Agustín Delgado

 

Antología poética

 

 

 

Nueve rayas de tiza

Aurora boreal

Espíritu áspero

Discanto

Sansirolés

Mol

Zas

 

 

                    

De Nueve rayas de tiza (1966-1968)

 

 

 

NATURALEZA MUERTA

 

Sobre coágulos de mármol las hilachas rojizas

Cuando el azúcar se desprende y muere

Al  fondo de la taza de café de verano.

 

La cuchara de plata

El cigarrillo rubio

Yéndose lentamente

Azulada pavesa

Entre cenizas ralas y círculos de sopor

Yéndose.

 

Bajo la soledad de las maderas del salón milenario

En este reposo del mediodía

Ligeramente predispuesto a las palabras suaves

“Ángel azul

Festivales de amor plateada orla

De sueños”.

 

Dejó el líquido una red de espuma

En el borde de la taza disimulando aferrándose

El resbaladizo tiempo cristalino.

 

El ticket con el precio

El vaso de agua

Las cerillas

La mancha inmóvil calurosa empedernida

Muerta.

 

Me pegaría un tiro.

 

 

 NUEVE RAYAS DE TIZA

 

I         

 

Ahora, más que nunca

Se creían valiosos.

 

Orígenes y duelo

De toda una pasión, de verdadera prole

De asesinos, de manchas

En la pared, donde la lluvia

Consolidó el disparo

O vocerío entre las aguas. Polvo

De amor; de lo que ellos llamaban

Amor.

 

Se creyeron tan dignos,

Tan magnánimos jueces

De una historia aprendida en cartillas de escuela.

 

Fuera como si otros, alguien,

Desde arriba, de lejos, de las nubes

Hubiera hecho el papel de intermediario

Alzando

Tanta miseria,

Echándola a voleo sobre las cabezas.

 

Y cuando aquella historia

Definitivamente acaeciera

Otra resucitaría. Y serían ellos

Los que yéndose al muro de las lamentaciones

Volverían a hablar

De su origen y de sus emblemas

Sin que nadie les escuchara.

 

 

II

 

Se afanaría

Lo más posible en divertir.

Ni demasiado sentimiento

Ni tampoco palabras de dulzura en los labios.

 

Pasaría la tarde

Ensayándose solo, iría hasta tres veces

Frente al espejo, escucharía lentamente

Su voz

Alejándose, expatriada.

 

Mediada el alba, volvería a caer

Sobre la iridiscente lejanía

De la última tarde, paladeando

Categorías, usos

De aquellos que tenían en sus manos

Pocas palabras, demasiado oro.

 

E intentaría grabar

Como la cinta graba, como algo que viene

Envolviéndonos la piel.

 

Al fin, irremisiblemente

Extirparía entre las sábanas

Cuatro, cinco manchas de amor.

 

 

III

 

En el feroz acuerdo

A que llegaron. Donde dobla el día.

En las patas de oso

Que levantaron ellas hasta amarrarlos por detrás del cuello.

O en el cristal de las sábanas.

 

Hubo más tarde, como siempre, llamadas

De reloj, de teléfonos abiertos

Inútilmente ya, cuando ya sólo eran

Cenizas, o brasas, un hiriente latido

De carmín en los labios.

 

Esporádicamente

Da el viento en los visillos y se vuelve a marchar.

 

Porque no hay nada. Nadie

Obligará a ese gato de la esquina

A levantar los párpados

E iluminar de luz verde la pared

Que siempre fuera una página en blanco.

 

 

IV

 

Cuando el amor se meta debajo de estas paredes

Me olvidaré de los óleos

En que con una cuchilla el lienzo blanco fuera dividido

En tres partes, lejos de toda simbología marina.

 

Y volveré a un puerto cualquiera

A estrellar contra las ruinas de ese barco holandés

Tres botellas de whisky, pero ya digo, lejos

De cualquier balanceo específicamente literario.

 

En el color oscuro de las aguas de aceite

Arrojaré la última gota de mi vida

Y nunca una sonrisa, nunca la carcajada

Caerá en unos labios más tristes que los mios.

 

Pero ya digo, lejos. Para que nadie estorbe.

Para que nadie crea que es una frase más.

 

(Eras como las ruinas de ese barco holandés

Cuando soñé contigo esta noche pasada.)

 

 

V

 

Cuando en el siglo nueve

Un poeta en Calcidia

Escribió en las paredes de la cárcel

La palabra libertad

Recordé aquella mañana

En que estábamos solos, mirándonos, y el viento

Daba mucho más lejos

 

Allá donde las olas

En las suaves colinas de Síbaris.

 

Juré

Que ya nunca

Cuando una mano de hombre

Escribiera en las paredes la palabra libertad

Me sentiría solo

Y te miré a los ojos

Como si todavía fuera adolescente

Y juré

Que nadie perturbaría mi calma

A pesar de las olas

Y de estos momentos en que quisiera

Tenerte entre mis brazos por encima de todo.

