuestras conclusiones!,

no cantéis milongas que aquí

nadie entiende: otros ya hurtaron

el mañana y hasta lo pasado es incertidumbre.

Y les dicen ahora que nada quieren; ahora...

¡Y lo dicen! Es el eco de lo que callaban otrora.

 

 

MANUAL PARA UN NAUFRAGIO YA PASADO

 

Estaré demasiado triste para entenderlo.

Ya no hará falta seguir la guía de viaje

ni el manual para un naufragio ya pasado,

puesto que en un futuro no lejano 

he sido yo quien los ha redactado.

 

Allí enumeraré todas las patas de pulpo,

matarratos de un demente, las piedras

que le faltan a cada ruina, anunciaré 

las coordenadas en cuyos acantilados

se inyecta el rumor del mar y los graznidos

de las gaviotas, pero nadie, nadie me esperará

ya allí porque nunca nadie me ha esperado,

ni la muchacha del ultramarinos echará en falta

mis asépticas visitas a comprar racimos de uvas,

ni el pescador me echará de menos porque

no era yo sino un fantasma el que allí estuvo.

 

Ya no se acordará el mar de mi rostro 

y triste figura. Nadie entonces me llorará

cuando falte (ni cuando aquí también

lo haga), nadie enviará mis flores no preferidas

a parientes de tercer grado ni escribirán

esquelas en latín con caracteres griegos,

porque no era yo quien vagó por allí, sino

un espectro vestido de marinero, un espíritu

que soñó ser un dios, dios menor y circunstancial

o puede que un lánguido poeta del que algunos

afirman vieron beber ouzo hasta el amanecer

en las tabernas: no se acordarán ya de mí, no,

y yo estaré demasiado triste para entenderlo.

 

                            

 

                   


De
Hay una luz remota. Versos para Valente
(2015)


BEBER TU SED,

ansioso,

engullir famélico

tu lengua y despojos,

como mar que erosiona

el aliento de la

roca:

y el naufragio estrepitoso

del sueño.  

 

 

INVIERNO

 

Al acecho del frío,

la morada de sempiternas bóvedas

ya es una celda abandonada.

Los trazos rasgados de la pluma

sobre el cegador papel, luchan

contra el imponente silencio del invierno.

Casa espectral rezumando

insomnios oníricos,

resuenan las campanas de la Catedral,

y piando los marchitos gorriones sueñan

evocando nostalgias de tiempos no heridos.

 

 

YA INCLUSO EN LOS FRÍOS CONTORNOS

del primerizo otoño,

se repliega el ave

en soledad y melancolía:

deja crecer el anhelo de extinguirse

por siempre.

 

                           




        (Breve) Antología del epitafio maldito
(2015)

 

ARTHUR HARKER

Londres, 1701-Gravesend, Kent, 1749

 

El Támesis lo escupió

una noche de verano,

de igual forma

que en invierno lo engulló.

(St. George's Churchyard, Gravesend)

 

 

ADRIAAN CORNELISZ. HOOFT

Haarlem, 1724-Ouderkerk aan de Amstel, 1763

 

En estas bajas tierras

pudridoras de toda esencia,

exclamarán cuando falte a las

sucesivas citas: ¡aquí reposa,

un asiduo del Barrio Rosa!

(Schellingwoude, Ámsterdam)

 

 

TRUUS JANSEN

Noordwijk, 1699-Westeinde, 1770

 

Sé que me amortajarán y velarán

con superficial desconsuelo

quienes nunca cuidaron

de este cuerpo ahora yerto.

(Oude begraafplaats, Noordwijk)

 

 

 

De Poemas apócrifos. Los hijos malditos de Job. 1998-2013 (2013):


E. (quinta letra del abecedario)

 

Aquí reposo, entre estas

inmensas y afiladas,

frías y tortuosas,

blancas y oprimentes paredes,

postrado en un exiguo camastro,

arrastrado por folios y libros, lápices rotos,

y sumergido —o ahogado—

en el cuerpo sudoroso y caliente de

E.

 

LA CARNE, EL VERBO, LA PALABRA                                

 

Voy llenando de muertos una galería

en la que aún sobra demasiado espacio,

cadáveres que no me pertenecen,

un museo de cera sin visitas.

Nada, ni las palabras, ni tan siquiera

la Palabra los hará regresar a su anterior

estado, destejidos, descarnados,

sólo polvo... las miasmas de la

Muerte.

Si yo fuese Dios... no moriría nadie.

 

 

LEVES NUBES, COMO RAYAS DE UN GRUESO LÁPIZ

en el firmamento han trazado unos versos                

que contemplo desde un sucio sillón, roído,

rodeado y acotado por ropa y libros.

 

 

CARNE

 

Tú, que fuiste carne,

ahora huesos,

luego polvo;

más tarde formarás parte

de la tierra perpetua

e infinita del mundo.

Los gusanos devorarán tus chichas,

escupirán tu esencia:

ley de la (putrefacta) materia.

 

 

MADRID 655

 

Redujimos Madrid

a cuatro paredes mal encaladas,

a un viejo posadero que hablaba inglés

y baños compartidos en una polvorienta pensión:

English Spoken, Hostal Lucense, calle desconocida;

y sometimos Madrid a las cenizas del amor.

Ahora,

da comienzo esta, la lenta,

mi exasperante consumación. 

 

 

POEMA VITAL

 

Intento sintetizar

una vida entera

en varios momentos.

¡Y no puedo!

 

Sobrevivimos,

no por lo que ahora

somos,

sino anclados

sobre el légamo de lo que

alguna vez fuimos.



 

  

                      

Esta Selección de poemas
de Antonio Cruz Romero

  ha sido

depositada en la Red a los 

   nueve días andados 

del mes de marzo

del  año 

dos mil 

diecisiete

.