 

 

VI

 

Y si tampoco

Esto fuera posible;

Y si

Como cuentan que sucede

Entre las clases nobles

Nos viéramos obligados a repetir

Esas fórmulas asquerosas de despedida

 

 

Y si tampoco

Te ha servido de nada

Escuchar en mis venas los preludios del viento

 

Que sepas al menos

Que por una vez

Conociste a un hombre

Que no entendía de póker

Ni de vida de sociedad.

 

Y si te dejan

 o si puedes creerme

O si los labios

Fueron hechos para algo más que para una venganza

Que sepas

Que seguiré leyendo aquella triste historia

Donde se narra

Que una vez, en un parque

Vio un jardinero huellas de lucha

Y las borró con el rastrillo

Creyendo que dos perros se habían extenuado

Allí de amor.

 

Porque hemos llegado

A un tiempo en que es mejor

Leer historias tristes

Que decir una sola palabra verdadera.

 

 

VII

 

Como esos solitarios

En los bancos de algún parque

Que se hunden y notan

Avanzar la punzada

Por el costado izquierdo.

Y cuando en medio

El estallido surge, cuando a lo lejos

Pasan las pancartas

Sucede

Como en esas películas

En que a los diez minutos, tiernamente,

Nos quedamos dormidos.

 

Y cuando por fin

Aquello que nadie ha visto

Que nadie querrá reconocer

(Pero que es inevitable como todas las cosas)

Cuando al fin aparezca

Esconderán la cabeza

Como esos solitarios

 

Y la punzada avanzará

Por el costado izquierdo.

 

 

VIII

 

En las paredes

Habían ido turnándose y ahora

-Oh democracia, oh viento

Que vienes de lejos-

Salían de las sombras de la noche

Y se quedaban mirándonos

Desde las paredes de la propaganda

Como si fuéramos suyos

Y escribían debajo

Que eran más inteligentes que nosotros

Más patriotas.

 

Solos ante el peligro

Recogíamos del suelo octavillas verdes

Y las íbamos dejando caer.

En las sombras de la noche

De vez en cuando se oía una carcajada.

 

Y cuando los cerebros

Escribieron en la pizarra

El resultado del escrutinio

Todos sabíamos

Que como ya lo dijo la escritura

Eran

Los mismos perros

Y los mismos collares.

 

 

IX

 

La novena raya de tiza

Se extendía furiosa

Entre los jeeps y los perros.

 

Como una cuchilla

Cortaba ataduras

A ras de tierra.

 

En las calles de la ciudad

Fueron apareciendo

Rostros jubilosos detrás de los cristales.

 

La novena raya de tiza

Escribió

Y eran tan claras las palabras

Que todos sabíamos

Que eras tú la que dictabas,

Libertad.

                       

 

                    

De Aurora boreal (1968-1969)

 

 

EN PRIVADO

 

Hace ya tiempo

Que no escribo poemas.

 

Antes me gustaba

Tener la cuartilla delante de los ojos

Y mirar el atardecer.

 

Ahora

Se me llena por las noches la cabeza de ruido

Un ruido raro

Y veo palabras infinidad libélulas

Desaparecen revoloteando hasta perderse

 

Y me pierdo yo

Y caigo sin respiración en el anfiteatro de la noche

 

Y despierto

Con los músculos agarrotados.

 

Cuando voy a gritar

Una mano blanquísima baja lentamente

Y me tapa la boca.

 

 

ESTRÍA

 

Si al fin ella dijera: ven.

Baja el aliento de las vigas

Y emerge luz del alba como cuarzo.

 

Si al fin ella dijera

El silencio monosílabo de la libertad

Se abrirían los cerezos

Esparcidos a través de la tela de niebla.

 

Madrugada de pantanos grises

Cuando por encima de todo

Sollocé

que al fin ella dijera: ven.

 

                            

 

                    

De Espíritu áspero (1970-1974)

 

 

I

 

Condenado a muerte crece el día.

Abre los anillos con temblor de vena.

De las alturas a la raíz de la tierra

Se desprende el arroyo infinito del canto.

 

Sobre los insectos distiende los óboes.

Sobre el alba derrama mercurio.

Hilos de arpa expatriados estallan.

Tanzas de viola se enrollan al cuello.

 

Hacia el cielo desnudo se levanta vaho.

Lleva en el aliento vicio de gérmenes.

Del eterno estallido caen las esferas

A punto para chocar, para chascar.

 

Los anillos del día se esparcen en el espacio.

Esperan posadas las argollas de la muerte.

El arroyo infinito del canto

Todo lo envuelve, lo deshace todo.

 

 

 

IV

 

A través de la tela metálica se desploman las paredes

Con dureza de picos y espanto de maderas.

A través del ojo que roza la tela metálica

Pasa una bala de calibre siete sesenta y dos.

 

Tendidos eléctricos cuelgan como tripas,

Como penacho de guitarras, como cuerdas de caballo,

Como sauces de exfoliado otoño,

Como hilo de agua desde los vientres rotos.

 

Débil hoja de hostia refulge en la acera

A través de la malla fláccida de lluvia.

Música de violín borra palidísima

Las manchas grandes, los rostros grandes.

 

Escombros de sangre a través de la tela metálica,

Mariposas verdes fuera, alrededor.

Metralla de ruinas devasta los sueños;

Áspid, lejanía, cielo remoto: mundo.

 

 

VII

 

La puerta se abre como una hembra:

Atraviesa las murallas de par en par.

Otoño resbala con ojeras de sangre

Sobre superficies de pared enemiga.

 

El roble de las maderas es cárcel de clavos:

Por entre las vetas hienden y sollozan.

Aletean en espiras hormigueros rojos.

Óxido de bisagras se descompone en lluvia.

 

La puerta se abre como una vaca:

Espumosamente mugen los goznes.

El cárdeno latido del crepúsculo

Ha acampado más allá del centinela.

 

Invisible pasa una mariposa de polvo

Alrededor de las sombras de la sangre.

Amortajada dentro del sepulcro

La espada infinita reposa y espera.

 

 

                        X

 

Suena vieja música de esparto

En las estancias negras, en el ojo gris.

Viejo polvo de muerte baja

Sobre los hombros a las piernas óseas.

 

Cera del candelabro se alza

En metralla de lenguas de sangre.

Surca el techo una punta de lava

Dilapidándose en dos, allá y acá.

 

Huele a corteza verdosa de brujas,

A humo de aceite esparcido en la bóveda.

Las tráqueas chirrían

Y se comban en curva de cáliz.

 

Suena viejo barro afuera de las puertas,

Viejas pisadas como engrudo de plomo.

Rompe la noche a desgajarse en fuego.

Rompe el mundo.

 

 

XII

 

 

Lluvia de acero taladra la noche de chapas.

Gotas de plasma resbalan el quirófano de cristal.

Olor a cadáver esponja los vastos pasillos.

Linternas sangradas velan bisturíes.

 

Batas de nieve enarbolan estrictas agujas,

Clavan en los muslos la fláccida calma.

Retinas dolientes imploran futuro.

Crepúsculos de fiebre enardecen las muñecas.

 

Entre sábanas verdes croar de bacterias,

Entre hiedra filosa los cuerpos derrochados.

Oleaje de arena debajo de los vientres.

Debajo de la piel vértebras de hastío.

 

Paraísos perdidos se pueblan de flores,

Se llenan  de caballos, de viento salvaje.

Paraísos perdidos se pierden para siempre.

Sombras de cipreses propagan las sombras.

 

 

LA PALABRA MÁS EXACTA

 

El rayo inclinado se posa en la palabra más exacta

Y de ella bebe y liba y evapora.

De espaldas a la luz de la ventana

Observo complaciente

La jerigonza lasciva de este rayo lenguaraz.

 

Caballo de buena boca

Secuestró de mi poema la palabra más exacta

Dejándolo desamparado

A la intemperie de los escalpelos.

 

Ven a mi lado, serena Gioconda

Y enséñame a leer en la diversidad.

Juntos veneremos al incansable Eros

Que con un solo beso de su rayo inclinado

Tanta luz regaló a mi poema

Despojándolo

De la belleza de la palabra más exacta.

 

 

ESE ES EL PUENTE

 

Ese es el puente.

Esa la ciudad.

 

Ahí a la izquierda

Reposa Heráclito.

 

En esotra ribera del fondo

Do el raso crepúsculo

Jimena

Acluecada en la rueda de sus damas ganchudas

Hace

Discretísimo pis.

 

Sin ir tan lejos:

He ahí dos efebos

Que al arrullo de la oscuridad

En el pasadizo bajo la fortaleza

Sollozan.

 

Reparte papeles, cidiana Talía,

Y ensayemos

El espectáculo de la ciudad desde el puente.

                            

 

                  

De Discanto (1975-1980)

 

 

 

CÓMO HA SUFRIDO la que se examina de música

Que el violín niño corría tras de los caballos.

Un arpa para ella de palmera grande

Y melodías de sus cajas de oro.

 

Dos noches la que se examina de música

Trenzando sombras de semicorcheas.

Si ánade el violín jubiloso

Sobrevuela torres del palacio errante.

 

Van a suspender a la que se examina de música

Y de morderse las uñas ya no tiene dedos.

Oh qué casualidad, es hoy cuando celebra

El violín niño cumpleaños de nieve.

 

 

BENDITA SEA la cabra que se subió al poste de la luz

Y se puso a beber el champán de las jícaras.

Qué ubre que cuelga de los cables del arpa,

Oh, qué quedona con el qué dirán.

 

Bendita sea la vista de la ciudad desde la loma:

Claraboyas azules, tocinillos de cielo.

Y el duende de la borla tararí que te ví

A la veleta goda, seca como un espárrago.

 

Benditas las hojas de periódico de colorines

En que salen señoritas mientras duermen la siesta.

Y que hojean los poetas en la felicidad del excusado

O para inspirarse cuando la lluvia moja los árboles.

 

Bendito ese bribón que toca la dulzaina

Con los ojos saltones y los labios habones.

Y las tortas de trigo que se mojan en el lechazo

Y que se besan en el horno de contar mentiras.

 

 

 

GALLO degollado

A la vera del albor.

Como la uña de la carne

El poema sin héroe.

 

 

NADA hay escrito en esta hoja pura,

Silencio su silencio de ala.

No más acaso si la hebra de sangre

Del palio de paloma que fue.

 

 

¡CISNE luzbel

El labiecillo desidioso aquel

Que rae, que roe, que ríe!

 

  

...LAUDES sean donadas

A quien concelebra de tal donosura:

Laúdes.

 

 

CRISTALES, copas que se bifurcan,

Orla de polen dilapidada.

Vasarély de aguas del canal,

Copas, cristales , leche dócil,

 

Manos venéreas, bosques blancos,

Vasarély de espadas del canal,

Cristales, copas que se bifurcan,

Arden, se evaporan, sonríen.

 

 

ALTAZOR

Estrena la llanura.

Ojos frescos de sombra

Larga lira del agua.

 

 

SEPIA de atardecer

La rúbrica del hidalgo melancólico.

Casi sollozo invade

Las estancias del caos.

 

 

PELO de ceniza

Tu ciudad raposa.

Con la luz degollada

Y metida en un saco.

 

 

PAÍS ácimo

De maestros de escuela

Con la nariz de frío colgando de la lámpara

Sí maravillosa.

 

 

CARCAJADA de pez, pérfido grajo

En arrebol de bóvedas raudales.

Carcajada de brea, contrabajo

De tazado cordal, traqueobrebaje.

 

 

LUNÁTICO septiembre:

Cinco albas de sangre

Deslavazó la hiena.

 

 

EL DÍA de ira

No quiere llegar.

Cadáver papáver

Abrir y cerrar.

 

Pompa generala

Terrece partir.

Cochero Caronte,

Bórrala de aquí.

 

 

SILENCIO de latido de agua

Torcaz.

A flor de la pradera

Cuello blanco el deseo.

 

 

ANIMAL del amor

Circunvala

La sima del aroma.

 

Halo de sangre:

No

En el pico del cuco.

 

 

DEL RASO de la escarcha

Blanda pavesa deslizándose

En la anfibia memoria de la tarde y el día

 

Así la estrella de tu diversidad,

Alba del labio,

Iris de reflejo de fuego.

 

 

POSTRIMERÍA

Para infanta de cutis de óvalo:

VAE VICTRIX

 

 

DIOSA de par en par,

De las estrías llueve sobre el frescor;

Ya copos,

Ya espesa aaece la calle:

 

Anélida pluma

La palabra de sangre de siete círculos

Que, quienquiera que seas, sibila,

Deberás morir

O descifrar.

 

 

POR EL OJO de lluvia

Vuelan dos faisanes.

Velo de viento

El sepulcro vacío.

 

Por el ojo de lluvia

Van acordeones.

Unísono vaso

Ocaso de yedra.

 

 

FUEGO de fuga

Por la corola de cirros

Se bifurca

Boreal de la salva,

Aves ya grises, ya mecidas.

 

 

OSCURIDAD del monte ese sol de tormenta.

Se asoma la alondra al brocal encantado.

Opácido ojo la anguila de plata.

 

 

AIRE terco en el hierro

Ventanal de presagio:

Plenilunia pupila.

 

 

LUNA quieta la noche de oro.

Cisne altazor

En el agua que es y no es.

 

 

LUNA que reluces

La noche toda alumbres

Cero de la oscuridad.

 

 

LA PARTITURA VACÍA

 

 

MEDIODÍA

De miel como de luz

Deslizándose entre la niebla.

 

Álamos

Hacen hogueras

Y corren corren

Con las bufandas de cascabel.

 

Caballo albo

Disuelve crin de oca en su silla de enea:

Es el gitano auriga

Que ríe desnudo por la oleada láctea.

 

Ejércitos acampan,

Cucharadas de sol.

 

 

DIFÍCIL se hace

A quien regala la memoria

Recordar.

 

Adolescentes ojos,

Cuán todo lo fijais en vuestro anhelo:

Párpados,

Albas dulces otrora.

 

Mera cigarra,

Tu pasión es grande y de una vez.

Batas de cola y olas de deseos

De tu élitro arrecian.

 

Y oh cuando a tu hechizo

El tiempo decídese a danzar,

Plantígrado esturión, corteza de la nada.

 

 

LA PALABRA es un jarro de fresas.

Muerdes y sale sangre.

 

La palabra es una cucharada de miel,

Tiene los párpados en flor.

 

La palabra es una pavesa de vaho

Con su vestido de lunares.

 

La palabra es de vino duro

De piedra de sol.

 

La palabra está en el cuarto

Y se desnuda toda y me posee.

 

Cae rendida

Y ya no se puede pronunciar.

 

                           

 

                    

De Sansirolés (1981-1991)

 

 

 

TRIESTE. Tristia. Scholia. Ludia. Erato.

Wirr warr.

Proyecto prelímine

Para un arqueología de campo

Traviesa.

 

 

III

 

UN ÍSIMO

D(i)os dísimos

Nov

Íssimi

 

(Au refrain)

 

 

IX

 

El que ríe,

Ríe.

 

El que ríe ríe,

Ríe dos veces.

 

Ríe y ríe y ríe:

Ni ríe ni deja reir.

 

 

X

 

Canta, ah cornamusa, el húmero voluble

De gargoladas formas, si Marraquesh donado.

 

Vasos blandos escogen en el espuma néctar.

Versos besos fallecen en el otoño rosas.

 

 

XI

 

Felicidad se llama la figura:

Un clavel escarlata y un  Cohíba.

Y el verso blanco que en el humo iba.

 

 

XII

 

Poeta solecísimo,

Te ofrezco dos manzanas.

A la tercera E  va la vencida.

 

 

XV

 

Poeta del silbido,

Ética es estética:

Atención al tren.

 

 

XVI

 

Verdad de ser

De la verdad de ser:

Séase.

 

Ecce, ecce rescoldo.

Claraboya, ay, ave.

 

 

XVIII

 

Aleluya la mano posmoderna

Que exangües maniquíes añil espacio rota.

Nostalgia de Van Gogh se deshora la tarde.

No hay más verso que arde.

 

 

XIX

 

La máquina del tiempo se enrosca la pelambre

Y rosicler desata eneidas por un tubo.

Es la era del cubo.

Qué más verso becar en milenio de estambre.

 

 

XXI

 

Tú, poeta leopardo,

A dos carrillos papas del embrollo.

Espejismo zegrí tu perifollo

En la zona viciada del leotardo.

 

 

XXIX

 

¿Por qué escribir cuando regalan tanto?

Fueran los labios tanta lira sorda,

El ojo marabú, la plata gata.

 

 

FLOR NUEVA DE SANSIROLÉS

 

I

 

No es el mar. Nadie se equivoca.

Tala oscuridad: llanto lleno de ojos.

Me reclino en sus sábanas

Intachables. Soy el traidor.

 

 

IV

 

Hace milenios

Me enseñaron a escribir.

 

Y hace una hora

Aprendí a borrar.

 

Proletarios del cénit,

Leve lid el fonema.

 

 

                     VI

 

Poema transferible de nivel medio alto

Acoda graderíos difumado de túnica.

La planicie cereal es carne de universo.

Venecia fue burlada: cachea jarchas godas.

 

 

 

X

 

Ya no está el Maestro.

Impostaba la voz con el guante de guata.

 

Los discípulos ya no están.

Mojaban un dedo en la dirección del viento.

 

 

            XVII

 

Poeta navicol, lázido neo,

Veinte años princés del Pirulí:

Loca va tu Victoria,

(h)olas tus alas de papel de plata

hasta jamás. Y besos a los sinos.

 

 

 XXIII

 

Tu casa ya es de nadie,

Mar.

 

Y porque naces de este sueño

Alta vela

Se despidió de la luna árabe.

 

Breve es la jornada

Entre océano y siesta.

 

 

XXXI

 

Ceniza de cigarro aristotélico

Aquieta la corteza de naranja

Balanceando el óvalo de la sobremesa.

 

Es difícil saber

 

Si el azar es a dúo:

Torres más altas.

 

 

XLI

 

Copo de nieve

A ras del río ácido, en el codo

Que Celan se ausentara.

 

Vocal oval

De su verso primero.

           

 

XLIX

 

Toda la Historia cabe en un vaso de agua.

Y todo el agua vuela en el ala de estío

De un gavilán soñado.

 

Esparaván de sol, tu lanzallamas verde

Ni de lejos otea

El silencio del rostro del mundo.

 

 

TRECE SEUDOSANSIROLÉS

 

 

IX

 

Sendos, oh, senos,

El poeta de zumo de naranja

Desde el huevo diamante de su verbo delgado.

Y aún le dura melifluo

Donde el labio aliviado

A su chorro a degüello

El placer ojeroso de mirarse plagiado

De poetas menores, micántabros, miastures.

 

Oh la belmaridada

Que deshora malhada

Si verso así transverso:

Rasgue las vestiduras y, selenos,

A dúo driblarán sendos , oh, senos.

 

 

XIII

 

Le llamaban Claraboya.

 

El suelo do nació

Está partido en dos:

Rioseco y Tapia.

 

De veinte años

Saliera de su Ser.

A los cuarenta

Cocía de mañana los hexámetros ácidos

De la ferralla de lunas de la pastora Eiffel.

 

Hoy, noviembre,

Ríe vaquero este sansirolé

Sobre el puente del Alma.

 

 

TREINTAITRÉS SANSIROLÉS GINFER´S  THE POWER

 

I

 

Costa exaedra: vertiginosamente

Descenit.

Yo vertical de la nada nihíla.

 

Celesta bóveda

Altivísimo camping de ataurique:

Cuerpos colgantes totemizan el sol.

 

Verdoso un son se senda dove lacustre

Ópalo.

Es el Ginfer que pasa.

 

 

                        IX

 

PostPoe metatrans etastro trasto:

Érase que se era.

 

Planto el pandero de la diosa blanca

Memorizar al bies:

 

“Cosí

Cosí muere Venezzia a la daga:

Cosí

Cosí empece al Ginfer presumir su pintado.”

 

 

 XII

 

Porrón. Pompón. Pan.

Fastos lutecios han.

 

Ella , Eiffel amapola

Entre las solas ola,

 

Ya cien años de sol.

Edad plorad. Pañol.

 

 

XXI

 

Vallejo

Luz y luz.

 

Me lo decía el abuelito:

“Floraleó por brecht y por nazim

Y acabárase chancho jölderlín

Del Parnás de Trobajo de Abajo.”

 

Blas

Siete llaves le echaron al sepulcro.

¡Helás!

 

 

 

XXVI

 

La llum, l´atzur, les nimfees: saló rosa.

La nit, el cel, el món: l´estíu.

Ah de S. Espríu.

 

The new new lorquïano, the plaxiar mexicano,

Y salón, el azul. ¿Y de luz el alud?

Va la noche mundial, va el Ginfer diagonal.

Troba una pedra, J. Miró. ¡Eh, traviatore!

 

 

XXVII

 

A novecientos premios por palabra

La llama de amor diva.

Nunca

Más vendaval venal fue más cetro del palio.

Digo de Juan de Yepes.

 

 

 

 

De Mol (1991-1996)

 

 

SANSIROLELEPÍPEPLOS

 

 

 

REVISTEN Y DESVISTEN COLGANTES EDIFICIOS

 

Revisten y desvisten colgantes edificios

Circunvalados por los coches ninfómanos:

A remojo los duermen temporadas largas.

 

Cuando se descapotan, niñas de los ojos,

Son fachadas de talco, similar a bebés,

Espacios de fluida intermediación.

 

Ponen a los edificios batas grises,

Los guardapolvos largos del convento menor.

Cirujanos de canes de las películas mudas.

 

Así están los palacios de la urbe, tocados,

Mientras ándanles dentro tanto por lo bajini,

Cabe altillos, y quizá por alféizares,

Izando la ilusión de la transparencia.

 

Debe ser signo externo de más prosperidad,

Cual sucede en familia que subida es a más:

Sillones opta Luises y consolas de sándalo

Y cúbrelos de sábanas, en situación de duelo.

 

Fábricas fantasiosas, cosos monumentales

Dibújanse en el rostro  la fachada intestina:

Kitch terrífico así que amilana los nervios

Del desmonte, avenida lo que haya lugar.

 

Desde el lluvioso taxi, ciclópea estotra lona

Más ática y famosa, plectro ya de las musas,

Muestra balcones pintos, chafarrinón miniado,

Tílburis del paseo, risas en flor de lis.

 

Y hasta tú, Beldenoche, en malla de platino,

Que fumarolo dando vueltas a la redonda

Óntica plaza ilíra, copar quieres el carro

Entrado en mar de agua de Cibeles insulsa.

 

¡Oh teoría del caos, otra de muchas formas,

Eufónica mímesis, de la diversidad!

 

 

BELLO ES ESTE DÍA QUE A SÍ MISMO SE HACE

 

Bello es este día que a sí mismo se hace

En efervescencia de nácar a la lluvia.

Remóntanlo becales por donde la hondonada,

Gaviota de quietud el cielo acantilado.

 

Dos espejos se miran desde las dos fronteras:

Hipótesis soberbia de resplendente playa.

Dos lenguas entonando tal si canción unánime

Que confunde los sueños, deshácelos en vilo.

 

Es más que el manotazo amarillo en el lienzo

Que le asesta Bacon, el hirsuto geómetra.

Irlandés esturión, la piedad del espacio

Fuera su otro secreto, la raja indescifrable.

 

Bella es esta luz que a sí misma se nace

Ahondándose en perla así Fuenterrabía.

Sirimiri sutil enternece los cuellos

Frío del grito: la reciente ráfaga.

 

 

CÁRMINA ÚNDECIM MORE SANSIROLESIO INTEMERATA

 

 

CIUDAD NUEVA MÁLAGA

  

Verano del altruista.

¡As de sábanas!

 

Onomasia morena

Sonríe de coral

En arco obsceno.

 

Barrio de Los Millones,

De ni una estrecheza

Nació en el descampado

Tu nuevayork marrón:

 

Chaflanes fililíes

Cinceláronlos

Fénices fenicios

A vuelanardo,

Al pie de estradivarse.

 

Corlear de fallebas

Copa hiela de zumo.

Ocaso enrojecido

Ríe de panza

Hacia la Vista Gorda.

 

Date al despilfarro

De la quietud,

Visitante.

 

Déjate, avizor,

En el borde.

 

 

EN FAVOR DE MANES

 

 

Ay de ti, prepoeta,

Que no te flaqueciste en hinchazar

Débil legado de revelaciones.

 

Esa así tu condena:

Esnifar sin ya tregua

Polen cáreo

De los idilios idos de agosto,

La tela de hedor

De las pecinas fáciles,

Celada agua de desolación.

 

Y oh a vos, solecísimo:

Gloria, aeda, in excelsis,

Seas.

Oh quien apacientas

El archivo de peonias

Lactantes.

Séase,

Ballena burócrata,

Que cultivas con esmero

El anillado de las giocondas.

Tus dias están hechos

De leche incólume.

Tu verdad se sienta

A la diestra de más beldad.

 

  

                      

 

                    

De Zas (1991-1996)

 

 

 

 

SANSIROLÉS EN RAMA

 

  

«Pues el fin de la Historia es llegado, la más alta tarea que en azar tan fútil le cabe al Espíritu no quisiera ser otra que apurar de un sorbo el espumajo de las escorreduras.»

 

 

El primer hombre

Que comparó a una mujer

Con una flor

Era un genio.

El segundo

Era un novísimo.

 

El tercer hombre

Descifró la batalla:

Los heridos se llamaban carabineros

Pues eran pobres.

Los hirientes se llamaban estudiantes

Pues eran delfines.

Reinaba, creo, Augusto.

 

Él , para más inri

No se escribía

Sino Pier y Páolo.

 

A saber

De qué lo flecharon.

 

 

 

Mariposas miedosas,

Pelvis plegables.

Somier a bríos

Pistilo de paz.

 

He ahí el mar

Pendiente de un hilo.

He el sol,

Mazacote de col.

 

Desvístete por la cabeza,

Malva falena.

Hasta el himen

Ahítate del dios.

 

 

 

Sería cursi

Citar el yin y el yang

A este propósito,

Mas cumple

Dejar constancia

De tal cruzado mágico:

 

Delicioso Magrelli,

Su poesía de usted

Delgado ha

Igual que mi apellido;

 

Zahúrda bersolari

Mi horda sin ardid

Fuese desliz del magrellar pronovias

Rollizas al pescante so somosiete hermanos.

 

 

 

Micer Buñuel, burlador de brumas,

A  media miel el bajel esfumas.

 

Corsario azor, dallador de ritos,

Revés del sol carajal en jitos.

 

Jayán doncel, tus bolonios somos,

Papillos ya de cerar iconos.

 

Hétero dios, tus constelaciones

Sírvannos sed:vals sin corazones.

 

Micer don Luis de contradicción,

Glabro alcotán. Hámster repelón.

 

 

 

Aquest paisatge

No me lo gale nadie.

¡Añil Velázquez!

 

Aquest don,

Aire,

Celo del ave.

¡No me lo vuele nadie!

Nin vos, alcaide.

 

 

 

Obsoleta dulleta

De doses búhos manumisa enamorada.

 

De carne momentánea

La minúscula uña se distiende.

 

Y alavancos al cáliz

Profonan al alzar

Medievalicia músiva.

  

 

 

HORRESCO REFERENS

 

 

¿De qué fe fuimos hechos, que aún no hemos humillado?

Nuestra iba pobreza, marallo de heno místico.

¿Qué estrategia batida luce la deyección?

 

Desparrame imitando atolón del océano

Cénit de lo tan bajo, pentecostal eructo.

Solecísimos faunos, capotad chirimías.

 

 

Enmudecieron mirlos.

 

La boca tengo seca

De dormir con despacio.

 

Miedo:

Menos di

Tu victoria.

 

 

El taconeo viene desde el pasillo al baño.

Pero el éxtasis soy yo, durmiente no tan bello:

Destete soy de amor.

 

Trota, trota, orbis tertius,

Camaleón lacado y espumante.

 

Los comensales altos sopa sorben de culo

En el espejo que los agudiza.

 

 

SANSIROLÉS DE LOS MADRILES

 

 

II

 

Perezón matinal, no te me desangeles.

Lambón garzón zapea, investiga tus radas.

Frunce labios muy grosos; sus fondos reservados

Mofeta tripartita se acicala facciosa.

 

¡Oh señor de la fe, hipócrita genético!

Historia que desfila en góticas mayúsculas

No quiere que te huyas sin becar asesinos.

¡Sucísima heroína tintinéate el cráneo!

 

Cangilones del Juicio copan nubes translúcidas.

Turno de la abyección el vil rota trasero:

Lambón garzón zurea, incrimina tu glande.

Perezón matinal, no te me desangeles.

 

 

IV

 

Limpia mañana que se escribe sola,

Mozalbo marzo como tan campante,

La acequia fria que escabulle el mirlo.

 

Tal de contraste el ir del cercanías

Do esposas progres tersamente leen

La prensa oblicua de la madrugada.

 

Hesperia toda fue croar de jueces,

¡Oh barriguillas de las juececillas1

Uña de angustia en el diafragma cero.

 

Y mar de escarcha el encinar del Pardo

Al sol naciente: maratón  de ciervos.

Tiempo frontal: felicidad dolosa.

 

 

V

 

¡Oh tele divinal, envés contraprogramas!

Su cráneo medioevo, su culera de túnel,

Ya viene el fugitivo del París de Doñalda.

Caravaggio lo trinca, perillán olifán.

 

¿Y tú, pópule meus, quién nutre de tu rumia,

tu quotidia panzada de reality show?

Estela de Madrid será ese sol de frío

Hirsuto y transparente, pues final de febrero.

 

Festival in crescendo de documentos falsos

Deniega melodías, aúlla gerifaltes.

Maletín de serpiente afronta los bambúes,

Sideral el augurio en las constelaciones.

 

Y la mañana más así nos escritura.

 

 

VII

 

Maloliente ciudad está Madrid,

Pocha de machos cabe marujones.

Rompeolas del Sol, puerta fetal

Do hasta la Osa esnifa y saca ubre.

 

Dos bocinazos dánse la Gran Vía

Espantando marchitos en enaguas.

Alguacilillo pone chirimbolo

En el trasilo del Kilimanjaro.

 

El mediodía va de rompe y rasga,

Estribaciones del panel higiénico.

Y no da abasto Isidro Maravillas:

Todo máquero dios españolea.

 

Malcrecida heredad, oh Magerit,

De aquellos polvo torcas vastos lodos.

En la espiral que sorbe tu declive

Con viento fresco bulo a la bartola.

 

 

IN CAUDA VENENUM

 

Tensa más que calima es la brea deshecha

Entre grijo en la caja así centelleante

De estrecha carretera de transición: linde

Del desnivel de dos castilladas venturas.

 

Tostándose en fulgor, nervales en cuclillas,

El que vencido vuelve del país de los pastos.

Embebido al embrujo del astro descollante

Que, tras nublo, dardéale rebeliones al cuello.

 

Dos venturas opuestas, gualda océana una,

Mies autóctona, alcarria alcazarreña;

Y chepas de granito esparcidas por prados el agosto marrones

La del contrecho lado, estribaciones de la Sierra Pobre.

 

“Filosos sois, mis versos sudorosos:

Iras irdiadas, medas melodías.

Pues ¿qué ha de dar rumboso la sequía

Sino secaño, como boca dura

Podrá mover a amor lengua lampaza?”

 

Vaharada enroscándose, calorina enzarzando

La cintura talluda, la ya todo inflexible,

Anhelo de agua loca la piel del retornado:

Zafarse de las garras del rescoldo de agosto.

 

Esófago de plomo de detrás de los picos,

Abierta con violencia cremallera celeste,

Descargue en una vez su moneda zoológica:

Chorros pardos del agua, zaínas rachas de viento.

 

Y enhiestos, sed suprema, esqueletos de encinas

Incendio divirtiera los tiznos dedos ardos.

Ensimismados palos abrazando a las hadas

Que de ellos se abren como ver la verdad.

 

Verdeando a lo hondo de lacia carretera

Zarzamoras son únicas que sonríen ahítas:

Cadencias de las cercas, berenices 

Sus dijes recitándose, y encarnados, y negros.

 

Oh sorpresa de lujo para el todo inocente

Que desnudo refrenda el cruel monte bajo:

Si memoria nudosa chapotea charcales,

Si oréasele el pecho de tomillo recísimo.

 

 

Y la espadaña lírica recórtase del cénit:

Barrancos de arcilla, cables, caos de tréboles.

Esfuma sol raudales en lesa carretera

De fases, águila lenta, de complejidad.

 

“Melisma, jíbaro en vena, níspero:

Ruinas mías de Itálica.

 

Tigre y picaza chirríanse en la copa,

Dispuesta forma fácil al chambelán de luz.

 

Fantasía es intacta, se vuelve agua, aljibe

De juguete. Otro bonsai.”

 

Mas no acaecerá que este hoy de calor

Femoral, que de más abajo viene,

Del sístole y solsticio del corazón arduo,

Del holocausto, no sucederá, no

 

Será chaparroneado de tempesta ninguna.

Ni, a fortiori, el viajero que recala del Norte

Obtendrá los favores de la relajación

De las, en su inocencia, vecinísimas nubes.

 

Dos ramos de arcoiris orlan el nidio cénit

Y haciendo ya a a sus anchas,  a cielo abierto ya

Acrecienta el ataque de lenguaradas rufas

Letal cuerpo de ejército: flamante sol.

 

 

“Acotado silencio de blandor la mirra

Enmela la agostada cintura del jardín

Sin agua expresa, sólo verde nata lechosa

El desflecado aljibe, henar de los vencejos.

 

De golondrinas gubias que se dan la lombriz

En el micomicón, enfrente, cable canso.

Pechugamen titán engulléndose prontas

Cacho de mazacote de crepúsculo.”

 

 

CODA

 

 

Impertérrito mes en la cruda mudanza,

Si sólo si postizo  silfo sietemesino.

Adiós, sansiros lardos. Rigor,  mis rigodones.

Fecha de la asunción: égloga cebe cobra.

 

                        

 

 

Esta Antología poética, de 

Agustín Delgado,  ha sido

depositada en la Red a los 

veinte días andados 

del mes de abril

del  año 

dos mil 

seis

.